pequeñas quejas por el estado de las pistas

"Me toca Rafa, me quiero morir": los rivales saben lo que significa jugar contra Nadal

Rafa Nadal ganó a Bolelli en tres sets y consiguió así su victoria número 80 en Roland Garros. Solo ha perdido en dos ocasiones y Guido Pella, su próximo rival, no esconde lo que es cruzarse con el español

Foto: Nadal, en su partido contra Bolelli. (EFE)
Nadal, en su partido contra Bolelli. (EFE)

"Me toca Rafa en segunda ronda, me quiero morir". Guido Pella, como argentino militante, es capaz de llevar cualquier situación al extremo. En su caso, un partido de tenis contra el mejor jugador de tierra de todos los tiempos. Verbalizar el miedo, como hizo el número 78 del mundo, es algo poco habitual, pero que no lo digan los demás no quiere decir que no lo tengan. Lo común, con Nadal enfrente en París, es asumir que la derrota es el desenlace más frecuente.

La última víctima es Simone Bolelli, un esforzado tenista que pensó que lograría ganar un set a Nadal pero no lo consiguió. La lluvia les mandó a dormir a ambos el lunes con el italiano por encima en el tercer parcial por un 3-0. Una muy buena ventaja, inusual cuando se juega contra el número 1 del mundo. Cuando se quiso dar cuenta, ya le había dado la vuelta a la tortilla. En el martes Nadal enseñó los dientes, volteó la lucha y se terminó haciendo con la victoria sin perder un solo set. Necesitó, eso sí, el 'tie break' para lograrlo. Algo es algo, puede pensar su rival.

Lo de Bolelli está muy lejos de sorprender, porque hace tiempo que se asume que la normalidad es la victoria de Nadal en París. Fue la 80ª vez que consiguió ganar un partido en las pistas de Roland Garros. Ha perdido solo dos partidos en todo su tiempo como tenista allí. Una vez más no se presentó, lesionado. 80 victorias y dos derrotas es la estadística oficial y no hace falta mucho comentario, ni mucha educación tenística, para saber que eso no es lo normal, está en niveles extraordinarios más propios de Marvel que de gente que se gana la vida jugando al tenis (o, para el caso, a cualquier deporte).

Es cierto, en esta ocasión le costó igual un poco más que otros días aunque el marcador no lo refleje exáctamente así. Pero es la primera ronda e incluso Rafa Nadal necesita aclimatarse en los torneos. Ahora recurre menos a ese concepto, pero en otros tiempos de su carrera solía explicar que siempre le cuesta entrar, que necesita coger vuelo hasta encontrarse realmente cómodo en un torneo. En su caso es una cuestión algo menor, porque incluso en los días un poco menos brillantes suele tener un salto suficiente con su rival para no sufrir.

Quejas sobre el estado de la pista

Estos primeros días, incluso en un templo como es Roland Garros, siempre hay cosillas por pulir y cuestiones a mejorar. No solo en el jugador, también en la propia pista. Nadal, que nunca se ha quejado del aspecto de las pistas en París, las vio en esta ocasión algo más resbaladizas de lo común. "A la hora de arrancar estaba complicado, pero cero excusas. Así es como veo las cosas. Salen piedrecitas de abajo y se ve una capa blanca bajo la arena, y la pista no tiene el agarre que acostumbra tener", comentaba Rafa que, lógicamente, conoce la pista central del torneo mejor que cualquier otro jugador, es algo muy parecido a su hogar.

Hay detalles, de todos modos, que hacen de Roland Garros un entorno algo antiguo. La jornada se paró de nuevo por la lluvia, amenazó con no poder seguir durante un rato y comprimió todavía más la difícil agenda de partidos, especialmente compleja en estos primeros días en los que aún hay muchos jugadores con ilusión desmedida y posibilidades nulas de terminar llevándose la copa de los mosqueteros.

El resto de los torneos grandes ya se han asegurado de tener una pista, cuando no dos, con un buen techo para que el ritmo no pare y las estrellas sigan pudiendo plantear el torneo. En Francia está por llegar ese momento, aunque la presión es cada vez mayor para que lo hagan y ya hay incluso planes que contemplan el cierre de la Philippe Chatrier. Llegará en todo caso tarde, pues no se debe olvidar que este torneo se juega siempre en mayo en París, no debería sorprender a nadie que buena parte de los días termine cayendo un chaparrón.

No es la única queja que tienen los jugadores de un entorno que se está quedando un poco desfasado. Las pistas de fuera, esas que Nadal nunca pisará porque el diez veces campeón tiene un tratamiento acorde con su pasado, son demasiado cortas y, a veces, peligrosas. David Goffin, top-10 del mundo, explica que en el fondo se han puesto unas publicidades que pueden entorpecer el ritmo habitual de los jugadores. "No sé que haría Rafa en esta pista la lona del fondo está muy cerca y es molesta", contraba el belga. No es casual que apunte al español, que es uno de los tenistas que más atrás se va para restar durante sus partidos.

Jaume Munar. (EFE)
Jaume Munar. (EFE)

Los partidos imposibles de ganar

La vida transcurre así en Roland Garros, entre victorias previsibles y rivales que asumen que su destino final es la derrota. Es el caso de Jaume Munar, que jugará este miércoles contra Novak Djokovic, clarísimo favorito en su cruce de segunda ronda. Ya suena bien para su evolución que se impusiese a David Ferrer en primera ronda, aunque es cierto que el de Jávea no pasa por sus mejores momentos.

Lo de dar la derrota por descontada no es cosa de Munar, ni siquiera de quien esto escribe, sino de su padrino profesional que no es otro que Rafael Nadal. "Su posibilidades de ganar son prácticamente nulas, tienes que ser realista y saber cuál es la situación, que entre en la pista y que disfrute, a veces tienen que hacer cosas a las que no estás acostumbrado para disfrutar de un partido, creo que eso es lo más importante", contaba estos días Rafa. "Tienes que asumir que hay partidos que son casi imposibles de ganar, no sabes lo que puede pasar, pero es así", remarca en unas declaraciones recogidas por el 'Daily Express'.

Más sorprendente es la siguiente frase, que no es otra que el balear diciendo que él "ha estado en esas situaciones". En realidad es probable que no, desde que era casi un adolescente, Rafa ha entrado en la pista siempre con opciones de ganar todos los partidos que ha disputado. Es un superdotado que en su primer año en la élite mandó a Federer al quinto set en Miami, por poner un ejemplo. O el coloso que levantó su primer Roland Garros con 18 años. Munar, una de las más prometedoras raquetas españolas, tiene ya 21 y él sí puede tener esa sensación de que hay partidos que son completamente invencibles.

A Munar, en todo caso, le queda la imaginación. Porque es cierto lo que dice Nadal, el desenlace lógico es una derrota, pero tampoco sería humano descartar tajantemente que la tarde salga de otra manera. Y eso es exactamente lo que quiere expresar Pella, el jugador que en la segunda ronda se enfrenta con un coloso que lleva 80 victorias y dos derrotas en Roland Garros: "Hasta los más grandes en algún momento pierden. ¿Te imaginas que sea conmigo? Sería un sueño". Porque Nadal igual ha entrado alguna vez en una pista perdido de antemano, pero lo que es seguro es que esa misma sensación la han tenido y la tienen decenas de sus rivales.

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