CARRERA POR EL NÚMERO 1 ANTE DJOKOVIC

La vuelta de tuerca de Rafa Nadal para ser como Roger Federer

Rafa Nadal y Novak Djokovic se embarcan en una última 'pelea' en 2018: la carrera por terminar como número 1 del mundo. Normalmente no se llega con tan poca diferencia a octubre

Foto: Djokovic y Nadal, en un evento reciente. (Reuters)
Djokovic y Nadal, en un evento reciente. (Reuters)

El tenis no ha terminado todavía, aunque es comprensible cierto hastío a estas alturas de la temporada. Desde enero llevan dando raquetazos y, aunque sería mentir decir que queda lo mejor, sí que es cierto que lo que resta de temporada es también significativo. Es verdad, no restan ya grandes por adjudicar, pero a mediados de octubre, y a diferencia de lo que es habitual a estas alturas de temporada, no sabemos quién se convertirá en el mejor jugador del año, el que termine con el número 1 de la clasificación mundial al finalizar la temporada.

Normalmente se conoce ya, pues han pasado los cuatro grandes y ocho de los nueve torneos del Master 1.000, muestra suficiente para que el mejor de todos se haya distinguido de la mayoría. Pero esta temporada no es como las demás, es difícil encontrar un dominador sino varias estrellas universales que han tenido rachas en las que todo parecía salirles a pedir de boca pero que, en otros momentos, no han parecido tener el mismo dominio.

La cosa, después de todas las idas y venidas, ha quedado reducida a dos nombres: Rafael Nadal y Novak Djokovic. La distancia actual es mínima, solo de 215 puntos: el español suma 7.660 y el serbio 7.445. La diferencia es todavía menor si se tiene en cuenta que el Djokovic no tiene nada que perder en lo que resta de temporada, mientras que el español ganó 180 puntos en París la pasada temporada que desaparecerán si no es capaz de igualar o mejorar sus cuartos de final en ese torneo este año.

Es poco, en todo caso, porque el final de la pasada temporada también fue complicado para Nadal. De hecho, lo que hacen 12 meses, pues Djokovic se encontraba en aquel momento tratando de recuperarse de algunos problemas físicos, era un jugador borrado del mapa, de quien poco se esperaba ya. Como también antes habían hecho Nadal y Federer, el serbio demostró que nunca se debe menospreciar a los genios, que siempre vuelven a raquetazos porque quien conoce el camino está siempre más cerca de volver porque, al fin y al cabo, ya conoce el camino.

Nadal, con el trofeo de Shanghái. (EFE)
Nadal, con el trofeo de Shanghái. (EFE)

La resurrección de Djokovic

La temporada de Djokovic está siendo sorprendente, primero por ser capaz de volver a su nivel, después porque, una vez consiguió retomar el tono, ha vuelto a ser el jugador tremendo que en las últimas temporadas se convirtió en el mejor de todos los del circuito. Cuando Novak está bien, dicen, es completamente imparable. Y lo ha demostrado consiguiendo cosas que los demás no han logrado. Es, por ejemplo, el primer ser humano que ha ganado todos los torneos de máster 1.000, los cuatro grand slam y también la copa de maestros del final de la temporada.

Djokovic es el favorito, claro, porque en los últimos meses no hace más que ganar. Su victoria en Shanghái le lleva a haber ganado los tres últimos torneos importantes disputados, Cincinnati, Shanghái y, por supuesto, el US Open. Su victoria en Nueva York, además, le colocó como el jugador que más grandes ha vencido este año, pues también se impuso en Wimbledon. En Londres fue en el primer lugar en el que se le vio realmente suelto, con el juego plenamente afinado. Es cierto que, para ganar en semifinales a Nadal, tuvo la suerte de jugar bajo techo y que sudar tinta, pero tampoco se esperaba otra cosa, ganar a Nadal es una de las mayores dificultades del deporte mundial.

Va embalado, en China, esta semana, ha aprovechado para minusvalorar la Davis de Piqué y para llevarse el torneo sin perder un solo set. Es cierto que, a estas alturas de la temporada, a casi nadie le sobran las fuerzas, que es más fácil ver como los que están frescos alcanzan las rondas finales sin casi despeinarse. En todo caso, ha ido sumando victorias excelentes, como ese partido contra el niño Zverev, el futuro de todo esto, en el que le dejó en solo tres juegos ganados.

Con este pasado reciente tiene que batallar también Nadal. La última recta de la temporada nunca ha sido su favorita, más bien al contrario, por unas cosas u otras Rafa, en otoño, se ha convertido en un tenista más, no tanto como uno vulgar, eso nunca está entre las opciones con él, pero sí incapaz de ganar los torneos importantes de esta zona del año. Nunca ha ganado en Shanghái -sí lo hizo en Madrid cuando se jugaba en octubre-, tampoco en París, donde lo más que ha sido es finalista y, por supuesto, nunca ha vencido la copa de maestros. Esa es, probablemente, su mayor ausencia en el historial, no haber logrado el torneo final del año.

Nadal, en el US Open. (EFE)
Nadal, en el US Open. (EFE)

Nadal, todavía más delgado

Son varios los motivos que ayudan a entender por qué un jugador como él, tan dominante, se convierte en uno más a final de la temporada. El primero, el principal quizá, se repite esta temporada: siempre anda algo falto de gasolina. Nadal, en su carrera, ha tenido un par de lesiones graves, inhabilitantes, pero más allá de eso, ha ido encadenado temporada tras temporada una serie de dolencias casi crónicas que al final del año duelen mucho más que en los meses previos.

Esta temporada, un poco más de lo mismo. En el US Open resurgió la lesión y lleva semanas sin competir. Se le ha visto en fotos recientes, claro, ha dado la vuelta al mundo esa en la que desagua un taller en Mallorca en medio de las riadas. En las fotos, por cierto, parece todavía más delgado que en los meses previos, que ya de por sí estaba más fino que en temporadas anteriores. Es normal, su evolución en ese sentido es clara desde los inicios de su carrera, se ha visto en la necesidad de rebajar el peso para darle a sus articulaciones menos problemas. Eso, en todo caso, no le ha limitado como jugador, solamente le ha hecho evolucionar.

Hay otro factor importante para entender los resultados de Nadal en estos últimos torneos del año, y es que su juego es claramente inferior en superficies muy rápidas y, sobre todo, bajo techo. La bola va más rápida y vuela baja, factores que Nadal, un superjugador nacido en la tierra batida, considera más que nada un engorro. El hecho de encontrarse una superficie adversa en el que es siempre su peor momento del año ha determinado sus resultados en esta última fase de la temporada.

El reto de ser el número 1 del año tiene un componente especial, y es que el que lo consiga de los dos igualará a Federer y a Connors con cinco veces como mejor jugador de la temporada. Solo Sampras tiene más, pues el estadounidense de origen griego lo logró seis años. Su dominio fue menos intenso que el ejercido en el tenis por Nadal, Djokovic o Federer, pero sus rivales tampoco estaban a esta altura. Por todo ello consiguió ser número uno todas las temporadas entre 1993 y 1998.

Ese es el reto. El primero, ver si las rodillas de Nadal están a la altura de las circunstancias. Después, y solo cuando eso quede claro, pensar si, esta vez, Rafa es capaz de cambiar el rumbo de lo que es habitual. No sería tan extraño, de sobrepasar las expectativas se ha construido su carrera.

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