un físico privilegiado

Lo que Rafa Nadal logra en Roland Garros y uno nunca podría

Rafa Nadal ha empleado más de 13 horas en pista en sus primeros cinco partidos. Un desgaste adherido al cuerpo cuyo manejo es clave para torcer el brazo de cualquier rival

Foto: Rafa Nadal en plena acción durante un partido de Roland Garros. (Efe)
Rafa Nadal en plena acción durante un partido de Roland Garros. (Efe)

Al abandonar la pista Philippe Chatrier, Rafael Nadal dirige la mirada al graderío con el rostro acalorado. La escena se repite un partido tras otro. En una ciudad como París, que somete a los jugadores a una prueba de cielos grises, tiempo cambiante y altas temperaturas, los candidatos al título atraviesan un reto de adaptación casi diario. La exigencia para el cuerpo es tal que hasta el diez veces campeón mallorquín, el jugador que mejor domó la circunstancia en toda la historia, necesitó en este 2018 llegar a vendarse las muñecas por la sofocante humedad que se respira en el torneo.

El vía crucis a atravesar es claro: cinco mangas sobre tierra batida. Uno de los retos más exigentes del deporte y una asignatura vetada para el vestuario en presencia de Nadal. En una carrera marcada por cifras históricas, una de ellas sobresale a la altura de cualquier otra. El español firma un balance de 107 victorias en 109 partidos sobre arcilla al mejor de cinco mangas. Para comprender mejor el esfuerzo que conlleva, El Confidencial charla con Blanca Bernal, fisioterapeuta con amplia experiencia en el circuito profesional de tenis. “Una persona normal, medianamente entrenada, podría jugar un partido al mejor de cinco sets. Lo que habría que evaluar son los daños tisulares y la fatiga que ese esfuerzo genera”, apunta Blanca, situando la gran diferencia en la capacidad para asumir el esfuerzo y tolerar una ventana de recuperación.


En París, donde las condiciones suelen ser pesadas y los partidos se estiran lo indecible, hasta los más bravos asumen una tarea de sudor. Por ejemplo, y pese a ofrecer una imagen de dominio, Nadal ha empleado más de 13 horas en pista en sus primeros cinco partidos. Un desgaste adherido al cuerpo cuyo manejo es clave para torcer el brazo de cualquier rival. Nadal gana partidos en pista, pero marca diferencias en la sombra del vestuario.

“Considero que, realizando un buen protocolo de recuperación post competición: crioterapia, terapia manual, descanso y alimentación, la recuperación puede ser óptima”, apunta Bernal, acostumbrada a mirar al detalle el cuerpo de los jugadores para optimizar el rendimiento”. El ejemplo más claro lo puso Nadal en París. Tras superar los cuartos de final ante el argentino Schwartzman, un encuentro disputado en un lapso de dos días debido a las lluvias, el balear voló hasta exprimir la ventana entre encuentros. En lugar de citar a los medios con un tiempo prudencial, acudió ipso facto a la sala de conferencias para ponerse en manos de Rafael Maymó, su fisioterapeuta de confianza, para extender al máximo la fase de reposo. Un margen clave para las rondas decisivas del torneo.

Rafa Nadal durante su participación en el Roland Garros. (Efe)
Rafa Nadal durante su participación en el Roland Garros. (Efe)


El castigo al músculo-esquelético

“La recuperación quizá no es completa, porque se pierde un pequeño porcentaje de rendimiento”, indica Blanca. “También depende de cómo haya sido el partido: duración del mismo, condiciones climatológicas (calor, humedad…)”, analiza. “El impacto sobre el organismo es importante, pero creo que sobre todo el mayor castigo se lo lleva el sistema músculo-esquelético. La exigencia, especialmente a nivel de miembros inferiores (frenadas, arrancadas, deslizamientos) es grande, y son los músculos y las articulaciones los que peor parados salen. A nivel global, la fatiga acumulada puede alterar el sistema inmunológico y la capacidad de recuperación de los jugadores, provocando una disminución en su rendimiento en partidos posteriores”.

Contra todo eso lucha Nadal, capaz de despertarse en mitad de la noche atemorizado por los truenos que asolan las noches de parisinas pero listo cuando de competir se trata. Con una activación furiosa siempre que sale a pista. Todo ello, claro, fruto del trabajo que va más allá de la arcilla. “Está claro que es un gran esfuerzo”, señala Bernal observando el reto que supone poner el cuerpo durante cinco mangas en arcilla. “También creo que los tenistas están preparados para ello. Suelen entrenar más tiempo del que luego compiten. De esta manera, estirar un poco algunos partidos se asemeja más a la duración de un entrenamiento largo como los que están acostumbrados a realizar”, valora.

Capacidad de superación

En un escenario de igualdad, Nadal marca unas brechas de rendimiento absolutas. Un dominio con apenas excepción en uno de los deportes más exigentes para un individuo. ¿El límite? El ser humano tiene una capacidad de superación increíble, y considero que se cruzan más líneas rojas en otras disciplinas deportivas (como por ejemplo, en un ironman)” razona Blanca antes de apuntar hacia la figura del mallorquín. “En el tenis todos compiten en las mismas condiciones. Los esfuerzos de Nadal son muy importantes, pero quizá su preparación y predisposición sean mejores que las de alguno sus rivales, lo que le posiciona en una mejor situación para competir en estas circunstancias”.

En París, donde la copa tiene un precio altísimo, siguen buscando la manera de descifrar la figura de Rafa. Campeón a los 19 y máximo candidato tras cumplir los 32, nadie ha dominado como el español el arte de dosificar el cuerpo ante el esfuerzo.

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