¡Es el precio de los activos, estúpido! El Nobel premia el duelo entre Fama y Shiller

Si lo mira de forma negativa, Lars Peter Hansen (1952) hubiera deseado que, puestos a ganar el Nobel de Economía, hubiera sido mejor conseguirlo otro año.

Foto: Miembros de la Real Academia de las Ciencias Sueca anuncian los ganadores del Premio Nobel de Economía. (REUTERS)
Miembros de la Real Academia de las Ciencias Sueca anuncian los ganadores del Premio Nobel de Economía. (REUTERS)

Si lo mira de forma negativa, Lars Peter Hansen (1952) hubiera deseado que, puestos a ganar el Nobel de Economía, hubiera sido mejor conseguirlo otro año. Pero si prefiere enfocarlo con un espíritu positivo, concluirá que su galardón difícilmente caerá en el olvido gracias a los compañeros de premio. Porque compartirá el acto de entrega con dos de los eternos candidatos, dos académicos que llevaban años en las quinielas y que ahora, en 2013, lo han obtenido al mismo tiempo: Eugene Fama (1939) y Robert Shiller (1946). 

El de Economía es el menos Nobel de los Nobel. De hecho, es que ni siquiera es un Nobel en puridad, puesto que no figuraba en la lista de disciplinas cuyos méritos quería premiar Alfred Nobel y fue inventado en 1969. De ahí que su auténtico nombre sea algo tan rimbombante como Premio en Ciencias Económicas del Banco de Suecia en Memoria de Alfred Nobel. Pese a este matiz -nada menor-, lo cierto es que su relevancia está fuera de duda. Sobre todo, porque en la lista de premiados figuran nombres tan conocidos Paul Samuelson, Friedrich Hayek, Milton Friedman, James Tobin, Franco Modigliani, Robert Mundell, Jospeh Stiglitz o Paul Krugman, entre otros. 

Este carácter especial, distinto, que posee este galardón ha quedado reforzado por la Real Academia Sueca de las Ciencias en 2013. Porque, en efecto, Peter Hansen sumará su apellido a los de los Fama y Shiller, que no sólo llevaban mucho tiempo en los pronósticos, sino que sus postulados encajan fielmente con la vieja crítica que se formula a la Economía, como disciplina académica, en alusión a que es la única ciencia en la que dos personas que establecen lo contrario pueden tener razón... y ganar el Nobel.

Este año, dichos argumentos vuelven a cobrar peso, porque, de algún modo, Fama y Shiller han protagonizado un intenso duelo académico. Fama, a través de su Hipótesis de los Mercados Eficientes, sentó la bases para un auténtico estudio del comportamiento del precio de los activos. Como exponen los expertos de Sintetia, "esta teoría es quizás una de las peor interpretadas por el público general, que a menudo entiende que por “eficiente” quiere decir socialmente deseable o infalible". Y Fama no iba por ahí: él subrayaba la eficiencia de los mercados a la hora de incorporar de forma inmediata toda la información disponible en el precio de los activos; a partir de ahí, todo lo que le quedaba a los activos era comportarse de forma aleatoria o errante. En definitiva, nada -ni el análisis técnico ni el fundamental- puede predecir el precio de las acciones. 

Shiller, por el contrario, ha desarrollado su carrera en la dirección contraria. Otro premio Nobel, Paul Krugman, lo ha explicado claramente hoy en su blog, para subrayar precisamente el duelo intelectual entre ambos académicos: "Shiller hizo más que ningún otro para codificar los caminos en los que la hipótesis de los mercados eficientes falla en la práctica". A través de sus trabajos, primero se centró en demostrar que, aunque a corto plazo -como establecía Fama-, no se puede predecir el precio de las acciones, a largo plazo sí puede anticiparse a través de una relación entre los dividendos y las acciones. Posteriormente, ha recalcado que los mercados no son siempre eficientes; que existen las denominadas finanzas del comportamiento y los espíritus animales que, en ocasiones, provocan que los los activos no incorporen de forma eficiente la información a sus precios, dando lugar a desequilibrios, exuberancias irracionales y burbujas. E incluso en ese trabajo, Shiller ha dedicado tiempo y reflexiones a un campo que habitualmente se escapa al trabajo académico en la disciplina económica: la labor de los medios de comunicación a la hora de entender el comportamiento de la economía y los mercados

Y el ganador es... 'los dos' 

Pero la Academia no ha querido dar la razón a uno o a otro. Lo que ha pretendido con la elección de Fama y Shiller es, precisamente, premiar los esfuerzos académicos que se han dado en el último medio siglo para intentar conocer mejor cómo se comporta el precio de los activos; de las acciones, de los bonos y de las casas. Esto es, de los productos con tanta capacidad para atraer el dinero de los ahorradores que suelen ser los imanes en torno a los que proliferan burbujas y excesos, aderezados por la correspondiente expansión del crédito, como preludio del dolor que seguirá, irremediablemente, a su pinchazo, tal como subrayó John Kenneth Galbraith, otro eterno candidato el Nobel de Economía, aunque en su caso no lo ganó.

De algún modo, lo que se ha querido estimular con la concesión del premio al mismo tiempo a Shiller y Fama es que cualquier contribución que se produzca desde la investigación académica para conocer mejor el precio de los activos financieros, cuya relevancia resulta tan clave para el orden económico mundial, será bienvenida... y premiada con un Nobel de Economía. Y con cierto ánimo polémico, la Academia ha entendido que debía hacerlo ya, con los efectos de una crisis de marcado carácter financiero aún visibles.

Además, los galardones de 2013 refuerzan tres de las características más habituales del Nobel de Economía: la primera, el predominio masculino, porque únicamente una mujer, Elinor Ostrom, lo ha logrado; la segunda, el protagonismo estadounidense, porque los tres premiados tienen esta nacionalidad, para un total de 49 de 74 a lo largo de la historia; y la tercera, el dominio de la Universidad de Chicago, puesto que gracias a Fama y Hansen eleva ya a 28 los premiados en la categoría económica. 

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