se enfrentarán en cuartos de australia

Frances Tiafoe, el hijo del minero de Sierra Leona que planta cara a Rafa Nadal

Los padres de Frances Tiafoe emigraron desde Sierra Leona a Washington por la Guerra Civil, el consiguió un empleo en el mantenimiento del club y allí su hijo vinculó su futuro a la raqueta

Foto: Frances Tiafoe, en Melbourne (Reuters)
Frances Tiafoe, en Melbourne (Reuters)

En su adolescencia, Constant Tiafoe trabajó en una mina de diamantes, quizá la labor más dura posible. En la Sierra Leona de finales de los ochenta las opciones de un individuo para progresar eran más bien escasas. Estalló la Guerra Civil, una de las más cruentas del occidente africano. Ahí, de algún modo, empieza la historia de Frances, que jugará en cuartos de final del Abierto de Australia contra Rafa Nadal. Es improbable que en el circuito de tenis se encuentre un punto de partida más desfavorable, y casi imposible que Constant, en algún momento, imaginase que un día estaría en Melbourne viendo a su hijo enfrentarse a una leyenda del tenis en la segunda semana de un grand slam. Es más, en aquel tiempo es posible que ni siquiera el tenis formase parte de su vida. Pero eso también estaba cerca de cambiar.

La guerra empujó a los Tiafoe a buscarse la vida en otro lado. Emigraron a Estados Unidos, primero Constant, tres años más tarde su mujer, Alphina. En 1998 nacieron los gemelos, Frances y Franklin, en una familia en la que la necesidad estaba presente en todos los movimientos. El padre hacía pequeños trabajos tratando de que los suyos saliesen adelante. Un año más tarde se enroló en el equipo de construcción del Junior Tennis Champions Center, un complejo vinculado a la universidad de Maryland en el que las élites iban a mandar a sus hijos a aprender el deporte de la raqueta. Era el único negro y se desempeñó desde el primer día como si le fuese la vida en ello. Tanto fue así que, al terminar las obras, y vista su destreza para las más diversas tareas, los dueños le ofrecieron que se quedase con el mantenimiento del complejo.

Y así empezó su trabajo, de sol a sol, limpiando pistas, recogiendo cubos de basura, arreglando los desperfectos que pudiesen ocasionarse. Le entregaron también una pequeña habitación a la que se trasladó a vivir con sus hijos mientras su esposa se quedaba viviendo con familiares también en los alrededores de Washington. El espacio no daba para más, pero consideraron oportuno que los niños, que solo tenían tres años, se quedasen en ese ambiente selecto, lejos de los peligros que encontraban en el barrio en el que vivían. Por y para el tenis.

El tenis le eligió a él

Con los 21.000 dólares que cobraba Constant por su labor hubiese sido imposible que costease los precios que se requieren en un lugar así, cercanos a los 30.000 dólares anuales. Pero claro, Frances y Franklin ya estaban por allí y pronto empezaron a corretear por las pistas, a ver más tenis del que cualquier niño ha podido ver. Se aficionaron al deporte y con cuatro años les dejaron unas raquetas. Jugaban día y noche, con todo aquel que quisiese pelotear con ellos. Fueron creciendo y, a los 12 años, Frances entendió que su futuro iba a ser glorioso y que viviría de ser tenista. Es una profecía aventurada para cualquiera, más todavía para un niño que ni siquiera había entrado en la adolescencia, pero tampoco es que la vida le diese muchas más oportunidades. Estaba creciendo en el ambiente más rico siendo muy pobre, y eso genera circunstancias un tanto especiales.

Cuando tenía ocho años el club contrató a otra persona que sería fundamental en su vida: Mikhail Kouznetsov. Era, en principio, poco más que un entrenador del prestigioso club, pero pronto tomó cariño a esos dos hermanos que correteaban por las pistas del arrabal de Washington. No solo les dio clases, cosa que ya hacían otros por allí, sino que les proporcionó material y les acompañó y pagó las tasas de algunos torneos cercanos. Ser tenista profesional implica una inversión importante en los inicios y para eso el técnico iba a ser clave.

El niño fue creciendo poco a poco y, desde muy muy joven, dando muestras de que en esos brazos había material para construir un gran tenista. Con 14 años ya era motivo de curiosidad en Estados Unidos, con grandes reportajes sobre él en los principales medios de comunicación del país. Acababa de ganar Les Petit As, uno de los torneos infantiles más prestigiosos, también la Orange Bowl, que reúne a muchas de las mejores promesas del mundo. No solo es que fuese bueno, que era evidente, sino que era estadounidense y eso, en este caso, es importante.

Serena Williams es quizá la mejor tenista de todos los tiempos, pero en esta última década los cuadros masculinos se han visto huérfanos de jugadores estadounidenses. En otro tiempo eran mayoría, las grandes estrellas eran siempre de allí, pero desde Roddick no sale un campeón de grand slam. Tiafoe se encontró desde el primer momento con una tonelada de expectativas, fue el primer tenista estadounidense en lograr la Orange Bowl y la Easter Bowl desde que lo hiciese McEnroe en 1976, el más alto en los ránkings, el más precoz. En un entorno yermo, la esperanza.

Sabe jugar en tierra

Frances Tiafooe tuvo, como es normal, sus subidas y bajadas hasta llegar a este punto, en Melbourne, en el que se enfrentará a Rafael Nadal en los cuartos de final. Este domingo cumplió 20 años y ya está entre los 40 primeros del mundo, lo mejor está por venir. En febrero del pasado año ganó su primer título de ATP, en Delray Beach ganando a Del Potro, Hyeon Chung y Shapovalov. Una ascensión de mérito en un jugador que todavía era un niño asentándose. Aunque, quizá, fue más espectacular lo que le pasó unos meses después.

Fue en Estoril y llegó a la final. El maestro de ceremonias le tuvo que ayudar a abrir la botella de champagne, porque él no sabía hacerlo solo. "Tengo que mejorar esto, lo tengo que mejorar", decía el joven entre risas. Perder una final es, en principio, menos impresionante que ganarla, pero hay que tener en cuenta que era un estadounidense sobre tierra y de solo 20 años. Con esa edad, no llegaba ningún compatriota a una final en arcilla en Europa desde que lo consiguiese 28 años antes un jugador llamado Andre Agassi.

Que los americanos están peleados con la tierra batida está muy lejos de ser un secreto, pero Tiafoe está ahí para tratar de revertir la tendencia. Es un jugador muy sólido que, a diferencia de muchísimos compatriotas, no ve en defenderse un desdoro. Si tiene que plantarse en la línea y responder una y otra vez no se pone de los nervios, tiene el poso suficiente para no intentar un zambombazo, cualidad notable poco común en el tenis de su país y que le ha convertido en una esperanza cada vez más real para un tenis que necesita ídolos que hagan remontar las audiencias de los grandes torneos. Es, también, un producto por terminar, que igual se marca un partido muy ordenado que se pierde y no se encuentra. El encuentro contra Nadal será, sin duda, un gran acontecimiento. Es la primera vez que se enfrentan. Para llegar ahí ha tenido que eliminar a gente importante, como Dimitrov, Seppi o Kevin Anderson.

"¡Qué se prepare!", decía Tiafoe medio en broma, medio en serio, tras concluir su partido contra DImitrov, el punto más alto en grand slam en su todavía incipiente carrera. Es una bravuconada de un chico que se está haciendo famoso con una celebración que replica a LeBron James, una locura en la que pide silencio, enseña el bíceps, y se golpea el pecho con la camiseta quitada y mostrando músculos. Una pequeña bravuconada de un chico que está donde su padre nunca pensó que llegaría a verle. El tenis le eligió a él.

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