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Agustín Pujol: "Juan Carlos Ferrero fue una de las víctimas del éxito de Rafa Nadal"
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ENTREVISTA AL EXPRESIDENTE

Agustín Pujol: "Juan Carlos Ferrero fue una de las víctimas del éxito de Rafa Nadal"

Lideró la Federación Española de Tenis durante dos décadas. Bajo su mandato, España logró las dos primeras Davis de su historia. La última, con un imberbe Nadal que ya apuntaba maneras

Foto: Agustín Pujol presidió la Federación Española de Tenis. (EFE)
Agustín Pujol presidió la Federación Española de Tenis. (EFE)
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La Copa Davis era un torneo que se le resistía a España hasta que finalmente llegó a las vitrinas en el 2000. Aquello fue un éxito organizativo por las bonitas semifinales celebradas en Santander y la final, en el Palau Sant Jordi de Barcelona. Al mando estaba Agustín Pujol (Tarragona, 1948), presidente de la Federación Española de Tenis entre 1985 y 2005.

El vínculo de Pujol con el tenis nació cuando era pequeño, en el Club de Tenis de Tarragona. Allí se enamoró de la raqueta y, poco a poco, ganó peso en el club como directivo. Luego integró la directiva de la Federación Catalana de Tenis y se convirtió en el presidente nacional por unanimidad al ser el candidato de consenso.

De profesión arquitecto, su autonomía le permitió dedicarse a la Federación "no con carácter exclusivo, pero sí preferente". La Davis del 2004, la primera en la que apareció un imberbe Rafa Nadal, fue el epílogo de su mandato. Ahora, por su edad, está en un fase "de prejubilación", pero acepta recordar en El Confidencial aquellos años.

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PREGUNTA. ¿Cómo nace su vínculo con el tenis?

RESPUESTA. Podríamos decir que yo nací en un club de tenis. Desde pequeño, crecí en el Club de Tenis Tarragona, el club de toda mi vida y que aún lo es. Casi siempre estaba con una raqueta en la mano. Conforme pasaron los años, he estado vinculado en tareas directivas y organizativas. En un momento determinado, en 1977, asumí la presidencia del club que te he citado.

P. ¿Cómo fue aquello?

R. Fui presidente durante ocho años en los que me involucré en la Federación Catalana de Tenis porque salí elegido miembro. Luego me convertí en miembro de la Federación Española, en la directiva de Pablo Llorens. Estuve con él los últimos cuatro años de su mandato. Entre él y yo, hubo un presidente que solo duró ocho meses, Salvador Vidal. Dimitió, creo yo, porque el cargo le venía grande o porque se le complicaron las cosas. En el verano de 1985 se especuló con la posibilidad de que yo lo sustituyera.

P. Eso fue lo que finalmente ocurrió.

R. Yo era conocido porque había presidido el club, estaba en la Federación Catalana… Hubo un factor importante para acabar como presidente. En esa época, el tenis solo se conocía en Cataluña y solo allí estaba bien organizado. Vieron que yo era catalán, pero de Tarragona. Eso ayudó de alguna manera para que fuera aceptada la propuesta que se me hizo por parte de todo el tenis español.

P. ¿Cree que un catalán de Barcelona lo hubiera tenido más complicado para presidir la Federación?

R. Se hubiera hablado de que habría que encontrar el momento para que otro catalán no ocupara el cargo. El hecho de ser de Tarragona hizo que esa sensación quedara bastante disipada o equilibrada. La prueba fue que en verano me propusieron, en septiembre se habló de mi candidatura y en noviembre me eligieron por unanimidad porque no hubo otra candidatura.

P. ¿Qué Federación se encontró cuando llegó al cargo en 1985?

R. Una Federación que tenía su estructura administrativa y limitada por los recursos que entonces se tenían. Hay que recordar que el deporte español siempre ha estado económicamente soportado y financiado por el Consejo Superior de Deportes (CSD), excepto aquellos que podían vivir por sí mismo. Al margen del fútbol y del baloncesto, creo que no había más. Todos dependíamos de la subvención anual del CSD.

P. ¿Qué otros ingresos tenían?

R. A pesar de tener unos recursos limitados, había un aspecto muy importante: las licencias federativas. El tenis era un deporte que entonces tenía una buena práctica deportiva y ya había 150.000 licencias, que lógicamente suponían un ingreso anual.

P. ¿Cuáles fueron sus principales medidas?

R. Más que aplicar medidas, nos aprovechamos de un hecho que fue un antes y un después en el deporte español. Se ha hablado poco de ello y me gustaría que aprovechásemos esta entrevista para conversar sobre ello. Me refiero al Plan ADO.

Foto: juegos-olimpicos-plan-ado-barcelona-92

P. Tenía pensado preguntarle por eso.

R. Te lo explico. La elección de Barcelona como sede de los Juegos Olímpicos es el motivo principal del cambio de manera de actuar del deporte español. Carlos Ferrer Salat, presidente del Comité Olímpico Español (COE), y Javier Gómez Navarro, ministro de Deportes, fueron los artífices de esta medida. Tomaron una gran decisión: involucrar a las principales empresas españolas.

P. Pascual, La Caixa, Seat…

R. Bimbo fue nuestro patrocinador olímpico. Nosotros nos reunimos con ellos, porque el presupuesto era para el tenis olímpicos. Por tanto, ese dinero iba a ir a manos de los hermanos Sánchez Vicario, de Sergio Casal, de Juan Aguilera… En fin, de una serie de jugadores que ya ganaban suficiente. Entonces les propusimos invertir en la base. Esa fue la gran jugada, porque invirtió en un grupo de formación, donde empezaron Álex Corretja, Albert Costa, Alberto Berasategui… Ahí empezó lo que llamamos el Grupo Bimbo y decidimos que Manolo Orantes fuera el capitán de la Copa Davis. Hasta entonces, el capitán era Manolo Santana, pero dejó de serlo porque le propuse un plan y no aceptó.

P. ¿Qué plan era?

R. Le propuse que los técnicos de los jugadores estuvieran en el equipo, porque viajaban con ellos todo el año y podían ayudar y colaborar. A Santana no le gustó la idea, pero Orantes me dijo que sí.

P. Usted llegó a tener cuatro capitanes simultáneos, el célebre G-4. ¿Por qué tomó esa decisión?

R. Es una decisión… Pero me llevas al 2000, entre medias pasaron muchas cosas.

P. Queda tiempo y vamos a tratarlas.

R. Fue una decisión que se tomó para la Copa Davis del 2000. En 1999, ganamos a Nueva Zelanda en la eliminatoria de permanencia con un equipo de circunstancias. Tras el sorteo, vemos que podemos tener todas las eliminatorias en casa. Tuve una reunión con una serie de técnicos, en este caso los que llevaban a los jugadores, y les propuse nombrar el famoso G-4. Ellos me propusieron que fuera el G-3, pero les dije que Juan Avedaño, director deportivo de la Federación, sería el técnico federativo. La fórmula sorprendió tanto que me preguntaban en la Federación Internacional. La fórmula dio éxito y ganamos la primera Davis en el 2000.

P. ¿Por qué a España se le resistió la Davis hasta el 2000?

R. Porque no había equipo. Sergi Bruguera y Carlos Moyá ya habían ganado en Roland Garros, además de que Álex Corretja y Alberto Berasategui habían sido finalistas. Todos eran jugadores muy bien clasificados, pero su rendimiento no era el mismo cuando llegaba la Copa Davis. Aunque el tenis es un deporte individual, este torneo es de equipo y se ha de trabajar como tal. Hasta entonces, no había equipo. Este año, por ejemplo, lo ha habido y el rendimiento ha sido extraordinario. Una lástima la derrota en la final.

P. A usted no le gustaba la gestión de la Davis.

R. No me gustaba cómo se trabajaba; no me gustaba que el capitán, 15 días antes de una eliminatoria, seleccione a cuatro jugadores para jugar frente a otros cuyo juego desconoces. El capitán debía estar involucrado y seguir a los nuestros y a los rivales. A partir de ahí, trabajas de otra manera. Fue el primer paso para cambiar.

placeholder Nadal fue el abanderado en la Davis del 2000. (EC)
Nadal fue el abanderado en la Davis del 2000. (EC)

P. Volvamos a 1985. El tenis español era precario en 1985. ¿Verdadero o falso?

R. Verdadero. Era precario, más si lo comparamos con lo que pasó luego o con la situación de ahora. El tenis es un deporte individual y es evidente que me encuentro jugadores de nivel, pero ninguno llegaba al top 20. Quizás Sánchez Vicario en el algún momento de su carrera, pero no había nadie más. Si me pides que nombre 15 jugadores de la época, me costaría. Tendría que hacer un ejercicio de memorias. En cambio, con la época más reciente no me ocurre, porque hemos llegado a tener hasta 15 jugadores entre los 100 primeros a nivel mundial.

P. ¿Qué tienen Barcelona y el tenis para ser la única federación que no está ubicada en Madrid?

R. Es una relación histórica. La ubicación de la sede federativa, hoy por hoy, es anecdótica, entre otras cosas porque ya se trabaja de otra manera. De hecho, después de mí no ha habido otro presidente catalán. Todos los que me han sucedido han mantenido la sede y ahora es más difícil moverla porque la federación tiene un local en propiedad. Esto, sin embargo, es anecdótico porque el tenis se maneja a distancia.

P. ¿Cuánto hay de verdad y de leyenda en que el tenis es un deporte elitista?

R. Lo fue. Antes era un deporte poco popular que solo se practicaba en clubes privados que, por supuesto, tenían una cuota para ser miembro. De alguna manera, solo se practicaba ahí, no había instalaciones públicas como surgieron luego. Ahora hay más pistas de pádel porque es el deporte de moda. Tengo que decirte que el tenis se popularizó gracias a los éxitos de nuestros tenistas: primero Manolo Santa y luego Andrés Gimeno y Manuel Orantes.

P. ¿Cuál fue el ego más difícil de gestionar en sus años en el cargo?

R. La pugna entre el grupo Sánchez Vicario y Sergi Bruguera. Esa fue una de mis primeras batallas de gestión. Desde el primer día, tuve un equipo de trabajado en el que las decisiones las tomábamos entre todos, aunque yo las asumiera como máximo responsable. El grupo de Sánchez tenía al Pato Álvarez de director deportivo y de cabeza principal, mientras que Bruguera tenía a su padre. Entre ellos existía una relación muy difícil. Había incluso amagos de decir: “Si este va, yo no voy”. La crisis principal empezó en una eliminatoria en Moscú.

P. ¿Qué ocurrió?

R. Jugamos una eliminatoria de permanencia en la primera categoría de la Davis que, afortunadamente, ganamos. Los convocados fueron Bruguera, los hermanos Sánchez Vicario y Sergio Casal. Los jugadores no se hablaban entre ellos porque a Bruguera le hacía boicot, estaba como aislado en el equipo. El máximo exponente de la crisis ocurrió al acabar la eliminatoria.

P. Explíqueme.

R. Emilio Sánchez Vicario hizo una declaraciones en las que dijo que o se iba Orantes o se iba él. Vino a decir que ambos eran incompatibles. Sus palabras, provocadas por Pato Álvarez, fueron lamentables e inoportunas. A Orantes fuimos inmediatamente a renovarle el contrato como demostración de que la Federación creía en el capitán y no en esa situación ficticia que se había generado. También hubo una intervención del CSD.

P. ¿Qué hicieron?

R. Tuvimos una reunión las dos partes y firmamos la pipa de la paz. Se calmaron las aguas y Orantes pudo seguir un poco más al frente del equipo.

placeholder Agustín Pujol coincidió con Jordi Arrese. (Getty/Allsport)
Agustín Pujol coincidió con Jordi Arrese. (Getty/Allsport)

P. Coincidió con Santana, Orantes, Nadal, Bruguera… ¿Quién le sorprendió más en las distancias cortas?

R. Como tenista, Brugera, antes de que Nadal llegara. Con los jugadores he compartido mesa y mantel, he convivido con ellos mucho. Con el que más y mejor me he relacionado ha sido con Álex Corretja, sin duda.

P. ¿Le sorprendió que acabara en los medios de comunicación?

R. De Álex no me sorprende nada porque sirve para todo. En los medios ya ha demostrado su valía, y la educación y el saber estar que tiene. Cuando coge un micrófono, como en el 25 aniversario de la primera Copa Davis, es capaz de entretener a todo el público. Otra sorpresa es el carácter empresarial de Emilio Sánchez Vicario, que montó una academia que funciona y muy bien. Su solvencia empresarial me ha sorprendido gratamente. Su hermana, por ejemplo, ha pasado por momentos más tormentosos. A nivel tenístico, Bruguera es el primero que demostró que tiene el nivel de un número uno del mundo.

P. Ha hablado de la Copa Davis del 2000. ¿Cómo la recuerda?

R. Fue inolvidable, casi te la podría escribir minuto a minuto. En septiembre ganamos la semifinal en Santander contra Estados Unidos. Fue, sin duda, una eliminatoria que brilló por su nivel organizativo. Montamos una pista de tenis para 10.000 personas en un descampado, con sus gradas y todo. Aquello fue reconocido mundialmente, a pesar de que la Federación Internacional de Tenis se resistía a que jugáramos en Cantabria.

P. ¿Por qué?

R. Nos dijeron que Santander no se conocía, que no se sabía dónde estaba geográficamente. Nosotros nos opusimos y manifestamos que elegir esa ciudad en septiembre sería un éxito. Tras jugar la eliminatoria, al cabo de unas semanas, recibí una llamada de Juan Antonio Samaranch y me dijo: “¿Supongo que la final será en Barcelona, no?”. “Sí, Juan Antonio, no te preocupes, será en el Palau Sant Jordi de Barcelona, no puede ser en otro sitio”. Era la primera final que España jugaba en casa.

P. ¿Cómo fue la organización?

R. Empezamos en septiembre y pusimos todos los medios a favor de los jugadores para que estuvieran lo más cómodos posible. La pista, de hecho, se puso a medida de lo que ellos preferían: tierra batida, que fuera más o menos lenta. Hasta se contrató un músico para que deleitara su concentración. Era un músico que ellos conocían de París. Se contrató a ese músico para que viniera a amenizar. Se organizó de tal manera que es que no podía salir mal. Tenía que salir bien, como sí salió.

P. Usted pensaba dejar el cargo en el 2000. ¿Por qué no lo hizo finalmente?

R. Por la Copa Davis, porque no preparé o no tuve ocasión de preparar mi sucesión. Tampoco sabía si ganaríamos las elecciones. Cuando se ganó la Davis, pensé que ya había conseguido todo como responsable. Yo quería dejarlo en manos de alguien de mi entorno, darle cierta continuidad al proyecto. Por eso decidí seguir y en 2004, como ganamos otra vez el título, ya tuve claro que lo dejaría.

Foto: jordi-arrese-copa-davis-rafa-nadal-barcelona-92

P. Rafa Nadal ganó la Davis de 2004. ¿Vislumbraba que lograría todo lo que ha conseguido?

R. Sí, porque ya lo conocíamos; fue el abanderado del equipo español cuatro años antes. La llevó él porque era el mejor jugador infantil del momento y quisimos darle un reconocimiento, una distinción. En esa época ya despuntaba. Vimos que su progresión era suficientemente buena estando en Mallorca, no hizo falta que viniera al Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat.

P. Dijo que tras esa Davis “el tenis español había tocado el cielo”. ¿De veras lo creía?

R. Sí, porque habíamos sido exitosos y seguíamos siéndolo. Llegó Nadal y logramos más títulos con todo lo que hizo. Rafa eclipsó a todos los que vienen por detrás, como está pasando ahora con Carlos Alcaraz. Parece que la semana que no juega, no hay tenis español. No es verdad, estaban Juan Carlos Ferrero, David Ferrer, Fernando Verdero, Feliciano López… Ferrero ha sido una de las víctimas del éxito de Nadal.

P. Siga.

R. Ferrero jugó el punto decisivo en el 2000, pero en 2004 Nadal le quita el sitio. En esa ocasión, Juan Carlos y Carlos Moyá eran los dos grandes protagonistas del tenis español. A partir de ahí, Rafa eclipsa involuntariamente a los demás tenistas nacionales por sus éxitos. El tenis nacional, sin embargo, estaba en la cima desde mucho antes de Nadal. Pero él lo eleva a otra dimensión.

P. En febrero de 2005 dejó el cargo. ¿Qué federación dejó usted cuando se fue?

R. Dejé una federación estructurada, que luego se desestructuró por decisiones de los que me sucedieron. Una de las cosas que más lamento es que el CAR de Sant Cugat dejase de funcionar porque era y debería seguir siendo la élite del tenis español. Económicamente, el estado era bueno, porque la Copa Davis la explotamos bien, era una de las fuentes principales de ingresos.

placeholder La relación con Escañuela tampoco fue la mejor. (EFE/Rodrigo Jiménez)
La relación con Escañuela tampoco fue la mejor. (EFE/Rodrigo Jiménez)

P. ¿Qué tal fue su relación con sus sucesores?

R. Con Pedro Muñoz, mala, porque me engañó. Él era vicepresidente de la Federación Española y presidente de la Federación Madrileña e hizo su labor a mis espaldas. Cuando supo que yo no iba a renovar en el cargo, hizo sus manejos para quedarse con el cargo. Su gestión fue tan mala que a los cuatro años hubo que cambiar. Pero José Luis Escañuela lo hizo bueno.

P. En su momento, usted dijo que "el tenis español se merecía algo mejor que Muñoz o Escañuela".

R. No, yo no creo haber dicho eso. Soy muy prudente; habrás visto que he hecho pocas entrevistas, salvo que me hayan invitado, como es tu caso. Me llamaste y te estoy hablando de todo lo que pienso. Jamás he comentado nada de Muñoz, ni de Escañuela, ni de Miguel Díaz Román.

P. ¿Qué opinión le merece el actual presidente?

R. Está siguiendo un poco la pauta que yo dejé. El tenis vuelve a estar tranquilo, porque disfrutamos de los éxitos, no hay polémicas. Eso es lo mejor que puede pasar. En la época de Muñoz y de Escañuela no fue así. De hecho, el tenis nunca había estado en los medios de esa manera.

P. Usted amagó con presentarse a la presidencia del Comité Olímpico Español (COE) en 2005. ¿Por qué no lo hizo finalmente?

R. Tenía 57 años y era una edad con la que todavía podía ser útil al deporte. Yo conocía al COE porque había sido miembro durante mis 20 años en el cargo. Tampoco me postulé mucho porque fui a los Juegos Mediterráneos en 2005 y aproveché para tantear. Vi que Alejandro Blanco tenía la victoria prácticamente hecha, así que no hice ni precampaña. No di el paso, pero me hubiera gustado realmente.

P. ¿Deben ser las raquetas de tenis más pequeñas?

R. No, no creo que podamos ir por ahí, porque alteraríamos un poco la esencia del tenis. Este deporte tiene unos instrumentos que lógicamente se van modernizando. Solo cambiaría una de las reglas, pero daría para mucho.

P. ¿Cuál?

R. El formato actual de la Davis. Ya he dicho que el torneo se murió cuando cambiaron el formato a propuesta de Piqué y Kosmos. Fue una mala decisión y creo que muchos se arrepienten.

La Copa Davis era un torneo que se le resistía a España hasta que finalmente llegó a las vitrinas en el 2000. Aquello fue un éxito organizativo por las bonitas semifinales celebradas en Santander y la final, en el Palau Sant Jordi de Barcelona. Al mando estaba Agustín Pujol (Tarragona, 1948), presidente de la Federación Española de Tenis entre 1985 y 2005.

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