ACAPARA PODER EN EL MINISTERIO DE INDUSTRIA DESDE MONCLOA

Álvaro Nadal tutela las reformas pendientes como ministro en la sombra

“Saben que algo tienen que hacer y que tienen que hacerlo pronto. Pero por ahora lo único que hacen es discutir entre ellos. Y es Álvaro

Foto: Álvaro Nadal tutela las reformas pendientes como ministro en la sombra
Álvaro Nadal tutela las reformas pendientes como ministro en la sombra

“Saben que algo tienen que hacer y que tienen que hacerlo pronto. Pero por ahora lo único que hacen es discutir entre ellos. Y es Álvaro Nadal quien desde Moncloa acapara mayor peso en las conversaciones”, aseguran fuentes próximas a Industria. Tras los ajustes fiscales, donde el jefe de la Oficina Económica trabajó a brazo partido con el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, el Ejecutivo tiene por delante tres grandes reales decretos. Uno para impulsar el mercado de trabajo. Otro para sanear el sistema financiero. Y un último genérico de reformas estructurales donde tendrá que afrontar el problema energético, con un déficit de tarifa que no para de crecer y el sector en ascuas por saber quién paga la reforma que se avecina.

Nadal fue uno de los primeros nombramientos de Mariano Rajoy. Le quería a su lado como director de la Oficina Económica. Un puesto clave para un Gobierno que no cuenta con una vicepresidencia ad hoc y en el que el propio presidente quiere tomar las decisiones clave para la economía. Doctorado en Harvard, técnico comercial y economista del Estado, hombre de Rato en el primer asalto popular… Nadie cuestiona su brillantez intelectual. Sí hay más dudas sobre su temperamento, no precisamente llano. Por ejemplo, él fue quien trató en primera persona con las eléctricas en los duros años de travesía hacia el poder. “Vais mucho a Moncloa y poco a Génova”, bromeaba.

Por su trabajo en la sombra durante los años de oposición, Nadal es depositario de buena parte del ideario que desde Génova se ha ido macerando antes de conquistar el poder. En buena lógica, como aseguran desde el entorno del economista, su función durante estos primeros meses es la de nutrir a los distintos ministerios con las líneas maestras (sobre todo en aspectos económicos) que deben llevar a cabo distintos ministerios, asumiendo como propios esos argumentos los responsables correspondientes de cada cartera. Además de habitar en Moncloa, este poder diferido que le ha otorgado Rajoy y también la vicepresidente Soraya Sáenz de Santamaría, de cuyo círculo de íntimos forma parte, le ha convertido en una especie de ministro en la sombra.

Esa ascendencia coincide con un ministro, José Manuel Soria, que no es experto en temas energéticos y un secretario de Estado, Fernando Martí, cuyo perfil dialogante ha pesado más que sus conocimientos técnicos del sector.“El puesto clave es el de director general. Es el que va a cortar el bacalao, pero están teniendo problemas para el nombramiento”, aseguran estas fuentes. El elegido es Carlos Gascó, también en su día asesor de Rato y actualmente en la Agencia Internacional de la Energía tras su paso por Iberdrola Renovables. Las empresas ven con buenos ojos su nombramiento y en general se elogia su capacidad. Sin embargo, las direcciones generales están reservadas a funcionarios y Gascó no lo es. “El Gobierno recela ante la posibilidad de acogerse a una excepción. Se busca plan B”, subrayan estas fuentes.

Como publicó El Confidencial, las eléctricas tiemblan ante la posibilidad de que se materialicen algunas de las ideas que Nadal ha puesto sobre la mesa durante sus meses/años de relación. El factótum de Moncloa les ha hablado sin ambages de aceptar una quita de los fondos que se les adeudan por el déficit de tarifa, la diferencia entre el coste real de producir electricidad y los ingresos regulados que perciben las empresas vía recibo de la luz. Ese desfase genera una deuda de los consumidores con las compañías, que estas asumen en su balance y el Estado reconoce. Los cobros pendientes alcanzan ya los 24.000 millones de euros, de los que ni siquiera han podido titulizarse la mitad.

Déficit por activos inmobiliarios

El director de la Oficinal Económica incluso ideó un mecanismo imaginativo para paliar el problema de la banca al tiempo que solucionaba el eléctrico. “Poner en marcha una quita no es nada fácil desde el punto de vista legal. Puede verse, sobre todo en un sector con cada vez más presencia extranjera, como una quiebra de la seguridad jurídica. Nadal llegó a plantear la posibilidad de destinar los fondos logrados por la titulización del déficit a sanear activos tóxicos de la banca. A cambio, las eléctricas recibirían activos inmobiliarios valorados por esa cuantía. La quita está en que el suelo no vale hoy lo que las entidades financieras dicen. Y siempre se podía convencer a las compañías de que, en el futuro, podían sacar más por esos terrenos”, aseguran estas fuentes. Todo un tour de force teórico elaborado, eso sí, desde la oposición.

Nadal sí ha dejado claro que la intención del PP era llevar a cabo una reforma integral del sistema y de la tarifa. Un aliento que debería tranquilizar a las renovables, que viven cada viernes con el miedo en el cuerpo ante la posibilidad de que el Ejecutivo acuerde cualquier tipo de moratoria para ahorrarse el pago de las primas. Sobre todo en el caso de los productores de energía termosolar. La medida, reclamada por las eléctricas convencionales, implicaría frenar la construcción de estas plantas con el argumento de que la tecnología es “económicamente ineficiente” y que, por lo tanto, puede cargar al sistema, como ocurrió con la burbuja fotovoltaica, con un coste anual de hasta 2.000 millones de euros.

El ministro Soria sí tiene claro el diagnóstico. “El mayor problema que tiene el sector energético en España es el déficit acumulado, que en los últimos ocho años ha sido de aproximadamente 24.000 millones de euros. Pero acaso sea más preocupante el ritmo de incremento de ese déficit anualmente, que están en el entorno de unos 3.000 a 5.000 millones”, aseguraba en una de sus primeras intervenciones. Lo afirmaba apenas días después de congelar la tarifa eléctrica para el primer trimestre del año, lo que amplía el agujero. Una incoherencia más en un sector recorrido por permanentes cambios legislativos, un brutal exceso de capacidad productiva del que nadie se responsabiliza y una tarifa eléctrica que ni el consumidor más avezado desentraña con facilidad.

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