se impuso en una hora y 47 minutos

Rafa Nadal arrasa a Tiafoe en el Open de Australia: a los niños todavía les queda...

Rafa Nadal se ha plantado en semifinales del Abierto de Australia sin ceder un set, con un nivel de juego altísimo. En la siguiente ronda le llega otra figura ascendente, Stefanos Tsitsipas

Foto: Nadal, tras vencer a Tiafoe. (ReuterS)
Nadal, tras vencer a Tiafoe. (ReuterS)

Bip, bip, bip, bip. Como si de una maquinita se tratase, Nadal tiene programado empezar cada set agresivo, fiero. Frances Tiafoe, un niño que nunca se ha visto en una de estas antes, responde con normalidad, asustado. El resultado, obvio, Rafa rompe el servicio de su rival en la primera ocasión de cada parcial y pone una ventaja en el marcador que con el paso de los demás juegos se demuestra insalvable. Ese primer martillazo marca el resto del juego, el estadounidense lo intenta, pone en ocasiones a Nadal en situaciones adversas pero nunca termina de cazarlo. Él siempre se escabulle. Tras una hora y 47 minutos, no hay dudas, en semifinales del Open de Australia está Nadal (6-3, 6-4 y 6-2).

Parece fácil, claro, porque el que lo está haciendo ha ganado 17 grandes en su carrera y hasta en las tribus más recónditas del océano Pacífico conocen su leyenda. No lo es, en absoluto, tener en el brazo izquierdo una calculadora que somete al rival cuando quiere y como quiere está muy lejos de ser algo previsible, es una anomalía, por más que Nadal lo haya repetido en tantas ocasiones que, de algún modo, ha dejado de sorprender. Está ya en semifinales, donde se enfrentará a Tsitsipas. No ha perdido todavía un set y no ha sufrido prácticamente en lo que va de torneo. Ha disputado algún que otro 'tie break', pero por lo general, no hay color, va desarmando adversarios como si fuesen evanescentes.

Ahora aparenta ser un favorito, el favorito quizá, pero eso solo lo hemos podido descubrir en Melbourne. Las semanas previas eran de caras largas, no se puede pensar bien cuando la preparación está trufada de lesiones y dudas. El tiempo ha cambiado a Nadal, probablemente para bien, y estas cosas ya se asumen como algo inherente al personaje. Las modificaciones no tienen solo que ver con las sensaciones, son algo más profundo. En el pasado, Rafa necesitaba un rodaje importante, era el jugador que más se entrenaba y comparecía en torneos que no tocaban porque era su manera de entender el juego, tenía que llegar a los grandes con kilómetros recorridos, ya adaptado a la pista.

Ir con menos entrenamientos

La vida le ha llevado ahora a otros caminos y él se ha ido adaptando. Ahora puede llegar a Melbourne con los entrenamientos justos, sin competición en las piernas, y a ejercer como un huracán en temporada alta. Sus rivales no le encuentran fallas porque no las tiene. Está más agresivo que en los meses previos a la lesión, fortísimo desde el fondo, como siempre fue, y muy consistente tanto en el saque como en el resto. Descubrir a Nadal ahora no tiene sentido, su larguísimo historial recuerda que es uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, una apisonadora con un tenis tremendo. Se le asimila como un guerrero, por su resistencia, por los músculos y las camisetas sin mangas, pero muy por encima de eso hay un tenista contundente, con un arsenal de golpes ilimitado y una capacidad para burlar a los rivales prácticamente nunca vista.

Tiafoe, que es consistente y tiene futuro, intentó mover a Nadal, sorprenderle con algunas dejadas y variar el juego. En todas las tácticas, sin excepción, terminaba sucumbiendo, en ocasiones porque Rafa las adivinaba antes de la puesta a punto, en otras porque, simplemente, no tiene el americano la regularidad suficiente para aguantar ese pulso. Cada vez que se asomaba por la red, perdía, cuando el intercambio subía de ritmo, caía, y así una y otra vez. No es culpa suya, ha hecho el mejor torneo de su vida y lo normal es que en el futuro se mantenga como uno de esos nombres que aparecen semana tras semana en los puestos altos del ranking mundial. Todo será más fácil cuando los colosos se retiren. Que en algún momento ocurrirá.

De momento, y hasta que se demuestre lo contrario, son los jóvenes los que están en desventaja. El siguiente es Stefanos Tsitsipas, que es buenísimo, completísimo, dificilísimo y probablemente va a dormir estos días un poco peor pensando en lo que se le viene encima en las semifinales. Se vieron dos veces el año anterior y en ambas Nadal le retiró de la pista sin mayores dificultades. Tiene muy buena pinta, pero no deja de ser un proyecto. Ha hecho un torneo brillante, eliminando a Dimitrov o Anderson, pero claro, ninguno de esos nombres corresponde al de una leyenda.

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