Roberto Bautista liquida a un Kyrgios desesperado y sin capacidad de reacción
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En el primer partido de semis (1-6 y 4-6)

Roberto Bautista liquida a un Kyrgios desesperado y sin capacidad de reacción

El español realizó su mejor actuación en la ATP Cup y le sirve a Nadal el punto definitivo de la eliminatoria. Dominó a Kyrgios en todo momento. El australiano, sin ideas. España se pone 1-0

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Roberto Bautista desesperó a Nick Kyrgios y sumó el primer punto para España en las semifinales contra Australia. El castellonense fue una roca desde el fondo de la pista y manejó al de Camberra, número 29 del ranking ATP, a su antojo (1-6 y 4-6). Bautista despató todas las debilidades de Kyrgios, que entró tenso y desconcentrado al partido. La táctica que quiso imponer en el duelo, con bolas lentas al revés del español, no le salió y el indómito tenista fue cayendo poco a poco en una espiral negativa que sacó a relucir lo peor de su personaje: negaciones continuas, contestaciones fuera de tono a su banquillo, que intentó hacerle entrar en razón sin éxito, y raquetazos.

La solidez de Roberto, que es un jugador totalmente diferente al que enfrentó por última vez en Tokio (2015), le sorprendió. Su fragilidad mental le impidió recuperar y volverse a meter en el partido. Bautista le dominó a su antojo, moviéndole de lado a lado y llevando siempre la iniciativa. Un muro. Su momento de forma, unido al alivio en su situacion personal, vaticina un gran año por delante para sus intereses. Posiblemente, y a sus 31 primaveras, el mejor de su carrera deportiva. Roberto hace tiempo que dejó de ser un jugador secundario, ahora es uno de los mejores del mundo, bien instalado en el top 10, y se planta en los encuentros como tal, con mucha confianza.

placeholder Kyrgios, desesperado, lanza su raqueta contra el suelo en un instante del segundo set. (EFE)
Kyrgios, desesperado, lanza su raqueta contra el suelo en un instante del segundo set. (EFE)

Sin respuesta

En el primer set no le endosó un rosco de milagro. Kyrgios empezó a maldecir desde el primer minuto. A los grandes sacadores como él les cuesta digerir una rotura y Roberto se la hizo a la primera oportunidad que tuvo. A partir de ahí, una lección magistral del español, tanto en tenis como en voracidad competitiva. Le comió la moral ocupando todas las zonas de la pista, decidiendo en la red como también le gusta a su oponente, y metiendo restos que Kyrgios no pudo contrarrestar. El australiano corria a derecha a izquierda sin control, sometido a la voluntad del castellonense. Su primer saque directo: en el sexto juego. Lo nunca visto. Como no podía ser de otra manera, se dejó ir al final de la primera manga. Hewitt y sus compañeros en el banco no daban crédito, incapaces de recuperar a un jugador que, durante los descansos, tampoco pareció dejarse aconsejar. Kyrgios estaba ausente y enrabietado. No supo calanizar su frustración en ningún momento, tampoco en el segundo set.

Y eso que empezó a sentir mejor la pelota. A incorporar buenos golpeos a dos manos, fluir con el 'drive' y, sobre todo, soltarse con el saque. De dos servicios directos en el primer parcial, a 11 en el segundo. Su tenis, sin embargo, no fue lo suficientemente sólido como para hacerle daño al español. Roberto le tenía bien estudiado y jugó con su ansiedad y paciencia. Kyrgios rehuía de intercambios largos, pero cuando más agresivo quería ser, más devoluciones precisas y certeras recibía de Bautista, que estuvo a otro nivel. Fuerza sin control, mal binomio. Roberto no tuvo mayores problemas para cerrar el partido. Le bastó con mantener el 'break' a favor. Su alegria, celebrándolo por todo lo alto con Francis Roig y el resto de jugadores, contrastó con la decepción de Kyrgios, que regaló un encuentro nefasto a su gente en Sidney y se retiró hundido a vestuarios. Nadal tiene ahora en su mano darle a España el pase a la final, donde ya espera la Serbia de Novak Djokovic.

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