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Nadal pasa el rodillo y se planta en la final de Roland Garros sin perder un solo set
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jugará la final contra wawrinka

Nadal pasa el rodillo y se planta en la final de Roland Garros sin perder un solo set

El tenista español arrasó a Dominic Thiem, una de las mayores amenazas del cuadro. Su juego sigue siendo perfecto para dominar en tierra batida

Foto: Nadal, en el partido contra Thiem. (EFE)
Nadal, en el partido contra Thiem. (EFE)

El martillo neumático sigue encendido y puesto a máxima velocidad. Dominic Thiem ha sido, durante la primavera, el mejor jugador de tierra no llamado Rafael Nadal. Era, por lo tanto, el mayor reto teórico para el español en el torneo de Roland Garros. Pues nada, él tampoco. Llegó a la pista con ánimo, rompió en el primer juego el servicio del español y, a partir de ahí, se dio cuenta de que su nivel es altísimo pero no suficiente para dañar a la bestia.

Le queda la final del domingo para llevarse su décimo Roland Garros. La lógica invita a pensar que lo hará. Los escenarios que niegan ese desenlace tienen solo sentido en caso de algún fuerte infortunio en forma de lesión. Porque la normalidad, si todo se da como se espera, es una nueva victoria de Nadal en la pista Philippe Chatrier. Wawrinka, muy buen jugador, campeón de tres grandes, que sabe lo que es ganar en París, entrará en la pista sabiendo que se encuentra frente al mayor reto posible en el mundo del tenis. Quizá en el deporte.

Es posible que nunca un torneo tuviese un guión tan cantado. Rafa Nadal no solo está ganando sus partidos, es que está arrasando poco a poco, como Atila el Huno, sin dejar crecer la vegetación por donde pisa. Esta semana decía su técnico Carlos Moyá a El Confidencial que sus rivales volvían a tenerle respeto, pero quizá la palabra se queda algo corta. La mirada de los contrarios indica miedo, que es un paso más que el respeto. No tanto en el principio del partido, en los primeros compases todo el mundo tiene moral. A partir de ahí, y viendo como está, solo queda la desesperación.

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Tennis - French Open - Roland Garros, Paris, France - June 9, 2017 Spain's Rafael Nadal at the net with Austria's Dominic Thiemin after the match Reuters Benoit Tessier

Wawrinka, la última curva

Meterle en el último set un 6-0 a un jugador como Thiem es un proceso digno de analizar. Un chico con un físico espectacular y una derecha rocosa, acostumbrado a la tierra, especialista en la materia. Un jugador al que, estos días, se le ponía en la espalda el inmenso lastre de ser el sucesor de Nadal. Un tenista, en definitiva, de los importantes. Bien, con todo eso se llevó un rosco en el último set que, por supuesto, era el tercero. En ningún momento del encuentro hubo discusión sobre quien iba a conseguir entrar en el gran partido del domingo.

La lista de cosas que hace bien Nadal sobre tierra es casi infinita. La derecha es profunda y empuja al rival a jugar muy lejos de la línea. El revés abre ángulos y es poderoso, es molesto. Tácticamente es perfecto, siempre lo fue. Hacia años que sus piernas no estaban tan ligeras, llega a absolutamente todas. El primer saque, servicial, no magnífico, porque no es lo suyo, pero más que suficiente. En el segundo, que es clave cuando se habla de tierra batida, está inmenso. Nadal siempre supo que con ese segundo servicio puede atacar, es probable que le esperen menos, pero en realidad para él no es tan diferente al primero, riesgo justo y a dar un paso adelante.

Con el resultado en la mano podría parecer que el rival no era tan fiero, pero no es así. Thiem tiene los golpes para ser un gran jugador de tenis y no jugó del todo más. Pero él sí es humano, un tipo con sus circunstancias al que la máquina le puede. El martillo pasó por la central parisina. Nadal nunca había jugado menos en un torneo de Roland Garros. Es curioso, después de todas las dudas, de los problemas físicos y de llevar tres años sin estar en la final se ha encontrado con el idilio absoluto. No solo es que lo más probable es que gane, es algo más. Es que este es, probablemente, el mejor torneo que ha jugado el español. Y esto, cuando se habla de una leyenda, son palabras mayores.

El martillo neumático sigue encendido y puesto a máxima velocidad. Dominic Thiem ha sido, durante la primavera, el mejor jugador de tierra no llamado Rafael Nadal. Era, por lo tanto, el mayor reto teórico para el español en el torneo de Roland Garros. Pues nada, él tampoco. Llegó a la pista con ánimo, rompió en el primer juego el servicio del español y, a partir de ahí, se dio cuenta de que su nivel es altísimo pero no suficiente para dañar a la bestia.

Tenis - Roland Garros Directo Rafa Nadal