Subir al Kilimanjaro para ser maestra: así salió Garbiñe Muguruza de su montaña rusa
  1. Deportes
  2. Tenis
VICTORIA EN LAS WTA FINALS

Subir al Kilimanjaro para ser maestra: así salió Garbiñe Muguruza de su montaña rusa

La tenista española ha vivido un 2021 impresionante, en el que ha recuperado su juego y lo ha acabado haciendo historia para España. Ahora, está convencida de que 2022 será su año

Foto: Garbiñe Muguruza, con el título de las WTA Finals. (EFE/Francisco Guasco)
Garbiñe Muguruza, con el título de las WTA Finals. (EFE/Francisco Guasco)

Garbiñe Muguruza lo puede gritar alto y claro: ya es historia viva del deporte español. A sus 28 años, puede presumir de ser la primera tenista nacional en ser maestra, tras derrotar por 6-4 y 7-5 a la estonia Anett Kontaveit en el partido por el título de las WTA Finals. Pero para la jugadora nacida en Caracas no ha sido sencillo llegar a donde se encuentra: embarcada en una continua montaña rusa de juego y sensaciones, por fin parece haber llegado a su mejor nivel. A Garbiñe le ha costado encontrar la estabilidad necesaria para demostrar que puede estar entre las mejores. Pero, ahora, ha llegado para quedarse.

Para la actual número 3 del mundo, todo ha cambiado en 2021, después de una travesía por el desierto difícil de asumir cuando parecía que lo tenía todo para triunfar. Muguruza llegó al tenis mundial como un soplo de aire fresco, convritiéndose en la primera gran referencia del deporte patrio tras las retiradas de Conchita Martínez y de Arantxa Sánchez Vicario. Precisamente la primera ha sido fundamental en la recuperación de la tenista que, por fin, parece que ha alcanzado en cénit de su carrera. Ha conseguido olvidar tres años de gran sufrimiento deportivo para recuperar la alegría y mostrar que puede volver a lo más alto.

Foto: Muguruza, tras ganar el trofeo. (EFE/Francisco Guasco)

Profesional desde 2012, los primeros años de Garbiñe dejaban una sensación clara: tenía tenis suficiente para llegar a lo más alto. Con gran derecha, un magnífico revés y un potente saque, tenía calidad y ritmo suficientes en pista como para meterse entre las mejores del mundo. Sería en 2015 cuando mandó un aviso a navegantes: finalista en Wimbledon y Wuhan, semifinalista en Dubái y en las WTA Finals y campeona en Pekín, por fin había una tenista que retomaba el cetro nacional. Habíamos tenido apareciones puntuales, pero Garbiñe parecía que lo tenía todo para ser una realidad que se podía mantener a lo largo del tiempo

Sería en 2016 cuando consiguió su primer 'grande', al conseguir el título en Roland Garros, pero su verdadera consagración llegó en 2017: con solo 23 años, daba un puñetazo sobre la mesa tras conseguir la victoria en Wimbledon ante Venus Williams. Acababa de demostrar que era capaz de adaptarse a todas las superficies, de derrotar a cualquier rival y, por fin, alcanzaba el ansiado primer puesto del ránking WTA, puesto que había ocupado una española por última vez el 11 de junio de 1995, cuando lo logró Arantxa Sánchez Vicario. Garbiñe estuvo cuatro semanas y acabó el año como número 2. Llegaba el momento de su consagración... pero algo se torció.

Era el momento de su confirmación, de demostrar que lo tenía todo para triunfar, para mantenerse en la élite y corroborrar que había tenista para rato... pero su éxito se diluyó como un azucarillo en agua. En tres años, tan solo fue capaz de alcanzar dos finales -eso sí, una de ellas en el Abierto de Australia- y pasó de ser una de las mejores jugadoras del momento a caer al puesto 36 del ránking WTA y abonarse a las eliminaciones en primera ronda. Algo no funcionaba con su entrenador, Sam Sumyk, y decidió romper con todo: acabó con la relación contractual con su técnico y se olvidó del tenis para enrolarse en una expedición al Kilimanjaro.

Algo hizo 'clic' en su cabeza, olvidó sus tres tormentosos años y descubrió que aún había muchos retos por conseguir: "Fue un desafío muy difícil, completamente diferente a lo que hago. Estás subiendo esa montaña y eres solo tú. Realmente me gusta la experiencia de verme en medio de la nada y, sí, solo tener un pensamiento claro: seguir escalando", confesaba en su momento a los medios. Y eso es, realmente, lo que ha aplicado a su tenis. Después de sus idas y venidas, éxitos y fracasos, ¿por qué no pensar solo en el siguiente paso para seguir mejorando? Para ello, solo necesitaba la pieza que cerraba la ecuación: Conchita Martínez.

placeholder FOTO: EFE/Francisco Guasco.
FOTO: EFE/Francisco Guasco.

Convertida en su nueva entrenadora, Conchita la enseñó a confiar en sí misma, a creer en su potencial y, sobre todo, a evitar esa espiral de autodestrucción tan habitual en Garbiñe cuando algo no estaba saliendo como esperaba. En realidad, le abrió la puerta a saber superarse, especialmente en los momentos más difíciles, precisamente lo que ella misma había sido capaz de aprender en el Kilimanjaro. Y así lo ha hecho: en 2021 ha recuperado su juego, su estilo y su mejor estado de forma, que ha sido capaz de culminar con su victoria en las WTA Finals, convirtiéndose en la primera jugadora española en lograr tan ansiado triunfo.

"En general, este ha sido un año muy estable. Bueno, como toda temporada, ha habido alguna lesión y algún torneo que te va mal, pero no ha sido malo. Para mí, ha sido el mejor año emocionalmente. Pese a todas las circunstancias, he sabido llevar mejor los malos momentos y pese a todo he podido jugar cinco finales y levantar tres trofeos. Ha sido todo un éxito", explicaba Muguruza en una entrevista con EFE. Y es que, después de mucho tiempo, ha vuelto a sonreír en pista, a creer en sus posibilidades y a saber que, si esta centrada y juega como ella sabe, no hay nadie en el circuito que sea una rival imbatible para la española.

Ahora, el camino de Garbiñe es claro: le ha costado recuperar la senda ganadora pero, ahora que la tiene, no la piensa perder. 2021 ha sido un año inigualable para la española, en el que ha ganado tres títulos (Chicago, Dubái y las WTA Finals), además de alcanzar las finales de Doha y Melbourne y los cuartos de final de los Juegos Olímpicos. Pero, lo más importante, es que ha recuperado su juego y, sobre todo, su estabilidad emocional en la pista. Acaba el año como tercera en el ránking WTA y con la idea de seguir mejorando: ¿recuperar el número uno en 2022? No solo es posible, sino que es el camino a seguir: a sus 28 años, ha llegado para quedarse.

El redactor recomienda