Pancracio, el chocolate gaditano que triunfa en el extranjero

Seguro que reconoce su particular tipografía y el lazo que adorna sus dulces productos que aparecen en publicaciones de lifestyle, gastronomía y en otras dedicadas al

Foto: Pancracio, el chocolate gaditano que triunfa en el extranjero
Pancracio, el chocolate gaditano que triunfa en el extranjero

Seguro que reconoce su particular tipografía y el lazo que adorna sus dulces productos que aparecen en publicaciones de lifestyle, gastronomía y en otras dedicadas al diseño como Wallpaper, la biblia de las tendencias. Compiten con grandes chocolateros como los belgas o los suizos, viniendo de un país, España, que no tiene tradición en esta materia. Y todo esto con gran mérito sobre todo cuando uno descubre que la empresa está formada por cinco personas, el doble en momentos de picos de trabajo como las Navidades. Hablamos de Pancracio, el fabricante de los exclusivos chocolates.

Pedro Álvarez es el alma máter de esta firma gaditana. También es economista, experto en marketing, diseñador gráfico y, como no podía ser de otra forma, adicto al chocolate. Tras haber trabajado en la pastelería Bruno Bakery de Nueva York, Pedro empezó a darle vueltas a la idea de fabricar este dulce. “Recuerdo que pasaba con la bicicleta delante de los almacenes Bergdorf Goodman y me decía a mi mismo, qué bien estaría venderlos aquí”.

Defiende Álvarez que como empresario y como persona hay que ponerse metas altas, soñar grande… A él le ha funcionado porque desde 2003, cuando produjo una pequeña muestra de chocolates y turrones para familiares y amigos, hasta ahora, no sólo ha conseguido colocar sus productos en los anteriores almacenes, sino en las mejores plazas del mundo: estuvo en la prestigiosa tienda Colette, de París, actualmente se puede encontrar en Selfridges, de Oxford Street, en Londres... Aparte de estos establecimientos, la marca comercializa a través de su página web y cuenta con una tienda física en Cádiz y varios corners en otras tantas de España.

“¿De dónde viene la marca? quería un nombre que fuese fácilmente recordable, que sonara algo retro, vintage, que resultase simpático”, cuenta el creador. Y así surgió Pancracio: lo de los originales envoltorios, casi objetos de colección, lo tuvo fácil gracias a sus conocimientos de marketing y branding. La firma cuenta actualmente con unas 80 referencias: bombones, turrones, chocolates de todo tipo… “Lo próximo que lanzaremos es una mermelada de frambuesa con pimienta rosa”, comenta en la entrevista durante la cual es difícil que no se haga la boca agua.

La empresa, que apuesta por la innovación en sus productos, comercializa también un vodka con sabor a chocolate que fue elegido producto del año por Wallpaper.

Pancracio ha ido creciendo poco a poco (Álvarez se resiste a dar la facturación pero confirma que ha aumentado de 2009 a 2010). Álvarez dice que podría haber crecido más deprisa en cifras, pero afirma que están haciendo marca, que todavía tienen mucho recorrido y que prefiere un crecimiento consolidado, sin acudir a créditos, basándose en financiación propia. Las exportaciones representan el 22% de su cifra de negocios.

¿Cómo puede competir una pequeña marca proveniente de un país sin tradición chocolatera con los más grandes del mundo? “Creo que nos ha ayudado el estar fuera de los circuitos tradicionales del chocolate, eso ha hecho que nos vean como exóticos. Pero no te creas, España cada vez más es percibida como potencia chocolatera, de hecho se considera a Cataluña como la Bélgica del sur de Europa”, explica.

El secreto del éxito de Pancracio se asienta en un producto original, con tintes de exclusividad, una materia prima de calidad y un packaging poco convencional. Álvarez, para quien comer chocolate con pan es una tradición a conservar (“te retrotrae a tu infancia”), confiesa tomar este dulce diariamente: “Todos los días y fiestas de guardar, al menos 362 días al año”, ríe. Lógico: hay que predicar con el ejemplo.

El consejo del emprendedor: “En general hay que tratar de transmitir emoción con lo que creas y además, no ponerse límites, soñar alto. No tengo por qué limitarme a los mercados locales porque estoy en Cádiz, hay que trazarse grandes metas, buscando la excelencia”.

Economía
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