busca su undécimo título en parís

Rafa Nadal reinventa su tenis para llegar a lo de siempre, ser favorito en Roland Garros

Rafael Nadal juega contra Dominic Thiem su undécima final en París. Todas las anteriores las ganó. Esta temporada ha cambiado algún patrón de su juego, los resultados siguen saliendo igual

Foto: Rafa Nadal se dirige a restar en el partido contra Del Potro. (Reuters)
Rafa Nadal se dirige a restar en el partido contra Del Potro. (Reuters)

El deporte evoluciona con el tiempo, incluso el muy señorial y a veces algo estirado tenis. Tiene algo de porte aristocrático, como le pasa a aquellas disciplinas en las que se puede utilizar un polo, pero al final del día es como todos los demás, el objetivo es ganar y nunca sobran las buenas ideas para conseguirlo. En el baloncesto ahora tiran desde nueve metros y los pívots lanzan triples. El fútbol pasó de jugar con cinco atacantes a meter cinco defensas para volver luego a poner tres atacantes y así en un bucle infinito. Los deportes de motor son una oda a la innovación, quizá lo más importante que tienen. En el golf evolucionaron los materiales y los hombres tanto que hubo que cambiar los campos para adaptarlos a los nuevos tiempos... y en el tenis también han cambiado las cosas, de lo concreto a lo general. Un pequeño detalle de estos meses ha revelado la última vuelta de tuerca, que durará lo que tenga que durar. Y en ello tiene mucho que ver Rafael Nadal.

Es bastante curioso que sea el agente del cambio. Él es uno de los jugadores más exitosos de todos los tiempos, y eso podría llevar a pensar que es de los que menos adaptaciones tienen que hacer para ser competitivo. Es un error, y él lo sabe. Una de las ventajas de la carrera del balear está en su interés por ir cambiando cosas, modificando su juego para hacerlo mejor. Roger Federer a veces parece que nació con el juego aprendido y que lo único que ha hecho en su carrera es implementar su grandeza, pero con Nadal esa duda nunca existe, los que le vieron con 18 años saben que hoy no se parece ni físicamente a ese jovencito que mordía en tierra y al que le faltaba bastante hasta convertirse en un coloso.

Pero con 32 años el trabajo no está terminado. Cada temporada Rafa sorprende con algún nuevo matiz en el juego, nada muy radical, claro, porque ya no toca, pero si pequeñas aportaciones que dan una nueva dimensión a su juego. Y de dimensiones se trata en este caso, Nadal ha decidido que la pista nunca es lo suficientemente grande para un tenista de su tamaño, así que ha pensado que la mejor manera de contrarrestar los servicios de sus rivales es marcharse hasta la publicidad, donde están las cámaras y los niños-toallero que ejercen de recogepelotas. Ahí, en el fondo más profundo, espera que el rival se ahogue.

Es una táctica válida, especialmente para recibir grandes sacadores. Nadal siempre restó desde lejos, pero esta temporada ha exacerbado. Con eso reduce la posibilidad de encajar saques directos y se encuentra con la bola algo más mansa en velocidad. Aunque en principio también le restaría capacidad para responder con contundencia, esa es la típica consecuencia que al español no le ocurre. Es muy fuerte y muy rápido, siempre lo sé, nunca antes hubo un jugador que le pusiese tanto efecto a la bola, que gira sobre sí misma sobrerrevolucionada, ni existieron golpes con tanto peso en el circuito. Y todo ese cúmulo de activos propicia que pueda reaccionar rápido, subir de nuevo a la línea de fondo para actuar en el segundo golpe y cambiar así el dominio de la escena. Lo normal en el tenis es que el restador aguante y el sacador mande, con Rafa eso solo ocurre a veces.

El 43% de ganados al resto del primero

Ha ganado en esta temporada el 43% de los puntos con el primer servicio del rival, no hay nadie mejor en este apartado estadístico en el cuadro. Eso genera una paradoja, y es que casi es tan peligroso restando que sirviendo, algo que es más evidente si se tiene en cuenta que Nadal es solo un aceptable sacador. "A él le funciona, tira muy alto y muy profundo, porque es muy fuerte", explicaba el estratega Craig O'Shannessy.

La innovación de Nadal no se ha quedado solo para él, otros como Zverev, Monfils, Wawrinka o Del Potro se han movido considerablemente más atrás en sus restos de lo que se estimaba oportuno en el pasado. También su rival en la final, Dominic Thiem, le ha cogido gusto a retrasarse unos metros en la pista. La teoría es que cuanto más lejos más suave llega la pelota y menos errores se cometen, que al final es la base de todo esto.

Existen, al menos desde el plano teórico, algunas maneras de contrarrestar esta nueva moda. "Yo serviría de cuchara y me dedicaría a hacer dejadas todo el rato; cuando sube a la red le tiraría al cuerpo. Hay que probar algo", decía Yannick Noah a la CNN, último campeón francés en 1983. No tan exagerado, pero algo así intentó Djokovic en Roma. Mezcló velocidades en los saques en un tiempo en el que todos tiran siempre al 100%, para ver si así lograba sorprender a Nadal. Porque cuando la pelota va más lenta estar lejos es solo una pérdida de tiempo. Combinó aquello con más subidas a la red de lo que es corriente hoy en día. No funcionó realmente, el partido terminó con victoria de Rafa, pero tuvo ratos del partido en los que logró incomodar al número 1. Algo es algo.

Djokovic, en todo caso, no pasa un momento de su vida en el que pueda levantarse una mañana y pensar que esa tarde, en tierra, va a someter a Nadal. Dominic Thiem sí. A ver, favorito solo hay uno, que no es otro que el ser humano que ha ganado diez veces ya este torneo y que camina por el cuadro como Atila por la estepa. Pero asumido el tremendo favoritismo de uno de los contendientes, el ser humano que está más cerca del astro es Thiem. Es más, le ganó en Madrid, que es un dato significativo pero no concluyente, en la capital de España los partidos son más cortos y en altura. Además, Rafa nunca ha ganado todos los torneos de la gira europea de tierra batida, lo que hace pensar que de algún modo sabe que siempre va a haber un pequeño bajón en tan intenso calendario. Nunca llega en París, y eso no es casualidad.

Nadal y THiem, en Madrid. (EFE)
Nadal y THiem, en Madrid. (EFE)

"Todo el mundo piensa que soy idiota"

Primero la obviedad, si alguien le puede quitar Roland Garros a Nadal este año ese es Dominic Thiem, aunque solo sea porque los 126 jugadores restantes ya están en casa. Es un jugador curioso, muy bueno en tierra batida, durísimo, físicamente fuerte, con un calendario difícilmente explicable. La semana previa a Roland Garros, cuando el resto de tenistas con alguna opción se encontraba descansando, él se fue a jugar al torneo de Lyon. Su agenda es muy apretada porque su técnico, que lleva junto a él toda la vida, parece no gustar tanto del entrenamiento como de las sensaciones de no parar nunca de competir.

"Todo el mundo piensa que soy idiota, e igual tienen razón", explicaba estos días al 'The New York Times' Günter Bresnik, que así se llama el técnico. "Pero me gusta así y me gusta demostrar que la gente está equivocada. Dominic jugó cuatro partidos en Lyon, vino a París en tren y me decían 'es estúpido, no va a llegar'. Pero mi idea es que para prepararle para la presión, física y mentalmente, tienes que ponerte bajo presión".

Será esta la tercera vez que ambos se crucen en Roland Garros, en las dos anteriores el desenlace fue el de siempre, victoria de Nadal. La última, en las semifinales del pasado año, por aplastamiento. "Él es favorito contra cualquiera, pero a pesar de todo yo tengo un plan para jugar contra él", dice el jugador austríaco. Todos tiene un plan, por supuesto, la parte difícil es pasar de las musas al teatro. "Nadal en París, al mejor de cinco, aún está por encima de Dominic, es demasiado bueno", cuenta su entrenador. "Eso no significa que me encantaría estar equivocado", asumía Bresnik.

"Thiem juega con mucho peso, es muy agresivo y va a por todos los tiros, tiene una gran forma física, mejora cada año, aún está en edad de seguir mejorando. Esperamos un mejor Thiem del que vimos el año pasado", contaba Carlos Moya estos días. La clave, en todo caso, tiene que pasar por un inicio fuerte del austríaco. Nadal ha ganado los 77 partidos de Roland Garros en los que se llevó el primer set.

La teoría está clara, los argumentos son sólidos, la realidad es complicada. Hay un favorito y solo un favorito, como se encargaba de resumir Del Potro después de ser borrado de la pista por Nadal en semifinales. "Mientras esté sano va a ser muy difícil ganarle, si sigue deseándolo tanto podrá ganar aquí muchas más veces". Falta la final, en el deporte puede pasar de todo, pero el relato en las horas previas es claro, el tipo que se ha pasado la vida reorganizando su tenis siempre llega al último domingo de Roland Garros como el hombre a batir. Es Rafael Nadal, es otra historia.

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