Silencio en la Bolsa: adiós a 178 años de corros
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LA CONTRATACIÓN SERÁ COMPLETAMENTE ELECTRÓNICA DESDE HOY

Silencio en la Bolsa: adiós a 178 años de corros

La Bolsa española han perdido uno de sus elementos tradicionales: los corros. La imagen de un grupo de corredores de bolsa negociando frenéticamente y en voz

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Silencio en la Bolsa: adiós a 178 años de corros

La Bolsa española han perdido uno de sus elementos tradicionales: los corros. La imagen de un grupo de corredores de bolsa negociando frenéticamente y en voz alta, que ha sido parte esencial del mercado español desde que creara en 1831, era desde hace dos décadas un elemento del pasado abocado a su desaparición, parte del folclore bursátil y el nivel de negociación era residual. La Bolsa se ha quedado en silencio y la contratación será a partir de hoy viernes completamente electrónica, pero hace ya un tiempo que se hacía muy poco ruido en los parqué españoles.

 

En la madrileña plaza de la Lealtad se alza desde 1893 el Palacio de la Bolsa, un imponente edificio neoclásico cuyo interior ha ido perdiendo en los últimos años el característico bullicio que le imprimían los corros. Ayer, último día en el que funcionaron los corros, el ambiente era tranquilo y silencioso, dominado por el sonido apagado de los paneles de cotizaciones actualizándose constantemente y los murmullos de los pocos agentes y particulares que vienen hasta aquí normalmente y que reconocen que esto no tiene nada que ver con cómo era hace unos años.

A las diez en punto sonó la campana, que indica el comienzo del primer corro, pero como explican los habituales, lo normal es que no se empiecen hasta más tarde, porque depende de los valores que se vayan a negociar. Y es cierto, durante los primeros minutos el corro central, el número cinco, estuvo vacío. Hace unos años funcionaban los cinco corros y había hasta 1.500 personas que venían a negociar. En los últimos meses apenas se acercaban una docena cada día.

El corro no se empiezó a animar hasta que no dieron las once, aunque según dicen los corredores que forman parte de él, esto no es lo que era, “antes sí que gritábamos”. Comentan que “a viva voz es más humano, te ves las caras”. Y a pesar de que visto desde fuera pudiera parecer que es imposible que se entendieran y que hubiera transparencia, que las cuentas quedaran claras, todos afirman que “funcionaba”.

“Alguna vez había que terminar con esto”, explica Eduardo Ferrán, jefe de Supervisión de Mercado, porque “representaba un gasto, como nos decían las corredurías, mandar a una persona durante dos horas para hacer muy poquito”. Pero “antes era espectacular”, recuerda, “como la salida de Airtel o los corros para negociar Telefónica o Repsol, que a lo mejor reunían a cien personas. El bullicio era impresionante”. Ferrán dice que “es una pena, pero, bueno, hay que modernizarse”.

El 20 de octubre de 1831 un grupo de comerciantes se reunió en una iglesia de la Puerta del Sol, en Madrid, y con la primera campanada del reloj de la Casa de Correos dieron por iniciada la actividad de la Bolsa, que pasó por varias sedes antes de que la reina María Cristina inaugurase el Palacio de la Bolsa. El corro de agentes que se formaba alrededor de la barandilla circular del parqué madrileño, en cuyo centro hay una mesa en la que se iban anotando las operaciones, es ya historia. La realidad ahora es virtual.

El declive de los corros comenzó en 1989, cuando se introdujo el Sistema de Interconexión Bursátil Español (SIBE), que centraliza de forma electrónica todas las órdenes de compra y venta de acciones. Hasta entonces todos los títulos en nuestro país se negociaban en corros, lo que le dio a la Bolsa, sobre todo en la década de 1980, cuando se popularizó la inversión en renta variable, un ambiente muy animado.

“Lo han ido desmontando poco a poco”, comentan. Y todos los corredores coinciden, antes el ambiente era impresionante y pasar del sitio donde se negociaban las eléctricas a donde estaban las cementeras era prácticamente imposible de lo lleno que esta el parqué. Ayer el corro parecía un grupo de amigos que se ha juntado a recordar los viejos tiempos, algunos con sonrisas, otros con cierta pena. Ferrán dice: “antes eran grandes jugadores de mus, que compraban barato y vendían más caro”. Muchos llevan cuarenta o cincuenta años aquí negociando cada día. José María Castañeda es una de las personas que lleva en los corros unas cinco décadas y muchos le consideran una institución, aunque él niega con la cabeza que lo sea. Castañeda cree que “esto habría que revitalizarlo en vez de estrecharlo, hay que mantener algunas instituciones”.

Actualmente, la negociación en corros representa una parte residual de la contratación respecto al volumen que se realiza en el mercado continuo a través del SIBE. En concreto, según BME, es inferior al 1% del efectivo del total. La llegada de las nuevas tecnologías ocasionó que el sistema de viva voz quedase obsoleto y en un segundo plano, a pesar de que en la mayoría de los bancos y cajas de ahorros se podían comprar acciones de corros.

Según Bolsas y Mercados Españoles (BME) el objetivo de que se traspasen los valores de renta variable que cotizaban en los corros de viva voz a un nuevo corro electrónico es “potenciar su liquidez, aumentar su transparencia y mejorar su accesibilidad”. Las sociedades rectoras de las bolsas de Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia acordaron este traspaso para modernizar un sistema por el que se contrataban los títulos de tan sólo cuarenta y dos empresas.

En el nuevo corro electrónico, se contratará desde las 8:30 hasta las 16 horas de lunes a viernes en la modalidad fixing, lo que implica que habrá fijación de precios en dos momentos de la sesión (a las doce del mediodía y a las cuatro de la tarde).  Y la supervisión y liquidación de los valores que coticen en cada una de las bolsas dentro del corro electrónico se realizará de la misma forma y por los mismos organismos que los ejecutan actualmente.

En los últimos minutos de funcionamiento de los corros, los que han participado en ellos se reunieron bajo el reloj del Palacio de la Bolsa y se hicieron la foto de familia. Eran catorce, sólo había tres mujeres. Terminaron con un aplauso y el sonido de la campaña.

“Es una pena, era algo genuino”, dice Félix Sarralde, uno de los integrantes del último corro de la bolsa madrileña. Y ahora, ¿qué? A partir de hoy seguirán trabajando, aseguran, pero de otra forma. Como recuerda don José María, “señora, mañana la bolsa seguirá funcionando”.

 

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