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Nadal se planta en semifinales tras la retirada de Carreño por lesión

El cuarto cabeza de serie vio como unos problemas abdominales apartaban a su compatriota de la competición. Sigue paseándose por París.

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Rafa Nadal sigue pasando por las pistas de Roland Garros de una forma testimonial. Sus partidos, por unos motivos u otros, duran poquísimo tiempo. A él ya le va bien, tampoco es que tenga que coger sensaciones, lleva meses jugando en tierra batida y las pistas parisinas las conoces como si fuesen parte de la familia. En este caso solo duró un set y medio sobre la arena, pues Pablo Carreño sufrió problemas abdominales y tuvo que retirarse. El asturiano ha hecho el mejor grande de su carrera y lo ha terminado de la manera más triste. Aunque, de todos modos, lo más probable es que hubiese sucumbido rápido ante tanta fuerza.

El problema muscular no se sabe cuándo surgió, porque no estaba ahí al inicio del partido. El caso es que le hacía imposible sacar con normalidad y, en realidad, en ningún momento consiguió dominar eso Carreño. El 6-2 del primer set tiene truco, y es que los dos juegos que consiguió el asturiano fueron con el servicio de Nadal. Porque el balear no sacó bien, pero fue lo único que no hizo bien. Más allá de eso, el menú habitual, una derecha tremenda, el revés dominando, la velocidad de las piernas...

Está siendo un torneo de lo más plácido para Nadal. Sí, le quedan dos partidos para llevarse el gato al agua, pero ahora mismo nadie parece creer en su derrota. Cuentan los cronistas que esta semana se cruzaron en un hotel Alex Corretja y Lindsey Davenport. La americana, campeona de tres grandes, le preguntó al español si veía a alguien capaz de ganar a Nadal. La respuesta del extenista fue una risa contagiosa. Ella también reía porque, lógicamente, tampoco tiene idea de que puede pasar para que el desenlace no sea el que todo el mundo tiene en la cabeza.

Carreño puede estar contento con su torneo. Ha ganado a Dimitrov, también a Raonic. Ha llegado a cuartos de un grande. Su tenis, que es bueno, empieza a verse en las ocasiones de verdad. No tiene, claro, para ganar a Nadal. Pero eso tampoco puede ser un motivo de escarnio, en realidad nadie está en ese nivel. Su dolor en el abdomen se notó en las dos dobles faltas consecutivas que hizo en el primer set, para perdertll.

O en los saques del segundo parcial, que ni siquiera llegaban a los 150 kilómetros por hora. Terminó rindiéndose en un remate, quizá la jugada que más daño hace a ese grupo muscular. Estaba para pelotear, se le veía incluso cómodo cuando eso tocaba -todo lo cómodo que puedes estar, al menos, cuando enfrente hay un bombardero- pero en los momentos en los que tenía que poner el tronco en tensión no había mucho más que hacer.

Ese es el contexto de Nadal, que conoce la pista de París porque lleva años viajando cada primavera hasta el complejo. Si por este año fuera, más bien poco. Los rivales siguen apareciendo por el cuadro y uno tras otro no puede más que rendirse a la evidencia. Se busca rival para Nadal. Se supone que en semifinales llegará el plato gordo. Thiem o Djokovic. Cualquiera de los dos tiene un problema, ganar a este Nadal suena a quimera. Y ellos, en buena lógica, estarán cansados. Rafa no, no le ha dado tiempo.

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