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Roberto Carretero: "Carlos Alcaraz es amateur en la fiesta comparado con nosotros"
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ENTREVISTA AL EXTENISTA

Roberto Carretero: "Carlos Alcaraz es amateur en la fiesta comparado con nosotros"

Fue campeón de Roland Garros júnior y del Masters 1.000 de Hamburgo, pero una lesión en el hombro lastró su carrera y lo forzó a una retirada prematura cuando tenía 25 años

Foto: Carretero dejó el tenis de manera prematura. (Magazzini Salani)
Carretero dejó el tenis de manera prematura. (Magazzini Salani)
EC EXCLUSIVO

La Nochebuena de 1988 fue el prólogo de una lesión crónica en el hombro que aún sigue presente para Roberto Carretero (Madrid, 1975). Pasó por quirófanos e incluso visitó a un curandero, pero aquello no encontró remedio y lastró su carrera hasta que se produjo su retirada prematura cuando tenía solo 25 años. Esa es la historia que cuenta en El tenis desde dentro (Magazzini Salani, 2025).

El dolor no remitió, pero Carretero mostró durante años su resiliencia y luchó contra gigantes y molinos. Se proclamó campeón de Roland Garros júnior en 1993 e incluso ganó el Masters 1.000 de Hamburgo en 1996, a pesar de competir desde la fase previa y no estar siquiera entre los 100 mejores del ranking.

Las lesiones, sin embargo, no afectaron al carácter jovial y extrovertido de Carretero. Nos cita en un centro comercial madrileño y llega procedente del gimnasio con una mochila y con su inseparable tupé. Le ofrecemos un café, pero declina la invitación, aunque da las gracias, igual que cuando acaba la entrevista.

La vida le dio reveses, pero él se mantuvo a flote. Podría haber sido un juguete roto y ahí sigue, contento desde que abandonó el tenis. Como él dice, se acabaron los sueños y también los problemas. Y empezó a ser feliz. Ahora comenta el tenis en Movistar Plus y vive sin máscara: se muestra igual en la tele y en la calle.

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PREGUNTA. Usted comenta que tenía habilidades sociales cuestionables, pero en la tele lo vemos con mucha naturalidad y espontaneidad.

RESPUESTA. Todo se trabaja. Desde que era un chaval, siempre me ha costado hablar; no salgo a un escenario por voluntad. Cuando hablo en una conferencia, tengo nervios por dentro, pero hacia fuera no se nota tanto. Luego me veo y pienso que he estado muy nervioso, pero ha quedado bien. Es algo que va por dentro.

P. ¿Sigue teniendo aún ese gusanillo?

R. Sí. A ver, no lo tengo cuando retransmito, pero es distinto cuando hay cámaras delante porque tienes una responsabilidad. Hablas de lo que te gusta y de lo que sabes, pero yo siempre he sido introspectivo en ese aspecto. Uno de los requisitos que puse para empezar a trabajar en la tele era ver si me sentía a gusto. Como en otras cosas de la vida, el hecho de ser un superviviente o de ser un valiente pues, me ha hecho escribir un libro.

P. ¿Le benefició o le perjudicó esa valentía en el tenis?

R. Me benefició, sin lugar a dudas. Ser valiente te beneficia en todo, pero tienes que saber controlarlo. Yo sigo yendo desbocado muchas veces y cuando era joven, mucho más.

P. Usted tuvo un lío con un árbitro cuando era júnior y fue descalificado.

R. Sí, en Miami, la primera vez que crucé el charco.

P. ¿Le ha jugado malas pasadas el carácter?

R. Sí, sí, por supuesto que sí. Pero lo que he conseguido también me lo ha dado ese carácter: ser valiente y no tener miedo. Depende del momento en el que estés, eso te puede jugar en contra. Con todo lo que he sufrido y pasado, muchas veces se me volvía en contra porque me ponía muy nervioso, me rendía… Ese carácter me sirvió para ganar una final de Masters 1.000 la primera vez que llegué. O para las finales que alcancé, bien fueran de Challenger o cuando era júnior. Sin embargo, cuando la situación no era positiva, esa aceptación, tranquilidad y trabajo mental no lo traía de serie.

P. ¿Se trabajaba de alguna manera la parte mental en aquella época?

R. No mucho, pero había psicólogos.

P. Pero usted era escéptico.

R. Sí, lo era y sigo siéndolo. A todo le busco la historia, pero no porque no crea en ello.

P. ¿Cree que no tienen utilidad ahora?

R. Sí tiene ahora. Y antes. Pero yo tenía que ver si realmente era bueno, al menos para mí. Siempre ponía muchos peros a muchas cosas y ese era un problema; lo era porque te cuesta dejarte ayudar.

P. Para la gente mediática, ¿es difícil creer a gente que no integra su entorno?

R. La vida te hace estar en un círculo más cerrado. Cuantas más cosas consigues o más importante te vuelves, tu entorno se cierra más, porque no eres una persona al uso. No hablo de mí, ¿eh? Lo digo porque es una pregunta genérica la que me has hecho. La gente se encierra con su círculo, sale menos, hace las cosas en casa… Pero creo que el ser humano es así. A veces no cuesta incluso en el propio círculo porque nos defrauda la gente cercana. Esto no es nuevo.

placeholder Carretero empezó a ser feliz tras dejar el tenis. (Magazzini Salani)
Carretero empezó a ser feliz tras dejar el tenis. (Magazzini Salani)

P. ¿Cómo identifican las personas célebres a aquellos que se acercan por interés?

R. Esto es algo que a mí siempre me ha producido malestar: ver que la gente se acerca por cierto interés. Al final, si alguien me quería sacar algo, me lo iba a sacar, pero al menos quería sentirme bien. Igual había gente que no me quería sacar nada, pero me daba la sensación de que venían buscando algo. Cuando empiezas a tener éxito, estas cosas vienen de todos lados y hay que saber gestionarlo porque las emociones y la cabeza se pueden ir.

P. Si no he entendido mal, usted se retiró con casi 26 años por problemas de salud mental.

R. No.

P. ¿Cuál fue la causa de la retirada?

R. Yo no sabía que tenía un problema de salud mental; lo sé a día de hoy. Pero no me retiro por eso, sino por las lesiones.

P. Pero eso le afectó.

R. Sí, las lesiones me estaban afectando a nivel personal y decidí cambiar de libro. No intenté pasar de página e intentarlo otra vez, dije que se acabó. Puedes pensar que el tenis era lo que más deseaba, pero me dejó de gustar.

P. ¿Cuándo se percató de que tenía un problema de salud mental?

R. Cuando empecé a estar mal. Yo tuve muchas operaciones, muchos problemas, muchas recaídas en el ránking… Me ubicaba cerca de los 100 primeros, pero volvía hacia abajo porque aparecían de nuevo molestias en el hombro. Todo esto me fue fundiendo y yo, que soy de mecha corta, a la tercera dije basta. Ya no quería jugar al tenis, no me gustaba y, además, tenía la sensación de que no iba a poder. Desde los 13 años tuve problemas en el hombro y no encontré nada que lo solucionase.

P. ¿Por qué no hubo solución a ese problema?

R. No lo sé, pero no voy a culpar a los médicos ni tampoco voy a culparme. Es un conjunto de muchas cosas que al final llevan a eso. Eso sí, puedo entonar el mea culpa porque tengo derecho a decírmelo a mí mismo. Pero otros no tienen derecho a decirlo de mí, ni viceversa.

P. ¿Cuál es el estado actual de su hombro?

R. Igual.

P. ¿Aún tiene la misma molestia?

R. Sí. Si salgo con el perro y le tiro la pelota fuerte tres veces, me duele; si saco fuerte jugando al tenis, igual.

P. ¿No encontró ninguna manera para sacar sin poner en riesgo la articulación?

R. Eso no lo supe ver, no me lo planteó nadie. Nunca buscamos jugar de otra manera, por ahí no buscamos la solución.

P. ¿Se lo llegó a plantear en algún momento?

R. No, no. Buscábamos la solución para que dejase de doler y jugar como uno sabe. La otra solución era jugar con la izquierda, pero uno no se lo plantea.

placeholder El hombro lastró la carrera de Carretera. (Magazzini Salani)
El hombro lastró la carrera de Carretera. (Magazzini Salani)

P. Usted visitó el quirófano y también a un curandero de Benidorm. ¿Cómo fue aquello?

R. Estábamos desesperados y alguien nos dijo que podía darnos una solución. Nos hablaron de un curandero que te ponía la mano encima, le dabas la voluntad y te curaba. No era una enfermedad grave, pero en términos deportivos era muy grave. Busqué soluciones, porque no me convencía la opción de jugar de otra manera. Tampoco el tenis te da mucha tregua.

P. No hay espacio entre torneos.

P. Claro. Un boxeador tiene un combate cada seis meses y, si hubiera tenido ese tiempo, pues igual me hubiera planteado hacerme zurdo. En el tenis, en cambio, vas con el gancho al cuello. Cuando te dicen de cambiar algo, no te atreves. Los tenistas somos muy conservadores, tenemos mucho miedo a cualquier cambio.

P. La edad de retirada también ha cambiado.

R. En aquella época, a los 28 estabas de rebajas. Si sabes que puedes jugar hasta los 40, pues a los 22 te planteas cambiar de mano, de saque, de tensión de cordaje... porque tienes mucha carrera. Pero en el tenis de entonces pestañeabas y se te pasaba la bola.

P. Los deportistas son, en cierto sentido, masoquistas. ¿Verdadero o falso?

R. Llevado al concepto del masoquismo, no. Pero, como se dice vulgarmente, sí. Te gusta sufrir y en el tenis más todavía porque es un deporte individual. Es un deporte muy frustrante, ya que no tienes la alegría que pueden tener los deportes de equipo. Cuando te toca celebrar, lo haces prácticamente solo; cuando pierdes, toda la culpa es tuya. Aunque el deporte en general te ayuda mucho para la vida, el profesional te pasa factura a nivel físico.

P. ¿Cómo se lleva usted con esa soledad que menciona?

R. No me gustaba, pero fíjate que no soy persona de estar con mucha gente, nunca he tenido muchos amigos.

P. Usted menciona que antes de vivir en Barcelona no había ido al cine con un amigo ni a un cumpleaños.

R. A ningún lado, yo estaba en mi casa y poco más. La soledad no me gusta, no paso mucho tiempo solo. Me gusta ir solo en bici, pero te está acompañando la bicicleta, el campo, el viento, me acompaña mi escenario. Pero sé que vuelvo a casa y tengo a mi mujer, a mis hijos y una vida. No soy mucho de comidas, de socializar y de tener muchos grupos. Cada año que pasa, busco más la soledad en mi pequeño grupo. Tal y como está el mundo, uno está mejor solo.

P. Se habla poco de la soledad del tenis.

R. Es una de las cosas más duras. Hoy en día, gracias a Dios, los jugadores que están entre los 100 primeros se pueden permitir estar acompañados porque viajan con dos personas, incluso algunas semanas los acompañan sus familiares y pareja. Ahora todo lo costeamos nosotros, pero se gana mucho más dinero y puedes estar con las personas que realmente echas de menos.

P. El tenis es un ir y venir constante.

R. Yo soy una persona metódica en cuanto a la disciplina. Cuando me llevas de aquí para allá, me pasa factura a nivel mental. Estar en hoteles distintos, con gente diferente… No me gusta mucho viajar y, de hecho, trato de hacerlo lo menos posible. Tal vez por eso no me he metido a ser entrenador. Soy una persona que puede aportar mucho y colaboro con un centro de alto rendimiento de Barcelona unas 10 semanas al año porque me encanta ayudar a los chavales y comunicar mis experiencias. Pero estar 25 o 30 semanas de viaje al año no va conmigo.

placeholder Carretero fue campeón del Masters 1.000 de Hamburgo. (Magazzini Salani)
Carretero fue campeón del Masters 1.000 de Hamburgo. (Magazzini Salani)

P. ¿Ha tenido propuestas interesantes para planteárselo?

R. No. Es cierto que, si no estás en el círculo, tampoco te pueden llegar. Además, saben que estoy muy bien en la tele, que es un poco mi vida. Llevo tres años colaborando con el centro de alto rendimiento y es más fácil que puedan sondearme, pero no me gusta la vida de nómada. Estoy cómodo con mi familia y tengo un arraigo importante con Movistar Plus desde hace 19 años. Tendría que ser algo muy interesante a todos los niveles, no solamente económico.

P. ¿Por qué ha tenido esa dificultad para integrarse desde que era pequeño?

R. Igual porque soy tímido; porque soy para mí; porque me he criado en una casa que hizo mi abuelo; porque no he tenido grupos de amigos en el colegio. Era un chaval un poco asilvestrado.

P. El tenis es el deporte más duro a nivel mental. ¿Verdadero o falso?

R. No he practicado otros a nivel competitivo, pero entiendo que sí. Entiendo que el tenis y seguramente el golf puedan ser a nivel mental los más duros. Yo he jugado mucho al golf y el hecho de que puedas mantener cierta calma y tengas tiempo para pensar… Con ese contexto, me he controlado muy bien en la vida. Yo tengo buena cabeza, por eso estoy aquí y no he hecho ninguna barbaridad. Sin embargo, cuando estás a 170 pulsaciones, es más jodido tener buena cabeza.

P. ¿Cómo reaccionó su entorno ante una retirada tan prematura?

R. Un poco lo podían ver porque me vine a Madrid cuando entonces todo estaba en Barcelona. No les he preguntado esto que me consultas, no me he interesado por saber cómo lo vivieron mis padres, pero imagino que con lástima, aunque entiendo que si era lo que quería su hijo, pues ayuda. A nivel familiar, pues podía estar esa frustración de no haber llegado a lo que podía haber sido.

P. ¿La retirada fue una liberación?

R. Sí, totalmente, empiezo el libro así.

P. Dice que no solo se acabaron los sueños, también los problemas.

R. Sí, ahí volví a ser feliz. Esa es la realidad. Se acabaron los sueños de aquel chaval que solo quería ser tenista y ser el mejor. El hecho de quererlo tanto y que el físico no me diese me llevó a esos problemas mentales, a una retirada temprana…

P. Usted dice que fue el 20% de lo que podía haber sido. ¿De verdad cree que no fue más que eso?

R. No, no, no me refiero a lo que dices, porque podrías decirme que soy el único madrileño que ha ganado un Masters 1.000. Yo hablo de la continuidad, porque para que una carrera sea completa no valen tres balazos.

placeholder Carretero fue campeón de Roland Garros júnior en 1993. (Magazzini Salani)
Carretero fue campeón de Roland Garros júnior en 1993. (Magazzini Salani)

P. Tiene que ser longeva.

R. Eso, y tienes que hacer muchas semifinales, muchas finales… No me refiero a que yo hubiese ganado siete veces en Roland Garros, hago referencia a la continuidad de jugar como los demás. Yo me llevaba semanas parado, sufría esguinces, tenía el problema del hombro… Te digo de jugar seis u ocho años a tu máximo nivel. Yo no he jugado ni años, he jugado solo semanas.

P. ¿Puede un tenista cansarse del tenis?

R. Claro, ¿por qué no? A Björn Borg le pasó. Se cansó a los 26, porque esto es duro y puede pasar. Ahora nos pregunta la gente si Alcaraz puede superar a Djokovic y yo digo que sí, pero tiene que seguir a este ritmo y jugar los 20 años que ha jugado Novak. Insisto: tiene que jugarlos a ese nivel, tanto físico como mental.

P. ¿Se pueden hacer amigos en el circuito ATP?

R. Sí, yo los tengo. Los hice y me llevo muy bien con prácticamente todo el mundo. Amigos míos de verdad son Carlos Moyá, Albert Costa… Con otros quizá he tenido menos relación, pero son gente con la que podría contar para muchas cosas porque me lo han demostrado con los años.

P. Señala que tenía fragilidad emocional en la competición. ¿Cómo luchó contra eso cuando estaba en activo?

R. La fragilidad mental a la que me refiero es ante las adversidades difícilmente controlables para mí, como son los problemas físicos. Ahí era frágil y cada vez más; era como que llovía sobre mojado. Yo he jugado con dolor de hombro siempre, pero una cosa es eso y otra no tener posibilidad de competir frente al que tienes enfrente. Todos jugamos con molestias y cansados, pero yo era frágil por el hombro. Si no hubiese tenido esos problemas graves, no hubiese sido frágil a nivel mental.

P. ¿Cómo explica que pudiese ganar en Hamburgo con esas molestias?

R. Mi dolor es exactamente igual que la ciática, pero llevado al hombro. Empieza ahí y baja por el bíceps. Si se quedaba en el bíceps, podía jugar perfectamente, incluso si bajaba hasta el codo. Pero si alcanzaba el antebrazo, perdía bastante fuerza y, si me llegaba a la mano, no podía coger ni esta taza que tenemos aquí.

P. Tenía dificultades hasta para conducir.

R. Yo cambiaba las marchas con la mano izquierda. No lo hacía porque la derecha no la pudiese utilizar, sino porque me costaba separarla para hacer el movimiento. El dolor era como que se comprometía un nervio o un tendón y era agudo, similar a un dolor de cabeza constante.

P. ¿Hamburgo fue el principio del fin?

R. Fue muy soñado, porque llegué a meterme entre los 100 mejores y porque gané desde la fase de previa. Aunque me costó mucho alcanzar aquello, llegó muy de golpe y sufrí un vacío importante al ganarlo. Al perder en Roma, de hecho, ese vacío se hizo el doble. Luego jugué una exhibición en Austria y acabé con el hombro destrozado antes de ir a Roland Garros. En París también me eliminaron y pensé que había conseguido éxito, pero que no iba a poder seguir. Soy bastante intuitivo y me adelanto a cosas que no debería.

placeholder Carretero, en una audiencia con el rey Juan Carlos. (Magazzini Salani)
Carretero, en una audiencia con el rey Juan Carlos. (Magazzini Salani)

P. En Roma y en Roland Garros le dieron como favorito. ¿Cómo convivió con esa presión?

R. A pesar de haber ganado en Hamburgo, no tenía esos cimientos, no sabía que mi nivel tenía un mínimo y que, por ejemplo, iba a llegar hasta cuartos. Hay jugadores que alcanzan una continuidad, precisamente de lo que hablábamos antes: llegan a cuartos, semis, cuartos, semis, una final, un título… Eso te hace saber que tú vas a estar. Luego dependerá del partido, del día, del sorteo, pero eres consciente de que alcanzas los cuartos.

P. Su caso era distinto.

R. Claro. Cuando tú has vivido eso, es más fácil cumplirlo, pero en mi caso era ver si sonaba o no la flauta. Al principio le pasaba a Alcaraz, que pinchaba en un torneo en un partido que parecía imposible, pero ahora ves que cada vez le pasa menos. Es algo que, si tu físico está bien, lo normalizas. Eso a mí no me llegó, no lo tuve nunca.

P. Su primer gran éxito fue el Roland Garros júnior de 1993. Usted dice que pasó de ser un chaval que jugaba al tenis a ser un empresario.

R. Es una de las cosas que habría que incluir en la formación de un deportista. El tenis es el único caso en el que el jugador es el jefe. No obstante, me refiero también a un futbolista, que de la noche a la mañana pasa a ganar mucho dinero. Tendría que haber una asignatura que lo exponga, que venga gente como yo a darte conferencias y lo sepas, que tengas libros en los que aparezca… Debería ser una asignatura para la vida, en realidad. El que estudia se va preparando: empieza de becario, gana 1.000 euros, luego le suben el sueldo… De repente, yo gané 100 millones de pesetas (600.000 euros) en una semana.

P. ¿A quién escuchaba usted?

R. ¿Qué cojones iba a escuchar yo?

R. Sus padres podían asesorarlo.

R. Sí, quizá me decían algo, pero yo no era de tener conversaciones de este tipo. Además, nosotros no teníamos un libro de instrucciones y no teníamos tampoco internet para encontrar información. Entonces era vivir, tirar hacia delante y darle duro.

P. ¿Echó en falta ese asesoramiento?

R. Por supuesto. Mi hijo tiene 14 años y juega muy bien al fútbol, pero ese asesoramiento lo tiene conmigo y ya tiene media vida ganada para ser futbolista o lo que quiera. Lleva una preparación que yo nunca tuve. Pero es que mi padre se dedicaba a trabajar, mi madre a la casa y yo vivía en Barcelona, entonces era complicado. Todo era diferente en esa época y en mi caso, más. Mi hijo ya viene con el libro de instrucciones en la cabeza.

P. Usted los ayuda en lo que pueda.

R. Cuando les ocurre cualquier situación, les digo el motivo para que lo sepan para la próxima vez. Todo es mucho mejor cuando ya te han preparado o te van asesorando. Por ejemplo, yo nunca he forzado a hablarles de sexo a los niños. Ocurrirá cuando él y yo estemos preparados para esa conversación, cuando esté lista nuestra unión. La vida te lo pone. Yo confío mucho en el déjalo que llegue.

P. ¿Era necesario pasar por Barcelona para ser tenista en aquella época?

R. Al parecer, era imprescindible. El tiempo ha demostrado que ya no, pero entonces era así. No sé qué hubiese pasado si me hubiese quedado en Madrid, pero aquella fue mi única opción. Aparte, había un tema de marketing muy bueno porque te decían que o ibas para allá o te olvidabas de ser tenista.

P. ¿Se hubiera ido a Barcelona de no haberlo acompañado su hermana?

R. Sí, pero no sé si hubiese aguantado. Ese año me vino muy bien estar con ella, porque estuve a punto de renunciar. Si no hubiese estado ella, no hubiera aguantado tanto.

P. ¿No se planteó que el cambio podía afectarle al no tener allí a sus padres?

R. Fue de golpe. No recuerdo bien cuánto tiempo pasó desde que lo decidí hasta que me fui a Barcelona. Lo decidimos y pasó como con el colegio: había que empezar ya en la academia.

P. ¿Es Alcaraz a nivel personal el Carretero de los 90?

R. Sí, pero la versión buena [risas]. La versión buena en todos los aspectos. Es un tío divertido y que lo dejará como se harte. Tal y como es, como lo cansen, lo deja. Mira lo que ha pasado con Ferrero. Es un tío al que están sabiendo manejar y llevar. Cuanto más maduro sea y más tiempo pase, más difícil es que la cague. Está sabiendo encauzar su vida y lo tiene todo muy manejado. Pero, cuidado, porque él va a priorizar siempre su persona a muchas otras cosas, como muestra en su documental.

placeholder Carlos Moyá y Carretero son buenos amigos. (Magazzini Salani)
Carlos Moyá y Carretero son buenos amigos. (Magazzini Salani)

P. Usted también es igual en la tele que en la calle. ¿Cómo se consigue eso?

R. [Risas]. Porque no queremos tener ninguna máscara, queremos ser como somos. No podemos ser nosotros mismos solo una semana al mes. Aquí estamos de paso y queremos estar a gusto. En mi caso, no puedo ser lo que no soy durante mucho tiempo porque la voy a cagar. Por eso prefiero ser yo.

P. ¿Cabe la fiesta, aunque sea de manera puntual, en el deporte de élite?

R. [Piensa]. Te diría que no si quieres llegar a tu techo absoluto. Luego te vas dejando cartuchos por el camino porque también hay que vivir y depende todo de cómo sea cada uno. A nivel fisiológico, te digo que no. Por fiesta me refiero a no ir solo a bailar, porque si haces eso, no pasa nada. Si vas de fiesta acompañado por una botella de whisky, de tabaco… te va a producir roturas, lesiones, te deshidrata, te mata, te revienta… Esa es la realidad. En mi época todo el mundo fumaba y bebía.

P. Se fumaba en todos lados.

R. Sí, incluso lo veías en todas las películas. Son drogas potentísimas que no deberían existir y deberían estar prohibidas por salud. Sin conocerlas, nadie las echaría en falta, pero todo es negocio. Yo echo la vista atrás y veo que muchos problemas me lo ha traído eso. Ojo, yo no me saltaba el protocolo y no tuve problemas en ese aspecto, pero al final te pasa factura. Entonces era bastante habitual salir de fiesta y ahora lo hacen dos veces al año. Alcaraz es un amateur comparado con lo que éramos nosotros en la fiesta en aquella época. Él sale tres veces al año.

P. Carlos Moyá lo define como un campeón de la vida. ¿Coincide?

R. [Piensa]. Bueno, reconocerme a mí mismo como un campeón... De lo que soy campeón es de Hamburgo en 1996 y de Roland Garros júnior en 1993 [risas], de eso sí. Creo que Carlos se refiere a que todo lo llevo bastante bien, en el aspecto de que podía haber sido un juguete roto; podría haber sido un tío que se metiese en una vida complicada por las frustraciones y por lo que pudo ser y no fue. Yo he ido dominando mi vida y le compro el titular a Carlos.

P. Su abuelo fue ciclista y ganó nueve etapas de la Vuelta. ¿Nunca le llamó el ciclismo?

R. No. El ciclismo lo empecé a practicar hace 12 años porque me dijeron que me tenía que operar las caderas y dije que no me operaba más. Los médicos me pidieron que dejara de hacer impacto porque si no iba a acabar en prótesis. Me puse a montar en bici y ahora es mi pasión. Estuve apuntándome a las carreras en las que corren los profesionales y he conocido a mucha gente del mundo del ciclismo. A día de hoy, sigue siendo mi vía de escape porque paso tres o cuatro horas a mi rollo.

P. ¿Ha encontrado alguna derecha mejor que la suya?

R. Es que yo nunca he jugado contra la mía [risas]. Hay mejores porque es mejor algo que sea peor, pero que tenga continuidad. Si hablamos solamente de lo que es el gesto, el golpe, la potencia… creo que en tierra batida es de las mejores de la historia porque era muy buena hacia arriba y tenía mucho bote, como la de Nadal. Pero también era buena hacia abajo, que eso Rafa no lo tenía. Tenía una combinación muy buena en la derecha en tierra batida. Fuera perdía mucho, pero hoy en día todo es más lento y seguramente hubiera sido también buena en pista dura.

La Nochebuena de 1988 fue el prólogo de una lesión crónica en el hombro que aún sigue presente para Roberto Carretero (Madrid, 1975). Pasó por quirófanos e incluso visitó a un curandero, pero aquello no encontró remedio y lastró su carrera hasta que se produjo su retirada prematura cuando tenía solo 25 años. Esa es la historia que cuenta en El tenis desde dentro (Magazzini Salani, 2025).

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