lille también tiene opciones

La Copa de la Davis de Piqué es solo el inicio de la próxima gran guerra del tenis

La ATP anunció hace semanas un torneo similar a principios de año. Los dos no podrán sobrevivir. La ITF baraja Madrid como sede del nuevo torneo en 2019, su primera edición

Foto: Nadal, jugando con España en la Davis. (Reuters)
Nadal, jugando con España en la Davis. (Reuters)

De repente, todos se dieron cuenta de que la Copa Davis era un moribundo que necesitaba de un cambio drástico para sanar. Y eso que la competición, durante décadas, fue uno de los emblemas del tenis, un torneo con carisma, deseado por todos, uno de los primeros en demostrar que el tenis era un deporte global, mucho más que otros. Ya hace tiempo que no, los jugadores intentan no disputarla, cuando lo hacen la critican, ya no acostumbran a los cinco sets, ni a los cambios drásticos de superficie ni, especialmente, a tomar parte en una competición que les da escasas ganancias monetarias.

Como por arte de magia, aparecieron por todas partes salvadores de la competición. O de la idea de seguir compitiendo por naciones. Por un lado la ATP, a la que nunca le gustó la Davis porque se sale de sus dominios. Así que hace unos meses anunció, sin más preguntas, que en enero iba a hacer una Copa del Mundo por países, en Australia, y que iba a pagar mucho dinero a los jugadores para que ellos estuviesen presentes. La ITF, propietaria de la Davis, vio aquello como una estocada a su competición, pues la idea de la ATP iba a ser utilizada por los tenistas para decir que ya representaban a su país en un torneo y que la ensaladera era redundante.

Así que ahí, después de años cerrados en banda, comenzaron a escuchar propuestas. La mejor venía de la mano de Gerard Piqué, que ofrecía, junto a un grupo inversor, un dineral a cambio de hacer la Copa Davis en una semana, en una especie de todos contra todos realmente parecido al presentado por la ATP. Gentes diferentes llegando a soluciones parecidas. Quedaba por ver cómo se les vendía todo esto a las federaciones nacionales, que tenían toda la pinta de terminar perdiendo en este intercambio.

Porque antes, cuando la Davis era una competición ambicionada, las federaciones llenaban sus arcas haciendo alguna eliminatoria en casa cuando tocaba. Hubo un tiempo en el que aquello supuso el principal ingreso de aquellas grandes, pero no lo suficientemente grandes para organizar uno de los cuatro torneos del grand slam.

En muchas ocasiones las federaciones han pasado por ser las malas. No hay nada menos atractivo que un presidente federativo. Ahora bien, igual no está de más no comprar sin más el discurso de que son unas gorronas, de que usurpan a los jugadores, que casi no cobraban por la Davis mientras estas se hacían ricas. Aunque solo sea porque de ese dinero se sacaban becas, y centros de alto rendimiento. Porque de ese dinero de la Davis salía también el que apoyaba a los jóvenes que, en algunos casos, se convertían en esos jugadores que años después disputaban la Davis 'pro bono'.

Dos competiciones iguales

Ha costado que saliese adelante. El proyecto, que en principio era solo una semana de tenis a vida o muerte, se ha transformado. Ahora hay unas eliminatorias previas en febrero, para que los países sigan teniendo eliminatorias en casa y, de algún modo, salvaguardar esas esencias de juego de cancha, con la afición volcada. El tenis de equipos en contraste con el tenis normativo, el que se ve todas las semanas en el circuito.

También han tenido que asegurar un buen dinero para las federaciones. En el caso de la española, que ha votado a favor del cambio, le han añadido el caramelo de que se pueda jugar en Madrid. Es una de las dos opciones, la otra es Lille. Dos federaciones grandes que, en principio, podrían ser reticentes al movimiento. El torneo de Madrid, por cierto, está que trina, no quiere de ningún modo que sea en España porque, de algún modo, opacaría su poder dentro del tenis nacional.

Salió adelante, también porque desde la ITF estimaron que era la solución correcta, y tenían peso suficiente para sobrepasar rechazos tan importantes como el de la federación inglesa. Y ahora, de repente, nos encontramos con dos campeonatos del mundo similares, con premios importantes, por países, separados tan solo por cinco semanas en el calendario. Están en ese punto en el que todo parece reducido al poder del más fuerte. Se puede sumar a la Laver Cup, otro evento privado que el año pasado triunfó entre aficionados y jugadores.

Es imposible que todas sobrevivan en el tiempo, es evidente que unas y otras se empastan y pierden fuerza. Los jugadores, sin duda, ganarán. Las empresas que están detrás es posible que también, aunque nadie parece dispuesto a explicar en profundidad el plan de negocio. Los espectadores han sido en todo esto un convidado de piedra, la última preocupación. Se da por hecho que no quieren una Davis sin los mejores jugadores, así que eso mismo es lo que dicen estos para decir que es necesario un cambio de formato. Como si disputar la competición de toda la vida hubiese dejado de ser una opción.

El tenis ha cambiado para siempre, se ha perdido la Copa Davis. Ahora queda por ver si será para mejor.

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