La deportista a seguir | La 'protegida' de Federer que sueña con triunfar con España
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LA ATLETA DEL MOMENTO

La deportista a seguir | La 'protegida' de Federer que sueña con triunfar con España

Un espacio en el que destacaremos a ese deportista con menos nombre, pero que lo tiene todo para ocupar grandes titulares y que queda eclipsado por las estrellas de (casi) siempre

Foto: Rebeka Masarova, durante el pasado US Open. (Reuters)
Rebeka Masarova, durante el pasado US Open. (Reuters)

Cuando solo era un crío, buena parte de mis veranos los pasaba en una pequeña localidad segoviana llamada El Espinar. Como ya he contado en este mismo espacio en alguna ocasión, allí se celebraba -y continúa a día de hoy- uno de los Challenger de tenis más prestigiosos del mundo, lo que se convertía en un gran atractivo para un aficionado al deporte. El estatus de aquel torneo permitía que grandes estrellas que estaban viviendo sus últimos años de carrera profesional, así como jóvenes que buscaban hacerse un hueco en el circuito ATP, acudieran cada verano a aquellas pistas... donde hace descubrí que estuve junto a una gran leyenda sin saberlo.

Tenía poco menos de 14 años y, como cada año, varios amigos compramos un abono para ver todo el torneo completo. Mañanas y tardes al sol, sentados en las gradas viendo partidos, individuales y dobles; cuando el encuentro no nos llamaba demasiado la atención, acudíamos a ver quién estaba en las pistas de entrenamiento, a las casetas de la zona -nos gustaba especialmente aquella en la que encordaban raquetas- y, por qué no, esperábamos a cruzarnos con algún deportista, al que le pedíamos autógrafos o unas fotos: Emilio Sánchez Vicario, Sergi Bruguera, Alberto Berasategui, Radek Stepanek o el gran Rafa Nadal son algunos de ellos.

Foto: Florian Wirtz, en el partido contra el Ferencvaros de la Europa League. (Reuters)

Pero hubo uno que se me 'escapó'... y cómo me arrepiento. Era 1999 y nos dirigíamos a las pistas para ver la final de dobles. A pocos metros de la entrada, un buen número de jóvenes se hacían fotos con un tenista que tenía solo un par de años más que nosotros. Llegamos a su altura y nos preguntamos entre nosotros: '¿Nos hacemos una foto con él?'. Como nadie le conocía, decidimos no parar y -aprovechando que mucha gente se agolpaba en las puertas- adelantar posiciones y coger buenas butacas en pista, pues no estaban numeradas. Más de una década después de aquello revisando viejos papeles, descubrimos quién era: Roger Federer.

El tenis suizo ha vivido su eclosión en el siglo XXI. Hasta entonces, posiblemente Jakob Hlasek y Marc Rosset fueran los mejores jugadores del país, hasta llegada de tres grandes ganadores: Stan Wawrinka, Martina Hingis y Roger Federer. Ahora, Basilea puede presumir de haber visto nacer a una nueva tenista que está llamada a hacer cosas muy grandes. Tiene calidad, es inteligente en pista y sabe lo que es superar dificultades para luchar por sus metas. Rompiendo con la tradición familliar, decidió perseguir sus sueños agarrada a una raqueta. Y, por si fuera poco, Rebeka Masarova lo hace representando a España.

Con solo 22 años, Masarova es toda una trotamundos. Nacida en Basilea, su padre es eslovaco y su madre española, ambos ligados al mundo de la medicina -él es médico; ella, enfermera; y su hermana se encuentra terminando los estudios de medicina-. Desde muy joven, le llamo la atención el tenis, mundo que le llenó el corazón tras ver a Federer levantar su primer título de Wimbledon en 2003. No necesitó demasiado tiempo para decidir: no apostaría por el mundo sanitario y sí lo haría por el deporte de élite, donde creía que podía tener cualidades para hacerse un nombre y convertirse en jugadora profesional. El tiempo le ha dado la razón. Creció bajo la influencia y los conocimientos de Federer para darse cuenta de que tenía potencial para hacer un gran tenis. La aparición de Roger dio lugar a que Suiza potenciara sus estructuras tenísticas, un paraguas y una protección bajo las que crecen buena parte de las promesas locales que buscan hacerse un hueco en el circuito.

Tenía poco más de 15 años cuando lograba su primer gran éxito, al convertirse en campeona de Roland Garros júnior en 2016. Solo un mes más tarde, debutaba profesionalmente en el circuito WTA, en Gstaad, donde jugaría contra la exnúmero 1 Jelena Jankovic... a la que derrotaría en tres sets. En su primer torneo profesional, daba la campanada, alcanzando las semifinales. Un año más tarde, era subcampeona del Open de Australia de la categoría. Ahora sí estaba convencida de que tenía posibilidades de triunfar en el tenis, momento en el que decidió mudarse a España con el objetivo de mejorar su juego. Era el momento de crecer.

Fue entonces cuando decidió competir por España... pero no todo serían buenas noticias: una rotura de ligamentos en una de sus rodillas le obligó a pasar por el quirófano y, poco después de volver a las pistas, un nuevo problema en uno de sus pies la hizo tomarse las cosas con más calma. Tras recuperarse, fue capaz de ganar cinco torneos ITF individuales y seis en dobles, y ya ha empezado a entrar en la rotación de torneos prestigiosos, donde está llamada a lograr grandes éxitos. Diestra, de gran estatura -1,86 m- y revés a dos manos, destaca por su capacidad para entender el juego, su gran poder desde el fondo de la pista y no dar una bola por perdida.

La pandemia volvió a frenar su trayectoria, momento en el que decidió ayudar a los más desfavorecidos desde una clínica: "Voy tres días a la semana. Trato a pacientes que necesitan cuidados especiales, algunos pueden caminar, otros no. Les ayudo comer, a salir de la cama, a montarse en la silla de ruedas, ir con la silla al baño, les mido la temperatura, compruebo qué necesitan... Algunos necesitan compañía o simplemente hablar", explicaba Masarova. Ya en 2021, su nombre sonó en medio mundo tras ganar el partido más emocionante del US Open ante Ana Bogdan, donde levantó tres bolas de partido -tras llegar allí al superar tres rondas previas-. Ahora, Masarova sueña a lo grande. Y sí, junto a Sander Groen, Federer ganó aquella final en la que no quisimos hacernos una foto con él.

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