Carlos Alcaraz, una apisonadora de cinco en cinco en Indian Wells: "¡Que viene el puma!"
El español muestra gran sintonía con Samu López, su entrenador principal, y avanza imparable en EEUU con su quinta semifinal consecutiva en tierras californianas
Hace tiempo que el nivel sobre cualquier pista de Carlos Alcaraz sostiene las comparaciones más odiosas. El tenista murciano, si está entonado, roza la perfección; si tiene un mal día, desactiva a sus rivales. Es muy difícil ganar al número uno. A unos les da por reír, como a Casper Ruud, al que se le escapó alguna carcajada que otra cuando Alcaraz regaló highlights más propios de un año de competición que de un solo encuentro. Otros caen en la frustración, la que reflejó el rostro de Cameron Norrie en los cuartos de final, asfixiado por el español como si fuera una boa constrictor.
Son cinco semifinales consecutivas en Indian Wells. El pasado año, cayó en la ronda de semifinales contra Draper. Fue un golpe y así lo reconoció. Este año, será Medvedev quien se ponga en frente. Un especialista de pista que, cuando no sufre de cortocircuitos, exhibe talento de tenista de élite. El ruso eliminó precisamente a Draper en cuartos, con el que mantuvo una pequeña tensión que quedó en nada (al inglés no le gustó que pidiera revisión de un hindrance; Medvedev reconoció que no se sentía bien al respecto). Alcaraz medirá el regreso del actual número 11 del mundo.
California nos permite ver las dinámicas del equipo de Alcaraz. Tras la salida de Juan Carlos Ferrero de cara a la presente temporada, Samu López dio un paso al frente, así como Álvaro, el hermano de Carlos. En los momentos de mayor tensión para el número uno, este se refugia en los suyos. Así sucedió contra Norrie, rival siempre difícil para Alcaraz, que ya le ganó el pasado año. El británico, tenista tan talentoso como laxo con los límites, amordazó por momentos al murciano. Samu le pidió cabeza ("trabaja un poco el punto antes de subir a la red"), paciencia... ¡Y que soltase al Puma!
"¡Que viene el Puma! ¡Va!", se escuchó al entrenador de Alcaraz. La sonrisa del tenista lo decía todo y, efectivamente, desencadenó su mejor versión. La madurez del español es una evidencia. También la mejoría de su tenis. El talento era algo que mostraba desde que dio sus primeros pasos en el circuito ATP, con dejadas inverosímiles y una derecha demoledora. Poco a poco, su arsenal va creciendo. Es más estable al servicio y juega mucho más con globos de revés después de peloteos largos.
Si se cumple el favoritismo, Indian Wells aspira a tener una final entre los dos mejores tenistas del mundo. Alcaraz viene en volandas, Sinner entre dudas. Los récords de precocidad se acumulan a su espalda. Es tarea de su equipo cuidarle en el camino y lo están haciendo. Así lo advirtió recientemente Djokovic, que le ve capacitado para ser historia del tenis: "Necesita mantener su cuerpo en forma y sano. Si lo logra, es tan bueno que puede ganar cualquier torneo en el que participe".
Hace tiempo que el nivel sobre cualquier pista de Carlos Alcaraz sostiene las comparaciones más odiosas. El tenista murciano, si está entonado, roza la perfección; si tiene un mal día, desactiva a sus rivales. Es muy difícil ganar al número uno. A unos les da por reír, como a Casper Ruud, al que se le escapó alguna carcajada que otra cuando Alcaraz regaló highlights más propios de un año de competición que de un solo encuentro. Otros caen en la frustración, la que reflejó el rostro de Cameron Norrie en los cuartos de final, asfixiado por el español como si fuera una boa constrictor.