Cataluña estudia alargar los bonos patrióticos para evitar un corralito
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TIENE VENCIMIENTO EN NOVIEMBRE POR MÁS DE 1.000 MILLONES

Cataluña estudia alargar los bonos patrióticos para evitar un corralito

Cataluña recibió ayer dos noticias. Una buena y otra mala. La primera fue que Banco Sabadell colocó con éxito una emisión de bonos simples de 300

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Cataluña estudia alargar los bonos patrióticos para evitar un corralito

Cataluña recibió ayer dos noticias. Una buena y otra mala. La primera fue que Banco Sabadell colocó con éxito una emisión de bonos simples de 300 millones con dos semanas de antelación pese a las pérdidas del 50% que acumulan sus clientes en la colocación anterior de bonos convertibles. La segunda fue la rebaja del rating de la Generalitat, que dificulta aún más la refinanciación de los bonos patrióticos que vencen en noviembre.

El Gobierno que en su día dirigía José Montilla colocó el octubre de 2010 cerca de 3.150 millones a través de unos bonos que se vendieron solo entre las principales entidades financieras catalanas. Pese a la elevada rentabilidad del momento, 4,75%, y la generosa comisión de colocación, 3%, el resto de bancos y cajas españolas se negaron a comercializar estos productos. Por eso, el exlíder del PSC catalán recurrió al seny catalán para tocar la fibra sensible de la ciudadanía.

Mientras los inversores institucionales daban la espalda a la Generalitat por las dudas sobre su solvencia, los particulares acudieron en masa a la emisión, que superó las expectativas. Se colocó casi el triple de lo previsto, especialmente gracias a La Caixa, que distribuyó la mitad de los bonos.

Sin embargo, ahora se acerca el vencimiento y en las oficinas de esas entidades catalanas se percibe el miedo de los clientes a saber si recuperarán el dinero –el mínimo era de 1.000 euros y el máximo de 2 millones- y la rentabilidad prometida. En círculos financieros se tienen muchas dudas sobre el futuro de ese ahorro. “Si el Santander ni el BBVA pueden financiarse en el mercado, ¿cómo lo va a hacer la Generalitat que tiene una deuda brutal y graves problemas para hacer frente a los gastos corrientes”, explica el responsable de un banco de inversión internacional.

Un temor que se basa en el hecho de que Cataluña lleva más de un año sin poder captar ni un euro entre los grandes inversores, los cuales no se fían de la salud de la Generalitat. Una situación que se ha agravado desde que a finales de mayo se cerró el mercado para cualquier papel comercial con el sello de España.

Las alternativas de Mas

Sin embargo, fuentes próximas a las entidades que vendieron esos bonos patrióticos aseguran que el equipo de Artur Mas ya trabaja en varias alternativas. Una de ellas es alargar un año el vencimiento de los citados bonos, cuyo principal pasaría a devolverse en noviembre de 2012. Otra es lanzar una nueva emisión similar que sustituya a la anterior, también de distribución exclusiva entre pequeños ahorradores ante la desidia mostrada por los institucionales. Sería entre el 5 y el 6% a tres años. No obstante, esa venta coincidiría en el tiempo con la OPV de Loterías del Estado, por unos 7.000 millones, en la que participan muy activamente La Caixa y Banco Sabadell.

El conseller de Economía, Andreu Mas-Colell, dijó a finales de agosto que no estaba “particularmente angustiado” por la proximidad del vencimiento, si bien aprovechó su aparición pública para pedir unos “hispabonos”, una reclamación similar a la que hay en el Viejo Continente sobre los “eurobonos” para alejar el fantasma de la quiebra de Grecia, Portugal, España e Italia. Fuentes de los bancos vendedores de los bonos patrióticos quieen tranquilizar a sus clientes al dar por hecho que habrá una solución para evitar un hipotetico "corralito".

La Generalitat tiene que pagar este año 2.100 millones de euros en intereses por lo que debe, el doble de lo que aflojó en 2010. En solo dos años, el encarecimiento es de casi el 130%. Para el president de la Generalitat, Artur Mas, dos son los “compromisos” ineludibles: pagar los intereses de la deuda y abonar cada mes las nóminas de sus 225.000 empleados. “Las consecuencias de no cumplir esto pueden ser dramáticas”, aseguró Mas ante un grupo de ingenieros meses atrás.

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