PINAULT SUELTA LASTRE PARA APOSTAR POR EL LUJO

FNAC: el declive del hipermercado cultural

El estreno bursátil de FNAC en Francia es el símbolo de la decadencia de un modelo de negocio que hace treinta años revolucionó el mundo del comercio

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FNAC: el declive del hipermercado cultural
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    El estreno bursátil de FNAC en Francia es el símbolo de la decadencia de un modelo de negocio que hace treinta años revolucionó el mundo del comercio de productos culturales. Internet y los portales de venta online como Amazon han asestado un duro golpe a la cuenta de resultados de la multinacional. Es, además, la consecuencia del fracaso de los intentos de venta que ha mantenido su propietario, el multimillonario François-Henry Pinault, en los últimos cuatro años. La compañía ya no es rentable y su matriz PPR ha preferido soltar lastre para tomar impulso en el segmento del lujo y competir de tú a tú con LVMH (Moët Hennessy-Louis Vuitton), una industria en crecimiento.

    FNAC -de cuyo establecimiento en España se cumplen 20 años- ya había cotizado en bolsa, hace 33 años. Pero en aquel momento la tienda estaba en un momento dulce, de expansión. Fue en aquella época cuando la compañía gala, que siempre se ha movido por los principios de exigencia en los productos y fidelización del cliente, consiguió la venta en exclusiva durante varias semanas el recién nacido Walkman de Sony. Todo un hito. Fue cuando sus fundadores, Max Théret y André Essel, dejaron la compañía (en 1977 y 1983, respectivamente) que habían puesto en marcha en 1954 como central de compras para democratizar el acceso a radios y magnetófonos y hacerlos accesibles a la clase media que había surgido tras la guerra. 

    La internacionalización se intensificó a partir de la década de 1990 y el grupo, una de las 500 empresas europeas más importantes, desembarcó en España en 1993. En tres décadas el mercado ha dado un giro de 180 grados y ante las malas perspectivas FNAC se encuentra en medio de un plan de “estabilización” y recorte de gastos para mejorar sus resultados. En 2012 el margen neto de la compañía fue de 1.269 millones de euros.

    “FNAC fue la primera gran superficie de autoservicio de productos culturales”, destaca Vincent Chabault, profesor de sociología de la Universidad de Paris-Dercartes en declaraciones a Le Monde. Pero los nuevos soportes, como tabletas y libros electrónicos han ayudado al impulso de empresas como Amazon, que arrasa en este segmento. La transición del libro físico al digital tuvo especial fuerza en 2012. Aunque Amazon no ha ofrecido cifras de unidades vendidas, en el último ejercicio tuvo unos ingresos de 61.090 millones de dólares, un 27% más que en 2011. Este año mantiene el crecimiento de las ventas, un 22% hasta los 16.070 millones, aunque la compañía tiene unos márgenes muy estrechos y el beneficio neto fue de solo 82 millones de dólares.

    Un negocio sin atractivo para los inversores

    Pinault anunció su intención de vender Fnac en 2009, pero no ha encontrado comprador en estos cuatro años. El multimillonario galo, uno de los 100 hombres más ricos del mundo con una fortuna superior a los 15.000 millones y marido de la actriz Salma Hayek, se hizo con la compañía en 1994. La presidencia de  Pinault, que también mantuvo una relación con la modelo Linda Evangelista, provocó una década de conflictos laborales por el descontento de los empleados con las nuevas políticas salariales.  

    El imperio de Pinault abarca desde un equipo de fútbol (Stade Rennais) hasta una revista (Le Point), pasando por su participación en Le Monde. Pero, sobre todo, es uno de los magnates del lujo, Kering (nuevo nombre de PPR) es la dueña de las marcas Gucci,  Saint Laurente, Balenciaga o Alexander McQueen, entre otras. Y esa es su apuesta. Porque en febrero aseguró que este año se espera un crecimiento de entre el 7 y el 8% en el mercado del lujo.

    Los accionistas que han recibido un título de FNAC por cada ocho que tenían de PPR en este spin-off vieron caer sus acciones el primer día hasta los 19,10 euros. Kering –la junta de accionistas aprobó el jueves el cambio de nombre de PPR para esta nueva etapa- ha puesto en el mercado 15,7 millones de acciones, prácticamente el 95% del capital.

    “FNAC se enfrenta a un clima económico difícil, sobre todo en Francia y en el sur de Europa”, afirma el responsable financiero de la compañía, Matthieu Malige, en declaraciones a Bloomberg. Sin duda, los ingresos de FNAC han caído de forma constante desde 2008. Las cifras de Fnac de 2012 que su presidente, Alexandre Bompard, de 38 años, ha tenido que vender a los inversores en el road show de las últimas semanas no son atractivas: el volumen de negocio cayó un 2,5% anual hasta los 4.061 millones, el Ebitda se redujo un 3,3% hasta 134 millones y el beneficio se desplomó un 23% hasta los 79 millones

    La evolución en el primer trimestre tampoco es alentadora: las ventas totales del grupo han caído un 6,1% y en la península ibérica, un 9,5%. Bompard aseguró recientemente en declaraciones a la prensa: “Vamos a seguir aplicando medidas de recorte de costes con la misma intensidad que en los últimos ejercicios”.

    Con estos números, FNAC se estrenó el jueves a 22 euros y cayó un 13,64% hasta los 19. El viernes recuperó los 22,2, lo que significa que el mercado valora la compañía en 335 millones de euros, frente a los 400 que esperaban los analistas y a los que aspiraba su dueño. Artemis, el holding de inversión de la familia Pinault, se ha comprometido a mantener una participación del 38,8% durante al menos dos años en la empresa.

    El retroceso de los títulos de FNAC no sorprende a los inversores. Era lo normal ya que su vuelta al mercado después de tres décadas es la renuncia de Pinault. Su salida a bolsa no es el resultado de búsqueda de fondos para acometer nuevos proyectos, ni ganar autonomía respecto a la matriz para desarrollar sus operaciones. FNAC “ha sido arrojado, tras el fracaso de la estrategia empresarial de la última década”, tal y como sentencia Le Monde en un análisis publicado este viernes. Los expertos coinciden en que un spin-off de una filial tiene sentido cuando se utiliza para darle salida al valor de la empresa, no como último recurso de supervivencia de la compañía. Su regreso al parqué parisino coincide con el cierre de las 26 tiendas que su competidor Virgin Megastore tiene en Francia. 

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