Alcaraz también aprende a sufrir, pero tiene algo distinto en Roland Garros: la sonrisa de ganador
El tenista español está firmando un torneo brillante en París, pero ha tenido un par de sustos en pista, ante Marozsan y ante Dzumhur, de los que ha sabido reponerse. Pero hay una clave: cuando sonríe en la pista, se vuelve imparable
Cuando Alcaraz sonríe sobre la pista, todo va bien. (Reuters/Denis Balibouse)
Carlos Alcaraz ya está en octavos de final de Roland Garros. El tenista español continúa con su gran línea de juego y, en un partido muy duro, consiguió desarmar al bosnio Damir Dzumhur (6-1, 6-3. 4-6 y 6-4) para seguir avanzando con paso firme en la arcilla parisina. El español está jugando un tenis de muchísimo nivel en esta fase de la temporada, pero también está aprendiendo a sufrir. El mejor ejemplo fue lo sucedido en la noche de este viernes en París.
Alcaraz tenía el partido muy encarrilado, jugando a un enorme nivel y casi sin dar oportunidades al bosnio. Pero, entonces, todo cambió: Dzumhur subió prestaciones, comenzó a soltarse y puso al español en graves complicaciones. Tanto que le hizo perder un set y a punto estuvo de perder otro más. Pero Alcaraz supo rehacerse a tiempo, consciente de que, para ganar, también hay que sufrir. Lo descubrió con una sonrisa: cuando se destensó y ahuyentó el miedo, comenzó a brillar de nuevo.
La cara de Alcaraz sobre la pista es realmente sintomática, pues es de esos jugadores a los que, cuando se les ve sonreír, puedes estar tranquilo, pues sabes que no se le va a escapar el partido. Cuando sus piernas funcionan, su cabeza está centrada y su tenis fluye, existen muy pocos jugadores que sean capaces de hacer frente al español. Su amplio abanico de golpes, su pundonor, su lucha y sus piernas, le hacen ser un jugador durísimo. Y, cuando la cabeza acompaña, es imbatible.
A Alcaraz le ha costado entonarse en los primeros compases de la temporada, donde intercaló algunos grandes partidos con otros en los que no alcanzó el nivel esperado. Los cambios introducidos en su juego y en su raqueta han necesitado de unos meses para acoplarse y, cuando lo han hecho, la explosión de buen tenis no se ha hecho esperar. Y, de hecho, desde que ha comenzado la temporada de tierra batida, da la sensación de ser un tenista al que es muy difícil ganar.
Con Roland Garros, es el cuarto torneo sobre arcilla que juega este año, donde solo ha perdido un partido... y por lesión. Fue en la final del Conde de Godó, donde poco o nada pudo hacer contra Holger Rune después de haber sufrido un problema muscular. Pero, además de ese partido, Alcaraz ha disputado otros 18 encuentros sobre tierra batida, ganándolos todos para meterse en octavos de París, amén de haber levantado el título de campeón en Montecarlo y Roma.
Su nivel en la arcilla es realmente elevado, pues es una superficie que encaja a la perfección con su estilo, tanto por el bote de la bola, como por la forma de golpear, así como la capacidad física de llegar a disparos que parecen imposibles. De hecho, en estos primeros cuatro partidos en la capital francesa, ya acumula un buen puñado de puntos que han entrado directos en los highlights del torneo. Y eso tiene una explicación: está feliz y eso se nota en la pista.
Cuando Alcaraz saca a pasear su sonrisa de ganador, el rival puede echarse a temblar. Si disfruta y está pleno de confianza, las bolas cogen una dirección diabólica que se antoja imposible para el jugador que se encuentra al otro lado de la pista. Pero, además, el español está demostrando mucha madurez en la manera de jugar. Sin perder la cabeza, incluso en momentos complicados como el segundo set ante Fabian Marozsan o lo ocurrido ante Dzumhur, confirma su evolución en el plano mental.
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Alcaraz no da opción a Dzumhur y se lleva el primer set en 27 minutos
Pero dejó una frase en rueda de prensa que confirma esta realidad: a pesar de solo tener 22 años, Alcaraz está mostrándose más maduro que nunca, consciente de que no se puede permitir un despiste en Roland Garros si quiere reeditar su título de campeón. Preguntado por si cree que le tiene comida la moral a Jannik Sinner tras ganarle cuatro veces seguidas, su respuesta fue clara: "La final está demasiado lejos como para pensar en eso ahora mismo".
La respuesta de Alcaraz no hace más que confirmar una realidad. Si echas la vista hacia adelante y te despreocupas de tu siguiente rival, lo lógico es que la bofetada te llegue por donde menos esperas. Por esa razón, la manera más inteligente de pensar en el título es solo hacerlo en el próximo partido. Tras derrotar a Dzumhur en un durísimo, es el momento de pensar en los octavos de final ante Ben Shelton. Y, si lo hace con una sonrisa, significará que será muy difícil derrotarle.
Carlos Alcaraz ya está en octavos de final de Roland Garros. El tenista español continúa con su gran línea de juego y, en un partido muy duro, consiguió desarmar al bosnio Damir Dzumhur (6-1, 6-3. 4-6 y 6-4) para seguir avanzando con paso firme en la arcilla parisina. El español está jugando un tenis de muchísimo nivel en esta fase de la temporada, pero también está aprendiendo a sufrir. El mejor ejemplo fue lo sucedido en la noche de este viernes en París.