LINDE TENDRÁ QUE CESAR DENTRO DE TRES AÑOS CUANDO CUMPLA 70 AÑOS

Rajoy refuerza a De Guindos y se asegura un gobernador del PP hasta 2021

De Guindos, gana; Draghi, pierde. El economista Luis María Linde será el próximo gobernador del Banco de España con el apoyo explícito del ministro de Economía,

Foto: Rajoy refuerza a De Guindos y se asegura un gobernador del PP hasta 2021
Rajoy refuerza a De Guindos y se asegura un gobernador del PP hasta 2021

De Guindos, gana; Draghi, pierde. El economista Luis María Linde será el próximo gobernador del Banco de España con el apoyo explícito del ministro de Economía, que sale reforzado en la elección de uno de los puestos clave de la Administración. En la cuneta se queda José Manuel González-Páramo, respaldado por el BCE. En particular por su presidente, Mario Draghi, partidario de que el sucesor de Fernández Ordóñez fuera un interlocutor directo suyo.

No lo ha conseguido, y, en su lugar, Mariano Rajoy -que es quien nombra al gobernador- ha matado dos pájaros de un tiro. Por un lado, mantiene la autonomía del Banco de España respecto del BCE; mientras que, por otro, se asegura un gobernador cercano al Partido Popular hasta el año 2021.

Este largo camino por delante puede explicar que el PSOE haya entrado en la negociación de un subgobernador, en la persona de la exdirectora general del Tesoro Soledad Nuñez. Aunque formalmente el pacto no esta hecho, el retraso se debe más a razones formales que de fondo, ya que quien propone al número dos es el gobernador.

El nombramiento de González-Páramo se hubiera interpretado como una concesión al BCE y al área de influencia de Alemania, y eso ha podido influir para que Linde haya sido el elegido por el presidente del Gobierno, siempre muy celoso en su política de nombramientos.

Un celo que, en el caso del gobernador, ha llevado al extremo. Ayer mismo, y ante la Comisión de Economía, De Guindos dijo: “Nosotros [por los altos cargos de su departamento] nos hemos enterado en tiempo real”. Bueno, ironizó,  “el ministro un poco antes”. Lo cierto es que minutos antes de que el ministro desvelara el nombre -eran las seis de la tarde-, ningún diputado del PP conocía la identidad del nuevo gobernador. Ni tampoco el portavoz económico del grupo Socialista, Valeriano Gómez, que aseguraba en los pasillos del Congreso que no sabía nada.

El hecho de que el elegido sea Linde, en todo caso, plantea una curiosa circunstancia, tiene 67 años, y la ley de autonomía del Banco de España obliga al gobernador a abandonar el cargo con 70 años. Eso quiere decir que en 2015 tendrá que cesar, y dado que las elecciones generales no se celebrarán, presumiblemente,  hasta noviembre de ese año, eso significa que Rajoy podrá elegir al sucesor de Linde por un mandato improrrogable de seis años.

Linde es un profesional de larga trayectoria en el Banco de España de la máxima confianza de De Guindos, con quien coincidió durante la primera legislatura de Gobierno del PP. Eran los tiempos del Comité Monetario de la UE en los que se negociaba la creación del euro. Exactamente igual que antes le tocó gestionar las cuatro devaluaciones de la peseta durante los primeros años 90.

Linde es Técnico Comercial del Estado y experto en economía internacional. Primero como responsable de la oficina de balanza de pagos del Ministerio de Comercio, y, posteriormente, como responsable de la oficina comercial de España en Moscú.

Entra Caruana, sale Linde

Durante los gobiernos de UCD fue secretario general técnico del Ministerio de Economía y Comercio, y a partir de 1983, entró en el Banco de España como responsable de la Oficina de Operaciones Exteriores. A partir de 1987, desempeñó el cargo de director general de Internacional, puesto en el que estuvo hasta el año 2000. Justo cuando entró en el Banco de España Jaime Caruana, elegido por el PP. Otros directores generales, como José Luis Malo de Molina, elegido por Luis Ángel Rojo, continuaron en su puesto. Su salida se achaca a la llegada de Caruana, hombre de confianza de Rodrigo Rato.

El hecho de que Linde haya trabajado en puestos clave con altos funcionarios elegidos por el PSOE –Rubio o Rojo- se ha visto en algunos círculos como representativo de un cierto escoramiento hacia la izquierda. Pero en realidad se trata de un técnico con escaso perfil político, más allá de ocupar un puesto de relevancia política (aunque a un nivel muy técnico) en los primeros gobiernos de UCD. Es cierto, sin embargo, que en 1985 fue nombrado subdirector de Control de Comercio Exterior por el entonces  subsecretario de Economía, Enrique Martínez Robles, quien ha hecho toda su carrera política de la mano del PSOE (en Hacienda o la Sepi).  

El hecho de que no tenga un claro perfil político vinculado a un partido no significa, sin embargo, que sea ajeno a la cosa pública. Al contrario. En la febril universidad de los últimos 60, se implicó en la lucha contra la dictadura, siempre desde un ángulo discreto y con perfiles más intelectuales que de acción. No fue, desde luego, ningún Avinareta. Fue miembro del colectivo Juan Ruiz que escribía en el diario Madrid, y en el que también participaban Miguel Herrero de Miñón o el catedrático Andrés Amorós. Tras ese pseudónimo, se reivindicaba la creación de algo tan obvio como un Ministerio de Economía.

Y escribir es, de hecho, lo que más hecho, salvo desmenuzar la prolija y farragosa metodología de la balanza de pagos. Y de hecho, es autor de un libro titulado Don Pedro Girón, duque de Osuna, La hegemonía española en Europa a comienzos del siglo XVII. Girón fue gran amigo de Quevedo y en su día tuvo fama de conspirador.

Y muchas conspiraciones contra España -por parte de los mercados- es lo que tendrá que desmontar. En particular en todo lo relacionado con los flujos exteriores, su especialización económica. En cualquier caso, un asunto capital para España en estos momentos, en los que su endeudamiento exterior (cerca de un billón de euros) es una soga al cuello de la economía. Su perfil, en todo caso, es más el de un experto en economía  internacional que un especialista en sistemas bancarios.

Y eso es lo que opina sobre la crisis:

La crisis no podrá considerarse superada mientras no se vuelva a proporciones de deuda (del conjunto del sector privado, de las familias y del Estado) a PIB similares a las que existían antes de la explosión, y mientras no se recuperen los flujos normales de crédito, lo que no podrá ocurrir mientras los bancos no absorban sus pérdidas y no se recapitalicen; y eso podrá lograrse con estabilidad de precios sólo si los bancos centrales consiguen retirar del mercado la enorme cantidad de liquidez creada en 2008 y 2009, que está, además, en la base de la evolución alcista en las bolsas y de los mercados de materias primas en 2009. Incluso si todo va bien, llevará años y no será fácil porque, entre los dos riesgos a los que se enfrenta la política monetaria –el riesgo de retrasar la recuperación y el riesgo inflacionista–, es seguro que los políticos –y bastantes economistas– presionarán a favor del crecimiento a corto plazo, es decir, a favor de mantener tipos de interés reales muy bajos, negativos, si es posible, aunque sea a costa de más inflación

Las reformas regulatorias y de supervisión que están planteadas, y las nuevas iniciativas para mejorar la cooperación internacional que, con mayor o menor éxito, se llevarán a la práctica, no van a transformar el capitalismo intervenido en el que vivimos y cuyas dos características verdaderamente cruciales son el manejo (es decir, la creación) de la liquidez bancaria por los bancos centrales y el manejo del déficit público (es decir, la deuda pública) por los gobiernos.

La política de los bancos centrales creando dinero y prestándolo a coste casi cero para apuntalar los balances de las entidades financieras; el salvamento por los gobiernos de empresas industriales y financieras en bancarrota, poniendo en juego enormes sumas de fondos públicos, incluso en una situación fiscal muy degradada (déficit galopante e incremento muy rápido de la deuda pública en relación con el PIB); la doctrina, ya completamente asentada, acerca de los bancos cuyo gran tamaño genera, en caso de crisis, lo que se denomina «riesgo sistémico» (es decir, sus crisis pueden terminar afectando a todo el sistema financiero nacional e internacional), por lo que son «too big to fail», demasiado grandes para permitir su quiebra, teniendo que ser ayudados con fondos públicos a cualquier coste (ayudas directas y ayudas para garantizar los depósitos de los clientes): todo esto ha sido tan masivo y tan contundente que es difícil imaginar políticas aún más intervencionistas, salvo, naturalmente, si se abandona el marco, debilitado, pero todavía dominante, de la economía de mercado y se entra en algún nuevo (que sería muy viejo) territorio «socialista».

Revista de Libros, Los mercados, los gobiernos y sus fracasos. Luis María Linde. Enero 2010

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