La maldición de Emma Raducanu o cuando ganar un Grand Slam se convierte en tu perdición
El US Open, que está muy cerca de tocar a su fin, volvió a convertirse en una pesadilla para la británica. El lugar donde fue feliz en 2021 sigue siendo terreno abonado para la derrota
Raducanu no ha vuelto a ganar en el US Open. (Mike Frey/USA TODAY)
Emma Raducanu logró hace tres años el sueño de cualquier niño que se acaba de iniciar en el deporte. Con solo 18 años, una completa desconocida, que jugaba uno de sus primeros Grand Slam tras superar la fase previa, iba ganando partido a partido hasta plantarse en la final del US Open. Allí, sin perder ni un solo set de los nueve partidos que disputó, se convertía en campeona tras derrotar a la canadiense Leylah Fernandez. Acababa de romper la historia.
Pero de lo que la británica no era consciente era de que ese título, que había perseguido desde que siendo una niña comenzó a jugar al tenis, se iba a convertir en su gran lacra. Tres años después de aquel increíble triunfo, no solo no ha vuelto a ganar un solo torneo, sino que ha entrado en un bloqueo que se mantiene en el tiempo y que es aún mucho más evidente en Flushing Meadows. Aquella campeona no ha vuelto a ganar un solo partido en el US Open.
Cerca de cumplir los 22 años, el recorrido que todavía tiene por delante la joven tenista es amplio y puede volver a reencontrarse con su juego para volver a tocar metal, pero aquel triunfo le hizo mucho daño. "Muchas veces, deseo no haber ganado nunca el US Open. Lo que rodea a los partidos no es agradable, ni un lugar donde te sientas a salvo. Siempre estás vigilante, hay demasiados tiburones ahí fuera. La gente de la industria me ve como una hucha", afirmaba hace unos meses.
La sensación de Raducanu es que el juego ha dejado de tener importancia en su tenis, donde todo lo que rodea al negocio genera demasiado ruido, con tensiones y obligaciones contractuales que, incluso, le obligan a ciertos resultados. Y esa situación le impide disfrutar del tenis. El último golpe lo ha sufrido en el US Open, donde cayó en primera ronda frente a Sofia Kenan, precisamente una jugadora que ya vivió lo que ahora atraviesa la deportista británica.
"Me siento deprimida. Estoy triste", afirmaba tras caer eliminada. El problema para Raducanu es que combina grandes partidos con actuaciones que distan mucho del nivel que se le presupone. Sin ir más lejos, un buen ejemplo es lo sucedido en Wimbledon, donde tras eliminar a tenistas de nivel como Elise Mertens (33ª del mundo) o Maria Sakkari (9), cayó en octavos de final ante la neozelandesa Lulu Sun, una tenista que venía de la qualy y a la que no pudo derrotar.
Pero esos miedos de Raducanu pueden venir de su infancia. Hace no demasiado, la joven reconocía que "cuando solo era niña, mi padre me forzaba para que jugara al tenis. A mí no me gustaba pero, según me fui haciendo mayor, empezó a ser una prioridad en mi vida, así que comencé a presionarme a mí misma. Mis padres siempre fueron excesivamente pesados, siempre estaban encima, sobre todo cuando era pequeña". De ahí, ese rechazo a la presión y las exigencias.
De hecho, da la sensación de que en torneos donde el foco no está tan centrado en ella, es capaz de ofrecer su mejor versión. Y, por supuesto, en el US Open no es algo que suceda. Su brutal victoria de 2021 sigue provocando que las miradas se pongan en ella. No en vano, se convirtió en la primera mujer en la historia -y, hasta la fecha, la única- en ser capaz de ganar un grande accediendo desde la fase previa. Pero no es menos curioso que, desde ese triunfo, no ha ganado de nuevo en EEUU.
"Este es un torneo donde quiero hacerlo bien. Tengo que entrenar y analizar en qué me he equivocado para poder mejorar de cara al resto de la temporada", explicaba después de su eliminación en el US Open. Raducanu ha mejorado su rendimiento esta temporada, logrando subir desde el puesto 200 de la WTA al 72, donde actualmente se encuentra, pero insuficiente para una jugadora que tiene nivel para mucho más. Aunque aquel Grand Slam le hizo más mal que bien.
Emma Raducanu logró hace tres años el sueño de cualquier niño que se acaba de iniciar en el deporte. Con solo 18 años, una completa desconocida, que jugaba uno de sus primeros Grand Slam tras superar la fase previa, iba ganando partido a partido hasta plantarse en la final del US Open. Allí, sin perder ni un solo set de los nueve partidos que disputó, se convertía en campeona tras derrotar a la canadiense Leylah Fernandez. Acababa de romper la historia.