EL NUMERO DE DESMORALIZADOS CRECE EN DOS VECES Y MEDIA

El ‘efecto desánimo’ arrasa: 521.000 parados abandonan la idea de buscar un empleo

Las cifras de paro son escalofriantes. Pero podían ser todavía peores. Un dato lo revela: según la Encuesta de Población Activa (EPA) del cuarto trimestre de 2012,

Foto: El ‘efecto desánimo’ arrasa: 521.000 parados abandonan la idea de buscar un empleo
El ‘efecto desánimo’ arrasa: 521.000 parados abandonan la idea de buscar un empleo

Las cifras de paro son escalofriantes. Pero podían ser todavía peores. Un dato lo revela: según la Encuesta de Población Activa (EPA) del cuarto trimestre de 2012, nada menos que 521.300 personas en edad de trabajar son inactivas. Es decir, ni tienen empleo ni están oficialmente paradas. Y lo son, aquí está lo relevante, porque creen que no van a poder encontrar un puesto de trabajo.

Dicho en otros términos, son los protagonistas del llamado ‘efecto desánimo’, que se produce cuando una persona en edad de trabajar abandona la idea de buscar empleo. No por una circunstancia personal (enfermedad, responsabilidades familiares o por razones de estudio), sino simple y llanamente porque considera que no tiene ninguna probabilidad de encontrarlo. 

Lo relevante en este caso no es sólo el número. También la progresión. Al comenzar la crisis, en 2007, el número de inactivos que no buscaban empleo porque creían que no lo iban a encontrar era de 198.300, pero cinco años más tarde ese número se ha multiplicado por dos veces y media.

La causa de esta progresión tiene que ver, lógicamente, con la duración de la crisis, que a medida que avanza favorece el efecto desánimo, fundamentalmente entre los parados de larga duración y, en particular, los de mayor edad. Según el Instituto Nacional de Estadística, nada menos que 187.100 personas con 55 o más años han dejado de buscar un empleo porque están convencidas de que no lo encontrarán.

Hay que tener en cuenta que la consideración de parado a la luz de la EPA no tiene que ver sólo son con carecer de un puesto de trabajo, sino que para adquirir esta condición a efectos estadísticos hay que buscar un empleo de forma activa. En concreto, sólo se es parado oficialmente si se han tomado “medidas concretas” para buscar un trabajo por cuenta ajena (asistir a cursos o acudir a entrevistas) o se han hecho gestiones para que el parado pueda establecerse por su cuenta durante el mes precedente. Y, en todo caso, estar disponible para trabajar en un plazo de dos semanas.

Esto hace que la Encuesta de Población Activa -la metodología es de la Unión Europea- sea extremadamente exigente a la hora de reconocer un desempleado. Según la EPA, otros 144.200 inactivos se encuentran en esa situación de evidente desmoralización, con edades comprendidas entre 45 y 54 años, cuyas probabilidades de encontrar un empleo en el actual contexto económico son escasas. Otros 78.000 jóvenes con menos de 29 años están atrapados por el efecto desánimo.

Paro de larga duración      

No hay que olvidar que los datos conocidos ayer muestran que 1,92 millones de trabajadores buscan un empleo desde hace más de dos años, y otros 1,35 millones lo hacen desde hace más de uno. En total, 3,27 millones de desempleados pueden considerarse de larga duración, más de la mitad de los que no tienen empleo.

Tampoco hay que olvidar que aunque haya muchos jóvenes en paro -la tasa de desempleo entre los mayores de 16 años y menores de 24 ha ascendido hasta un increíble 55%- la gran mayoría ha tenido un empleo anterior. De los casi seis millones de parados, tan ‘sólo’ 488.200 buscan su primer puesto de trabajo.

El perfil del parado español, de hecho, tiene mucho que ver con personas que han trabajado anteriormente y que han perdido su empleo a raíz del estallido de la crisis, que primero fue financiera, pero que posteriormente contaminó la economía real. De hecho, según la EPA, de los casi seis millones de desempleados, 2,25 millones son la persona de referencia en los hogares.

¿Qué significa esto? Pues normalmente que en los hogares deja de entrar mensualmente el salario más elevado, que habitualmente corresponde al ‘cabeza de familia’. No se trata, por lo tanto, de un sueldo complementario, sino que es el principal, lo cual tiene necesariamente importantes consecuencias económicas adversas.

Economía
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
14 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios