perdió en semifinales por 3-6, 7-6 y 6-1

La nueva psicología de Garbiñe Muguruza no resiste a un tenso 'tie break'

La española estaba jugando bien contra Kasatkina, pero el desempate del segundo set, que se decidió por un margen muy estrecho, la desesperó y terminó tirando el partido en el tercero

Foto: Garbiñe Muguruza, en Dubai. (Reuters)
Garbiñe Muguruza, en Dubai. (Reuters)

¿Qué lleva a un tenista a desmoronarse? En ocasiones basta con un 'tie break'. Garbiñe Muguruza es, obviamente, una jugadora más madura de lo que fue, pero sigue teniendo lapsus de concentración que pueden dar al traste con toda la preparación de un encuentro. Kasatkina la venció en las semifinales de Dubai, pero es improbable que la veinteañera sea hoy mejor jugadora que la español. Lo que si fue, al menos en esta tarde en el emirato, es más estable.

Es evidente que el desempate es, por naturaleza, un territorio injusto. Normalmente un partido de tenis se decide por varios juegos, por diferencias más o menos amplias y siempre consolidadas, pero en el 'tie break' no es así. No llega a ser una lotería, en el deporte la suerte es un factor menor, pero es cierto que se puede conseguir una gran diferencia, un set, con algo menos de consistencia.

Garbiñe, que había ganado el primero con cierta soltura, se plantó en el segundo jugando bien. Lleva dos semanas así, con golpes consistentes, dominando desde el fondo de la pista. Pero Kastatkina no tenía ningún interés por ponerlo fácil. Tiene buena pinta la rusa, muy joven, con cara aniñada, pero decidida, buenos golpes. Se agarró a la pista y respondió todas y cada una de las acometidas de Muguruza. Por eso forzó el desempate.

Que es, claramente, el punto de giro de esta historia, el momento en el que el planteamiento se precipita camino del desenlace. Fue un desempate de esos a cara de perro, que se alargan con ninguna de las dos tenistas pensando en la derrota. Garbiñe está a solo dos puntos de llevarse el partido, pero no termina de concretar. Pierde el ritmo a pesar de haber empezado la secuencia con un 3-0 a favor y termina perdiendo el 'tie break' por 11-13. Tres bolas de partido tuvo. Nada, en teoría, solo una más de las muchas veces que un partido se ve obligado a jugar el tercer set. Muguruza, además, se supone que sigue siendo mejor jugadora que su rival.

Pero el problema en ocasiones es que la realidad y la teoría se parecen en más bien poco. Si la hispanovenezolana es mejor no lo pareció. Suele ser injusto señalar solo los defectos de una jugadora para explicar una derrota, no remarcar que la rival también estaba presente e hizo mucho por su éxito. El caso es que eso fue, más que nada, lo que ocurrió. Garbiñe perdió el equilibrio, descontroló sus golpes, empezó a tirar absurdos raquetazos a la red, o más allá de la línea. Dejó de ser la jugadora que es.

Evolución con matices

La peor versión posible. Porque casi produce desazón ver como alguien con unos recursos deportivos como los suyos es incapaz de pararse, pensar y poner en práctica todos esos consejos que sin duda escucha a diario: "serénate, cálmate, tú puedes...". El carácter se mejora, pero siempre quedan rescoldos. Es obvio que hoy Garbiñe es mejor jugadora que nunca y buena parte de eso es porque ha logrado ordenar su juego y pasar los momentos malos que siempre existen en los partidos. La evolución es positiva, pero en ocasiones, como en esta semifinal en Dubai, aparecen los fantasmas y entran en juego.

Cuando se pone en ese plan de poco o más queda por decir. La rusa se limitaba a estar en su sitio, a responder las acometidas de Garbiñe hasta que esta estallase por algún lado. Y una vez tras otra fue ocurriendo eso. Hasta el punto de terminar el set con un 6-1 que refleja muy claramente lo que se vio en la pista, una jugadora desnortada y tora haciendo su trabajo. El tema es que la que perdió el oremus es dos veces campeona de grand slam y no deja de sorprender que le ocurran estas cosas. “No es agradable perder cuando has tenido bolas de partido pero creo que es un balance muy positivo porque pude jugar muchos partidos, y llegar a una final y una semifinal. Creo que son dos buenas semanas. Estoy feliz de irme de Dubai con la sensación de que di todo lo que tenía”, explicaba Garbiñe tras el encuentro.

El torneo de Dubai marca el ecuador de la nueva colaboración con Conchita Martínez. El balance es bueno, una final y una semifinal, resultados que están acorde con lo que se espera de una tenista de las calidades de Muguruza. En Doha perdió la final contra Kvitova, una tenista que, por su tenis, siempre dará problemas a la española. Esta derrota es peor, más dolorosa, porque además se ha dado en contra de la doctrina de su nueva entrenadora.

Martínez no está tanto para la estrategia, aunque también, sino para recordarle a Garbiñe la jugadora que es. Y para tranquilizarla, para que la psicología esté a la altura de su despliegue deportivo. Lo ha conseguido en parte, lo logró sin duda en el último Wimbledon y ahora, en el reencuentro, también se la ha visto más calmada. El trabajo es bueno, pero no suficiente para una situación como la de esta semifinal, con un 'tie break' que se le escapa de las manos. Progresa adecuadamente, sí, pero también necesita mejorar.

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