se jugarán el número 1 hasta final de año

Nadal contra un Federer fuera de control

El tenista español ha perdido esta temporada en cuatro ocasiones contra el suizo, a quien domina en su duelo histórico. Las circunstancias eran muy desfavorables para los intereses de Rafa

Foto: Nadal y Federer, en la entrega de trofeos. (EFE)
Nadal y Federer, en la entrega de trofeos. (EFE)

La imagen de Shanghái refleja la premisa a la perfección. Un Roger Federer sonriente, coronado campeón tras una intocable lección de juego. A su lado Rafael Nadal, estoico y con gesto templado, aceptando la batalla cedida lejos de su plenitud. En un curso que se presume extremo, asegurada la batalla por el número 1 hasta el cierre del año, español y suizo volvieron a mostrar su superioridad sobre el resto. En la rivalidad entre ambos, además, se sucedieron ciertos detalles ya convertidos en tendencia.

La temporada 2017 supone todo un respaldo al legado de Federer. En una de las rivalidades más celebradas de todos los tiempos, y con 36 años de edad, un detalle nada menor, el helvético ha logrado reinventarse hasta tener, al menos por ahora, la última palabra ante su némesis. Responder sobre la pista a su adversario más enconado. Un rival cinco años más joven y con la energía de varios hombres en el costado. Un 2017 en el que ha mantenido las distancias con Nadal en su colección de Grand Slam y en el que ha asestado lo inédito: cinco victorias consecutivas ante el mayor rival de toda su carrera.

El mérito de Nadal, el gran mérito del español, está en haber sabido dibujar una trayectoria histórica ante semejante prodigio. Colocar límites en la cabeza de un hombre sin techos, incomodar el juego de un competidor con recursos extremos y, en último término, tener la voz de mando hasta llegar a controlarlo. Desde que llegó a la cima del circuito (2008) y prácticamente hasta la actualidad, Nadal ha logrado levantar una carrera mirando a la cara a un jugador privilegiado. Si para lo relativo al deporte Federer es un superdotado, un hombre cuyo nivel óptimo no tiene par, Nadal pasará a la historia por haber ignorado lo imposible.

La rivalidad entre español y suizo fue resumida años atrás por Martina Navratilova con una ya célebre frase: “Federer puede ser el mejor de la historia pero Nadal puede ser el mejor de los dos”. Unas palabras que subrayaban dos líneas maestras en el partido más clásico de los últimos tiempos en el circuito. El nivel más alto del suizo es una suerte inabarcable en este deporte, capaz de anular a cualquier jugador si alcanza su grado sumo. Incluso con 36 años. La constancia de Nadal, que llegó a levantar un dominio particular ante el de Basilea como ningún otro tenista supo hacer, logró contener como nadie el talento más grande que ha visto este deporte en la era moderna. La temporada 2017 de Roger, uno de esos contados deportistas que compiten sabiéndose leyenda, sirve para pelear contra esa última premisa.

Cuatro victorias de Federer

Quizá no sea lo más importante, pero en una cara a cara tan extendido en el tiempo vale la pena reseñarlo. Desde su primer enfrentamiento allá por 2004, unos tiempos casi perdidos en la memoria, Federer había logrado 11 victorias ante el español. En los últimos 10 meses, un suspiro en comparación, ha conseguido superarlo en cuatro ocasiones. Un impulso en el cara a cara que coloca el historial en 23-15 en favor del mallorquín, fuera del equilibrio pero lejos del dominio evidente de tiempos anteriores.

Probablemente las circunstancias que rodearon a la final de Shanghái no fueran las más halagüeñas para el español. Protegida por un vendaje su rodilla derecha, y con la cautela derivada de ese hecho hasta el último momento, la movilidad de Nadal careció de la expresividad de toda la gira de pista dura, una de las mayores claves para la imposición de su juego. La lluvia caída sobre la ciudad de Shanghái, ausente durante la semana pero incesante durante gran parte de la jornada del domingo, obligó a disputar el encuentro a cubierto, otorgando al duelo una de las atmósferas más favorables al juego de su oponente. Y la tendencia actual en la rivalidad, con tres victorias de altura en favor de Federer en 2017 y un total de cuatro partidos entregados de manera consecutiva en el histórico particular ante el suizo, ya aventuraban un encuentro especialmente incómodo desde el plano emocional.

Con todo ello, la limpieza en el juego de Federer recordó a las actuaciones de las grandes tardes. Esa alegría sin par para trazar un juego recto, agresivo y certero como si tuviera el cuerpo repleto de juventud. Un hombre capaz de dibujar golpes ganadores (¡38!) desde cualquier ángulo de la pista, con un revés formidable como indicador de la confianza. Ese tiro, históricamente arañado por Nadal para inclinar de su lado la rivalidad, brilló como nunca en la final del Abierto de Australia, presentando la evolución táctica que preparaba Roger para 2017 y un mensaje bien alto. Las leyendas lo son por lo infinito de su hambre. Ese golpe, también, volvió a acompañar la convicción de Federer en Shanghái, diez meses después y mostrando que es capaz de mantener la vitalidad durante todo un año.

La formidable temporada del español, destacado en el esfuerzo por cerrar la temporada como No. 1 mundial, quedará para el recuerdo como su enésima reacción contra las circunstancias. El resurgir del suizo, imperial en casi toda aparición durante el curso, refleja la profesionalidad a la sombra del mito. Ésa es la lección de dos figuras con el respeto más que labrado. Nadal y Federer se han entregado hasta lograr algo impensable: convertir la nostalgia en presente. Gracias por lo disfrutado.

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