un VIAJE por la montaña fue clave

El drama de Djokovic: "Le dije a mi familia que no quería jugar más"

Novak Djokovic ha pasado en unos meses de no verse jugando al tenis más a volver por la senda de los éxitos, ganar en Wimbledon y en el US Open y amenazar el número 1 de Nadal

Foto: Djokovic, en un acto reciente. (EFE)
Djokovic, en un acto reciente. (EFE)

Solo el tiempo es capaz de convertir drama en comedia. Novak Djokovic hoy es un hombre feliz, probablemente termine el año como número 1, ha igualado a Sampras en la historia tras ganar, seguidos, los grand slam de Wimbledon y Estados Unidos. Una posición idílica, casi inmejorable que hace solo unos meses parecía absolutamente imposible. No es solo que perdiese con frecuencia y no estuviese en su mejor versión, es que se disponía a cortar el hilo que todavía le ligaba con el tenis profesional. "Le dije a mi familia que no jugaría más".

En ese punto estaba la cabeza de Novak Djokovic, recién operado del codo y completamente perdido en su carrera. Había cortado con su entrenador, buscaba alternativa y su entorno deslizaba que el número 1 ya no estaba interesado en serlo, que para mantenerse en la cumbre hay que hacer un trabajo que en ese momento a él le pesaba demasiado. "Los meses después de la cirugía pasé por muchas emociones y pensamientos que no fueron los más brillantes", asume hoy, con ya todo superado, en una televisión serbia.

"No me avergüenzan esos momentos, una parte de mi sabía que existiría el momento en el que volvería al éxito, ganaría un grande y sería de nuevo número 1". Djokovic podía pensar en todo aquello conociendo que el potencial es enorme. Es uno de los mejores jugadores de todos los tiempos y en él esa incertidumbre no existía. Si antes lo había conseguido, no había motivo para pensar que no lo podría lograr de nuevo. Además, tanto Nadal como Federer habían pasado antes por circunstancias similares, periodos de ineficiencia seguidos de portentosos éxitos.

La montaña y su mujer

Es curioso, antes no había vuelta atrás, el tenis era un deporte de jovencitos que cuando se agotaban no tenían recarga. Llegaba otra remesa de jugadores que intentaban poner el listón más alto que los anteriores. Así una y otra vez hasta que llegó el presente, con sus tres colosos. Y resucitaron. El proceso de Djokovic, el último de todos, fue por delante de lo esperado. "En abril me senté con mis preparadores y acordamos una estrategia. En ese plan, quería estar de vuelta a tope para el US Open". Se equivocó, unos meses antes de eso volvió a ser el mejor de todos. "Jugué la final de Queens", y ahí fue donde se dio cuenta de que la receta estaba lista.

Volver, con todas sus dificultades, es importante para alguien que tiene una ambición colosal. "Durante dos años y medio o tres no ganaba un grande, estaba como tres o cuatro del mundo, pero para mí no era suficiente. No estaba satisfecho", señala ahora Djokovic.

En estos procesos siempre hay una parte física, que en el caso de Djokovic tuvo que ver con el hombro, y otra anímica. Los jugadores, en determinado momento, pierden las motivaciones o la fe, se encuentran con vicisitudes a las que no están acostumbrados, pues en este tipo de jugadores, tan potentes, la costumbre es siempre ganar, siempre crecer, nunca parar. Entender que eso no siempre es así es importante, y al serbio le ocurrió en un viaje con su mujer por las montañas. Cinco días bastaron. "Ir a la montaña con ella fue excelente", recalca.

Djokovic había tenido un hijo no mucho antes, y quizá por eso también su mujer fue clave en el proceso. "Después del embarazo ella no tenía tiempo para mí, y no podía estar ya en los entrenamientos, pero igualmente escaló conmigo durante cuatro horas, estuvimos más cercanos y logramos una relación todavía más fuerte", recuerda hoy Djokovic. "Me llenó de orgullo y de fuerza, nos hizo estar más juntos que nunca, ese fue el momento en el que todo volvió a su ser".

Tenis

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios