"Tengo mucha confianza en mi mismo"

Las lecciones que Novak Djokovic le enseña a Rafa Nadal en tierra batida

El serbio, a un nivel increíble, no dio opciones a Tsitsipas, vergudo del español en semifinales. Su servicio, resto y revés; claves para la consecución de su tercer título en Madrid

Foto: Djokovic besa el trofeo como vencedor del Master 1.000 de Madrid. (EFE)
Djokovic besa el trofeo como vencedor del Master 1.000 de Madrid. (EFE)

Si una cosa ha dejado clara este Mutua Madrid Open es que Novak Djokovic, el número uno del mundo, está de vuelta. El serbio ha activado de nuevo su modo bestia y ha dejado atrás ese halo de cierta desidia con la que había caminado por algunos torneos este año. Si logra Roland Garros, reto para el que está lo suficientemente preparado, completaría el círculo al ganar cuatro Grand Slams seguidos. Además, lo haría por segunda vez en la historia, hito que nadie más ha alcanzado hasta la fecha. Casi nada.

En el lado opuesto de la pista nos encontramos a Rafa Nadal que, tras tres derrotas consecutivas sobre polvo de ladrillo, la superficie que ha dominado con mano de hierro desde muy joven, se siente más señalado que nunca. Rafa sigue un escalón por debajo en cuanto a físico y su juego aún no ha terminado de explotar. Ante Wawrinka en los cuartos de Madrid lució un buen nivel, pero contra Tsitsipas le faltó claridad y, sobre todo, confianza.

“En los momentos de dudas tengo mucha confianza en mí mismo”, dijo Djokovic a los micrófonos de TVE al finalizar el encuentro. No le falta razón y esto es una de las principales diferencias que separan al balcánico del español en la actualidad. Bien es cierto que Tsitsipas se plantó en la final exhausto tras haber participado también en el cuadro de dobles, pero eso no quita el excelente encuentro que le planteó Novak en la Caja Mágica. No hay partido fácil. El griego atacó y lo intentó con determinación, pero Djokovic fue el domingo prácticamente inabordable desde cualquier punto del juego.

Novak, golpeando una derecha ganadora ante Tsitsipas. (EFE)
Novak, golpeando una derecha ganadora ante Tsitsipas. (EFE)

Su servicio, inabordable

Sobre todo, desde el servicio. El serbio no concedió ni la más mínima opción al griego. Estuvo prácticamente perfecto con los primeros, donde buscaba con ahínco el bote bajo al revés del rival. Tsitsipas tiene un buen golpe de izquierdas, pero si la bola le viene a los pies le cuesta horrores volver a subirla, más con su altura, y por ahí Novak atacó decidido. La estrategia no le pudo salir más redonda. Sus envíos fuertes, planos y bien colocados resultaron imposibles. Tsitsipas rara vez encontraba respuestas y, cuando lo hacía, el serbio ya le tenía la pista completamente a su favor, obligándole a defender varios metros por detrás de la línea de fondo.

Con Nadal fue más bien al contrario. Stefanos restó el servicio del balear con comodidad porque, con el aire que sopló sobre la Manolo Santana, los liftados del manacorí apenas cogieron fuerza y colocación. Además, el bote, ligeramente más alto, le permitió al griego lanzar el drive y el revés con muchísima potencia. Si los primeros del balear no entraban, los segundos aún le creaban mayores dificultades al español. Tsitsipas fue inteligente y jugó con agresividad para meterse en pista lo antes posible y evitar peloteos eternos, que corrían en su contra. Nadal, confuso, no supo solventar la situación.

Si Djokovic estuve perfecto al servicio, lo mismo al resto. Tsitsipas arriesgó mucho en los primeros sin demasiado éxito y acabó jugándosela con los segundos. El número uno devolvió los saques de su rival con profundidad y a los pies. Casi siempre tomaba las riendas de inmediato y, cuando no fue así, abrió ángulos buenísimos merced a su gran revés que hicieron correr a su rival hasta desgastarlo. Esto inhabilitó las subidas del griego a la volea, estrategia que le funcionó a las mil maravillas con Nadal, por lo que su capacidad de sorprender quedó reducida a las cortadas que el serbio, por otra parte, leyó siempre con clarividencia. Stefanos, de hecho, se precipitó en más de una ante la dificultad de encontrar huecos. Djokovic introdujo dudas en el griego sobre como posicionarse sobre la arcilla y acabó pasándole por encima.

El serbio, girando el tronco para soltar su temido revés cruzado. (EFE)
El serbio, girando el tronco para soltar su temido revés cruzado. (EFE)

Bola a media pista, otra clave

El acierto de Nole le permitió imponerse de igual manera en las bolas a media pista, territorio comprometido. Mientras que en el día anterior Nadal dejó caer mucho la pelota y no fue capaz de soltar el golpe con fluidez, Djokovic acribilló a Tsitsipas a la mínima ocasión. De manera plana, pero veloz. Soltó el drive con precisión de francotirador y desesperó al griego. Nadal, que no suele fallar cuando abarca pista, no sumó una racha notoria de golpes ganadores desde esa posición y acabó notándolo. Le faltó confianza y sensaciones en esos derechazos y echó por la borda sus subidas a la red.

Por otro lado, tampoco estuvo fino con su revés. Tsitsipas le restó con mucha inteligencia, pues procuró no abrir demasiado ante el mejor cruzador del planeta. Contra Djokovic no le quedó otra porque, con los pies bien anclados en el suelo, el serbio se mostró compacto. Le movió hacia los extremos, pero el número uno siempre tenía el brazo preparado, como por arte de magia. Por si esto fuera poco, su excelente golpeo a dos manos siempre allanaba el camino. Nadie en el circuito gira el tronco como él para golpear de esa manera. Sin embargo, a Rafa le faltó cierta agresividad con su revés, que rara vez era definitivo, y no encontró ventajas. Lo intentó, pero al final no le quedó otra que recular y escorarse para buscar su drive.

Son detalles. Es evidente que cada uno tiene su forma de jugar y ambas son excelentes, pero dependiendo de las circunstancias conviene adaptarse y en eso a Novak siempre se le ha visto ágil y mejor. En este momento, la superioridad del serbio sobre el resto de rivales del circuito es notable en cualquier superficie. Nadal tendrá que trabajar mucho para poder plantarle cara esta temporada y Francia no espera ni a la más grande de sus leyendas.

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