se impuso a la suiza por 7-6 y 6-2

Muguruza, el daño de bajar en el ránking y la espía Conchita que la espera en octavos

Garbiñe Muguruza venció con facilidad a Bacsinszky y ahora se enfrentará a una de sus rivales más temidas, Karolina Pliskova. Su bajo ránking le plantea duelos de altura algo prematuros

Foto: Muguruza celebra su victoria contra Bacsinszky. (Reuters)
Muguruza celebra su victoria contra Bacsinszky. (Reuters)

Timea Bacsinszky fue un estorbo menor en la línea de Garbiñe Muguruza. La jugadora suiza tuvo sus días de gloria, pero lleva un tiempo algo perdido. Aun así, tiene tenis para plantarse en primera ronda y llevar a su rival al desempate en el primer set. Ahí Garbiñe da un paso adelante, saca de la pista a Bacsinszky y abre la puerta a un segundo parcial cómodo que la coloca en octavos de final. Ha ganado ya dos partidos más que la pasada temporada y eso, aunque todavía poco para una jugadora de su nivel, empieza a ser importante. Entre otras cosas porque necesita, urgentemente, subir en el ránking mundial.

El ránking es importante por muchas cosas, pero hay una por encima de todas las demás, y es que cuanto más alta estés en el listado más tardan en aparecer rivales de entidad en tu cuadro de los grandes torneos. El problema de ser la décimo octava del mundo es que, como ocurre en esta ocasión, te puedes encontrar antes de tiempo a una jugadora como Karolina Pliskova. Una jugador que, como tú, es potentísima. Que, como tú, fue número 1 del mundo. Que, como tú, esta llamada a ser una de las jugadoras importantes del circuito, más todavía en estos tiempos de indefinición.

Peor todavía, llegas a la cuarta ronda y aparece una tenista que es lo más parecido a la kryptonita para Garbiñe Muguruza. Nueve veces se enfrentaron, siete terminó la cosa con derrota de la española. Pliskova pertenece al género tenístico que más desquicia a la caraqueña, es una pegadora inmensa con un saque potentísimo y que entiende el juego como un tránsito fugaz, cuanto menos golpes, mejor; cuanto menos tiempo en la pista, mejor. Fue finalista en Estados Unidos, pero su historial está algo por debajo de su tenis. Sus lagunas, sin embargo, no son las mismas que las de Garbiñe. A ella no le falta concentración, le sobran algunos defectos.

El principal tiene que ver con la movilidad, y es que la checa sufre un poco cuando tiene que ir por detrás de la bola. Su modo de combatir eso suele ser con un martillo y un tiralíneas, pero no siempre las rivales se asustan ante eso. A Muguruza tampoco es que le encanten los peloteos largos, alargar las jugadas, pero contra Pliskova va a necesitar algo de eso si quiere avanzar en el torneo, sacar algunos puntos más y empezar a subir en la lista mundial. Garbiñe es peor sacadora que su rival, sorprende de hecho que con su físico no sea capaz de más en esa faceta, pero fuera de eso es capaz de equipararse en casi todo con su próxima rival, incluso superarla cuando coge ritmo y empieza a pelotear.

Conchita, ex y rival

Se conocen bien, muy bien, porque tienen edades parecidas y un pasado común. Han jugado muchas veces juntas y reconocen sus carencias y virtudes. Todavía más ahora, porque Pliskova contrató el pasado mes de diciembre a Conchita Martínez, una asociación que tiene toda la lógica del mundo por todo lo expuesto anteriormente. A la checa le falta movimiento lateral e intuición para jugar cuando el punto se alarga y, en todo eso, pocos la podrían ayudar mejor que Martínez, que por sus características era pura maestría en el desplazamiento y que, además, ha demostrado sobradamente ser una muy buena entrenadora.

Una de las que mejor puede decirlo es, precisamente Garbiñe Muguruza. Aunque la hispanovenezolana haya terminado quedándose con Sam Sumyk, siempre elogió su trabajo con Conchita. La visitó en periodos de tiempo concretos, para ayudas específicas. Ayudó a calmarla y a conseguir algunos de sus mejores resultados en el tenis. Con ella aprendió a desplazarse mejor, a ocupar mejor la pista y aprender los momentos en los que la agresividad es un valor y no una carga. Ahora la tendrá enfrente y Martínez podrá contarle a Pliskova todos los secretos de Garbiñe, aunque en realidad, cuando ya has jugado tantas veces como estas dos tenistas, queda más bien poco por descubrir.

Se ponen las cosas difíciles, no cabe duda, y desde aquí cada paso será más complejo. Primero Pliskova, después la ganadora del encuentro entre Serena Williams y la número 1 del mundo, Simona Halep. Un cuadro complicado pero ganado a pulso, sin Muguruza no se hubiese pasado meses en la irrelevancia no hubiese descendido tanto y ahora, quizá, el panorama estaría algo más despejado. No hay espacio para el lamento, tampoco es probable que a la checa le haya hecho mucha gracia encontrarse en los octavos de final con una jugadora que, en condiciones normales, debería estar entre las ocho mejores del mundo. SI vuelve su tenis, como parece que está haciendo, lo estará.

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