EL ALCALDE DE LA LOCALIDAD RECUERDA QUE LA CENTRAL NO ES "CHERNÓBIL NI FUKUSHIMA"

Sebastián mantiene la licencia de Cofrentes mientras Merkel cierra siete centrales

Los tsunamis y los terremotos se han convertido de repente en la nueva amenaza de las centrales nucleares españolas. Pese a que resulta difícil imaginar que

Foto: Sebastián mantiene la licencia de Cofrentes mientras Merkel cierra siete centrales
Sebastián mantiene la licencia de Cofrentes mientras Merkel cierra siete centrales

Los tsunamis y los terremotos se han convertido de repente en la nueva amenaza de las centrales nucleares españolas. Pese a que resulta difícil imaginar que una ola gigante arrase Cofrentes (Valencia), la crisis de Fukushima ha obligado al Gobierno a ordenar una revisión de los sistemas de seguridad de todas las instalaciones. La primera en pasar los exámenes será precisamente Cofrentes, que recibió la licencia de Industria para seguir operando solo 24 horas antes del seísmo de Japón. El Ejecutivo mantiene así su apuesta por esta central, mientras Alemania cierra siete plantas nucleares, y el PSOE asegura que su proyecto es “ir prescindiendo en la medida de lo posible” de esta energía.

Miguel Sebastián anunció ayer que el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) someterá a todas las centrales a evaluaciones de riesgo sísmico y de inundación. Cofrentes, de 27 años de antigüedad, será la primera en ser estudiada, aunque seguirá funcionando con normalidad con la licencia obtenida del Ministerio el pasado día 10. El Gobierno descartó dar marcha atrás a esta medida, pese a la presión de los ecologistas y el impacto de la alarma nuclear procedente de Japón, amparándose en el dictamen favorable del CSN.

El alcalde de la localidad, Raúl Mateo Ángel, aseguró a El Confidencial que no comprende por qué todas las miradas se centran en su pueblo tras el desastre de Japón. Si bien es cierto que la central nuclear japonesa de Fukushima se asemeja mucho a la central valenciana, el alcalde cree que no se puede comparar las dos nucleares porque “no tienen el mismo reactor y la zona geológica es completamente distinta”. “Cofrentes no es Chernóbil ni Fukushima”, sentenció.

Mateo insistió en la seguridad del recinto, y negó categóricamente que se haya asociado ninguna enfermedad a la radiactividad que desprende la central en sus 27 años de vida. De hecho, el año pasado un estudio epidemiológico constató que “no hay ninguna relación directa entre determinadas enfermedades en la zona y las instalaciones nucleares”. Según Iberdrola, las mediciones de radiación no se han incrementado desde que se instaló la central en 1984.

El CSN aconsejó alargar la vida de Cofrentes

El alcalde recalcó que, aunque todo lo nuclear suene a amenaza, los fallos que ha tenido han sido de nivel cero. “La seguridad es máxima. Por eso, cualquier incidente que se detecta se estudia, para dar la mayor cobertura a los vecinos”. Las razones de Mateo se traducen también a euros. La central deja en la comarca 12 millones y emplea a 600 personas, el 25% del valle de Ayora. Los vecinos, apuntó su primer edil, están acostumbrados a convivir con la central, “que nos da riqueza y trabajo”, por lo que señaló que la alarma social en torno a su localidad proviene de fuera de la zona. “Aquí todos están muy tranquilos, porque conocen lo que hay”, concluyó.

La prórroga que Industria concedió a Cofrentes contó con el aval del CSN, que, no obstante, exigió algunas mejoras en los protocolos de seguridad, “gestión de accidentes, estudios deterministas de inundaciones, análisis probabilistas de seguridad, control de la configuración de la central y los paneles de parada remota”. Pero uno de los mayores problemas detectados  por el organismo de control no tiene que ver con la resistencia a terremotos o tsunamis, sino con el asalto de Greenpeace a las instalaciones.

Greenpeace tacha las pruebas de “tomadura de pelo”

Así, el informe para la renovación de la autorización de Cofrentes reclama “impulsar, junto con las administraciones públicas implicadas en la seguridad física de las instalaciones, un plan de acción para mejorar la capacidad de respuesta y de información preventiva ante actos de agresión, ataque o asalto a cualquier central nuclear española”. Es decir, que un ataque humano resultaría, a priori, un riesgo más elevado que una catástrofe natural.

Desde Greenpeace se tachó de “tomadura de pelo” los nuevos controles anunciados por Sebastián. Carlos Bravo, responsable de energía nuclear de esta organización, recordó que España “no tiene el riesgo sísmico de Japón”, por lo que reclamó que las pruebas se concentren en los sistemas de refrigeración de los reactores, que “pueden presentar problemas por otros motivos además del cortes de suministro eléctrico, como ha ocurrido en Fukushima”.

 Los ecologistas sostienen que haber alargado la vida de Cofrentes es “irresponsable” y ponen como ejemplo a la canciller alemana Angela Merkel, quien ha anunciado el cierre temporal de siete instalaciones nucleares. Además, recuerdan que la central ha sufrido 102 sucesos de seguridad y 25 paradas no programadas en los últimos 10 años.

Economía
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
24 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios