El manacorí es mucho más que garra

Rafa Nadal no es solo lucha: las otras claves que le han llevado a conquistar el US Open

Con los años, Nadal ha ido desarrollando varios aspectos de su juego que le han permitido alcanzar un tenis más sólido y eficaz en todas las superficies. Desde Roland Garros está desatado

Foto: Rafa Nadal, con su cuarto título de US Open. (EFE)
Rafa Nadal, con su cuarto título de US Open. (EFE)
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La leyenda de Rafa Nadal continúa. Como si fuera infinita, no hay punto y final en esta historia que cada año se agranda más. Da igual que el rival tenga diez años menos y le exija hasta la última gota de sudor, porque igualar el apetito voraz del balear no se mide en tiempo. Por ahí no hay mentalidad en el mundo del tenis tan sólida como la suya. Por edad Rafa podría ser presa, pero siempre acaba disfrazado de depredador. Daniil Medvedev, ahora número cuatro del mundo, lo intentó de todas las maneras posibles, pero Nadal acabó llevándose el gato al agua. El ruso jugó como nunca, haciéndonos disfrutar a todos, pero no le dio para alcanzar la gloria.

Como otros tantos que han intentado doblarle el brazo en Grand Slams. El manacorí es una roca con un cúmulo de vivencias tan grande que hacerle dudar es un reto mayúsculo. A veces no parece ni de este planeta. Medvedev estuvo a la altura de las circunstancias, pero Nadal volvió a ganar, sumó su título número 84, su 19º 'major' y ya ve factible alcanzar a Roger Federer en lo más alto del tenis mundial tras una vida por detrás. Si la salud le respeta, es cuestión de tiempo.

Estas son algunas conclusiones que se pueden sacar de la final del US Open, pero hay más. El éxito de Rafa se basa en un reciclaje constante de su tenis- amansado con mimo durante estos últimos años- y un calendario mejor estructurado. Esta pasada noche contra Medvedev el balear ha sacado a relucir ese tenis que viene aplicando desde hace dos años y que ha alcanzado su cénit este curso, especialmente tras Roland Garros. Vimos una pequeña parte en el Open de Australia, pero posteriormente el español se vio obligado a parar para refrescar sus rodillas. A su vuelta a las pistas fue calentando motores progresivamente hasta el momento actual. La gira americana la abrió llevándose la victoria en Montreal y la cierra ahora con el cetro en Nueva York. La guinda. Solo le queda la Copa de Maestros, trofeo que nunca ha ganado, para terminar de redondear el mejor año de su carrera deportiva. Aquí, las claves que le han llevado a un nuevo éxito en el US Open.

La experiencia

Es la eterna diferencia. Lo que realmente marca el devenir entre Rafa y la mayoría de sus rivales. Más que el juego, su mentalidad. Saber qué hacer en todo momento y no venirse abajo cuando la situación no es cómoda. Rafa es una balsa de emociones. Siempre en paz consigo mismo. Eso, claro, condiciona todos los tramos del partido y hace que la balanza caiga casi siempre a su favor. En puntos de break y puntos de set, el manacorí no suele fallar. Tiene una experiencia y un temple en su depósito muy grande, vasto. Una virtud a menudo compartida por oponentes, prensa y público. Rafa juega su propio partido en la mente del rival. Aunque costó, Medvedev también quedó atrapado por esta especie de hechizo que eleva a Nadal a otra categoría. Thiem ya ha jugado dos finales de Roland Garros contra Rafa y en ninguna de ellas ha llegado a emparejarse. Djokovic es el único que, con Federer y Nadal protagonizando ya duelos míticos, consigió entrometerse y disputarle grandes finales durante muchos años, con constacia y capacidad. Tras él, nadie más. Medvedev ha puesto la primera piedra esta pasada madrugada, pero le queda mucho camino por delante. Es un rival con todas las letras, que duda cabe, pero esta por ver si será capaz de mantener el nivel alcanzado este curso y madurar su juego psicológico. Aún es pronto para despejar la incógnica, era su primera final por un gran título. En los instantes más complicados del encuentro, a Rafa se le vio con una concentración mayor.

Rafa Nadal sube a rematar a la red una bola de su rival. (EFE)
Rafa Nadal sube a rematar a la red una bola de su rival. (EFE)

El saque

Desde 2010, curso en el cual decidió cambiar su empuñadora y hacerla más continental, el saque ha sido una prioridad para Rafa y, desde luego, el aspecto de su juego que más ha mejorado desde que empezara a dar sus primeros pasos como profesional en 2001. Sin ser su golpe definitivo, ahora mismo le ayudar a llevar la iniciativa de los puntos. Dar ese paso adelante, como le pedía Toni Nadal en su momento y que tan bien ha terminado de desarrollar con Carlos Moyá y Francis Roig, sus dos entrenadores actuales. En el momento del saque, Nadal lleva ahora más tiempo la mano por debajo, flexiona menos las rodillas y se mantiene más erguido para incorporarse rápido al resto. La bola, en general, le bota más mordida y alta. Durante el abierto americano ha tenido grandes momentos al servicio. Contra Cilic, de hecho, un extraordinario sacador, Rafa estuvo más acertado, metió más aces y rindió muy bien desde los primeros. En semis contra Berrettini, en cambio, tiró más de segundos saques para llevarse el partido a su favor, como ante Medvedev en los primeros compases del duelo. Luego, eso sí, Rafa consiguió mejorar sus porcentajes de primeros servicios para hacerle daño al ruso. Sufrió algunos pequeños altibajos debido a la tremenda calidad del moscovita, pero en general su línea fue constante. Rafa ha seguido una evolución buenísima en este aspecto que le ha convertido en un tenista más compacto. Otra de las claves de su torneo.

Rafa Nadal ejecuta un saque en el US Open. (EFE)
Rafa Nadal ejecuta un saque en el US Open. (EFE)

El revés

Mucho más profundo y veloz que hace unos años. El balear ha sabido fortalecer otra de sus principales debilidades. Hace unos años Nadal solía renunciar a este golpeo escorándose para soltar el brazo con su drive, pero con el tiempo ha ido mejorando sus apoyos y ganando confianza a dos manos. Gracias al movimiento de su tronco puede abrir muchos ángulos y sorpender al contrario. El revés ha sido una de sus principales armas en el US Open como antes lo fue también en Montreal. Ha efectuado golpes magníficos desde el fondo de pista con él, levantando a la Arthur Ashe. Ya no es solo un jugador consistente con la derecha, cuyo arco es prácticamente imposible de descifrar para los rivales, sino que ya no teme jugarse puntos importantes desde su flanco más vulnerable. En la final contra Medvedev, Rafa intercambió reveses cortados a una mano (buscando el bote bajo) con otros a dos más planos y al fondo de la pista (a media altura). Su táctica funciono porque desquició en numerosos momentos a su rival, sacándole totalmente de ritmo y obligándole a correr hacia delante y hacia atrás. Sin duda, otra herramienta eficaz.

El revés de Rafa es uno de los aspectos fundamentales de su juego. (EFE)
El revés de Rafa es uno de los aspectos fundamentales de su juego. (EFE)

El primer set

Se vio especialmente ante Schwartzman y Berrettini: la primera manga tiene más importancia de la que parece para Rafa. Cogerle frío y aturdido en estos primeros compases es esencial si se quiere tener alguna opción. El argentino y el italiano lo tuvieron cerca, pero el manacorí se acabó imponiendo y eso ya fue un lastre para ellos, para su estrategia el resto del encuentro. Si Rafa se adjudica el primer set a su favor tiene más de medio partido ganado. Es un golpe psicológico importante, sobre todo en Grand Slams. Los rivales se achantan de solo pensar que tienen que levantar una manga perdida y ganar dos más para alcanzar la gloria. Se les hace de noche. Medvedev estuvo muy cerca de obrar una hazaña casi sin precedentes, pues le levantó dos sets en contra, pero se quedó a las puertas, agotado en lo físico y necesitando la ayuda de los fisios para continuar. No es lo mismo correr con el viento a favor que en contra durante más de dos horas. Arrancar bien es fundamental en un 'major'. Rafa no perdió el primer set en todo el torneo y eso, junto a alguna pequeña dosis de suerte por retiradas inesperadas, le permitió llegar más fresco a esta final. A Medvedev se le notaba al límite y es que igualar la intensidad del número dos del mundo es una tarea compleja. Nadal es una trituradora de ilusiones.

El manacorí celebra la consecución de un set en el US Open. (EFE)
El manacorí celebra la consecución de un set en el US Open. (EFE)

La precisión

Donde pone la mira, va la pelota. Rafa ha redudico considerablemente el número de errores no forzados y eso tiene su mérito pues su juego ahora es más directo que antes. La velocidad de sus piernas le permite plantarse delante de la bola con suficiencia, tomándose su tiempo para decidir donde quiere ponerla. Lógicamente, cuanto más potente es el resto o el saque del rival, más le cuesta al manacorí sacar adelante el juego, pero es que su paciencia para escoger el momento adecuado de pasar a la ofensiva es extraordinaria. No le urge nada y cuando el cansancio aprieta siempre parece tener un golpe más. Ante Medvedev fue cocienco los puntos con pausa antes de soltar los latigazos definitivos. El ruso no sabía por donde entrarle en los primeros dos sets. Cuando el partido se equiparó Rafa buscó más la red, subiendo a volear, algo que no veíamos tanto en cursos anteriores. Además, siempre que lo hacía cerraba el punto con autoridad. Concede poco y eso acaba desesperando a los otros jugadores, que precipitan sus movimientos. Las caras de desolación y los suspiros son las imágenes habituales. Nadal sigue siendo un gran pasador, pero a eso le suma ahora un toque de agresividad y un manejo de la situación inaudita. Ni que decir de esos golpes imposibles que le acaban entrando. Brutal.

Rafa Nadal celebra un drive dificilísimo ante Medvedev. (EFE)
Rafa Nadal celebra un drive dificilísimo ante Medvedev. (EFE)

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