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El restaurante más pequeño del mundo es también un buen negocio
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El restaurante más pequeño del mundo es también un buen negocio

No necesitan decenas de servidores en todo el mundo, ni un equipo con los mejores programadores del país. Tan sólo les hacen falta cinco metros cuadrados y

Foto: El restaurante más pequeño del mundo es también un buen negocio
El restaurante más pequeño del mundo es también un buen negocio

No necesitan decenas de servidores en todo el mundo, ni un equipo con los mejores programadores del país. Tan sólo les hacen falta cinco metros cuadrados y un enchufe para sacar adelante un negocio de toda la vida, pero adaptado a las necesidades de hoy. Los típicos carritos de comida que inundan decenas de ciudades del mundo ya son una realidad en España.

El modelo de negocio fue importado por el empresario hostelero Agustín del Pino hace dos años después de analizar sus posibilidades en un viaje a Estados Unidos. Luego lo adaptó al gusto español y decidió por orientarlo a las empresas con más de 300 empleados en plantilla, ya que la normativa actual impide que este tipo de productos se vendan en la calle.

Vieron un nicho en el mercado gracias a la problemática que sufren muchas multinacionales al no disponer de servicios de restauración cerca de las oficinas. Así que diseñaron un servicio de mini-cafetería exclusiva para esa empresa donde sus empleados pueden encontrar desde bocadillos y sándwiches artesanales, hasta platos elaborados como ensaladas, ragout de ternera o albóndigas que se conservan en frío y que son calentados directamente con un microondas.

“Ofrecemos un servicio de comida sana, fresca y cómoda para las grandes compañías en tan sólo cinco metros cuadrados. Hemos diseñado una carta de productos adaptada a mundo de empresa con desayunos con café recién hecho y bollería del día y menús por 8 euros”, explica Manuel López Braña, director general de Gourmet On Wheels (GoW). El único instrumento de trabajo, el carrito, un complejo frigorífico diseñado y fabricado en España que aúna estética y posibilidades en unas dimensiones muy reducidas y a un coste relativamente bajo -25.000 euros-.

La captación de nuevos clientes se pone en marcha de una forma sencilla. GoW se pone en contacto con el departamento de recursos humanos de una gran empresa y le hace una propuesta de inclusión de un carrito en sus dependencias. Sus ideólogos aseguran que mejora sustancialmente la productividad y comodidad de los empleados: “Es un servicio que les facilita la vida. Ahora pueden tomarse un respiro o comer sin tener que desplazarse y así tener más tiempo para dedicarlo a su familia. El problema es que las prioridades de las empresas son muchas y a veces cuesta hacen que las gestiones se dilaten mucho”. Actualmente cuentan con carritos instalados en 25 grandes empresas y pretenden duplicar el número en 2011 con una inversión que superará los 600.000 euros. Sirven más de 150 comidas por punto de venta, lo que eleva a su cifra a las 3.000 diarias.

También en el Metro

Su modelo de negocio ha dado un salto importante en las últimas semanas. GoW ha ganado el concurso para instalar cinco carritos en cinco estaciones -Nuevos Ministerios, Moncloa, Príncipe Pío, Gregorio Marañón o Avenida de América- donde ofrecen otro tipo de productos. “Hablamos con Metro de Madrid, les lanzamos la idea y les pareció bien. Convocaron un concurso para la instalación de carritos y lo ganamos. Invertimos 175.000 euros y ahora estamos presentes en varias estaciones muy concurridas. Lanzamos el primer punto de venta a mitad de octubre y está funcionando muy bien. Hemos tenido que adaptar la carta a necesidades de los usuarios del Metro”.

Ahora se plantean la expansión por más empresas con sede en Madrid y esperan poder replicar modelo en otras provincias: “Hemos desarrollado un negocio innovador, con un modelo flexible. Nos ha costado mucho dinero desarrollarlo y como emprendedores lo realmente importante es que hemos llegado los primeros”.

No necesitan decenas de servidores en todo el mundo, ni un equipo con los mejores programadores del país. Tan sólo les hacen falta cinco metros cuadrados y un enchufe para sacar adelante un negocio de toda la vida, pero adaptado a las necesidades de hoy. Los típicos carritos de comida que inundan decenas de ciudades del mundo ya son una realidad en España.