debutará contra schiavone

Garbiñe Muguruza y la pelea contra sus fantasmas para reconquistar Roland Garros

La jugadora española llega con dudas, pero también sabe que tiene las armas suficientes para reinar en París. El cuadro femenino está lleno de incertidumbres, nadie parece favorita

Foto: Garbiñe Muguruza, en Roma. (Reuters)
Garbiñe Muguruza, en Roma. (Reuters)

Garbiñe Muguruza sabe, como David Foster Wallacey como Christina Stead—, que toda historia de amor es una historia de fantasmas. El tenis es su pasión, su infancia, su profesión, su éxito y su miedo. Todo a la vez, como una mezcla imprevisible que, según toque, saldrá en gloria o en fracaso. Hace unas semanas, en Madrid, se lo recordaba a los periodistas: ella no es de las que llega todas las semanas a semifinales. No, la regularidad no está, pero el juego sí.

Ejemplo reciente, el propio torneo de Madrid. Llega antes de lo habitual, intenta adaptarse mejor a las condiciones de la pista y descarrila en el primer partido contra una rival inferior. Habla de nervios, de la presión que supone jugar en casa y de la responsabilidad de estar vigilada por todos. Unos argumentos ciertos, pero que no dejan de ser sorprendentes en una chica que con 23 años ha sido número 2 del mundo y tiene un grande en la vitrina.

Porque perder en Madrid por los nervios y luego no padecerlos en París tiene algo de contradictorio. Un grande es un grande, y repetir lo que hizo el año pasado en las pistas de Roland Garros es bastante poco probable. Ella misma lo sabe y lo expresa en los días previos al torneo. "Volver a ganar sería chocante (...) No voy a decir que solo me vale con repetir lo del año pasado, porque es muy difícil. Voy a tratar de jugar el máximo posible de partidos", contaba después de su entrenamiento en la pista central, un privilegio concedido por haber reinado en París.

Hay problemas de fondo que no tienen que ver con la actitud, aunque sea esta la mayor lacra para Garbiñe. En esta temporada ha dejado cuatro torneos por lesión, por cuestiones casi siempre diferentes. Es frágil y dos semanas de tenis al máximo nivel de exigencia, como se proponen siempre en Roland Garros, son difíciles de sobrellevar si no se está a la perfección. En Roma, la pasada semana, jugó uno de sus mejores torneos del año, tan solo para terminar eliminada en semifinales por un dolor de cuello.

"Más que una presión, noto que hay una responsabilidad. Tengo muchos ojos encima, después de haber ganado un Grand Slam todo el mundo cree que puedo siempre optar a los trofeos", intenta explicar Garbiñe, siempre volatil, pero también genial. Sabe, o debería saber, que las expectativas sobre ella no son casuales, sino fruto de la observación, cuando ella juega en su mejor nivel aspira a cualquier cosa, a ser número 1, a ganar un grande, a derrotar a cualquier tenista que se le ponga enfrente. El tema es ver si ese mejor tenis aparece o no.

Garbiñe, tras lograr Roland Garros. (EFE)
Garbiñe, tras lograr Roland Garros. (EFE)

Un torneo sin favoritas

Entre las cuestiones a las que da vueltas, casi como si de terapia se tratase, está el hecho de haber ganado el pasado año. Más allá, la necesidad de olvidar que el año pasado reinó en la Philippe Chatrier. "Realmente no importa lo que haya pasado la temporada pasada, es un nuevo año y un nuevo torneo", explica a quien le quiere oír.

El caso es que, sin haber ganado nada, sigue estando entre las favoritas. Más por deméritos de las candidatas que por otra cosa. Es un tiempo extraño para el tenis femenino, porque Serena Williams está fuera de las pistas, embarazada, y Maria Sharapova no acudirá al torneo al no haber recibido una invitación. Cosas de haber estado sancionada por dopaje, que luego no se te abren todas las puertas.

Ellas son las más consistentes del circuito cuando están a tope, y sin ellas todo está abierto, muy abierto. La principal referencia podría haber sido Angelique Kerber, ganadora de dos grandes y número 1 del mundo, pero este domingo perdió en primera ronda ante la rusa Ekaterina Makarova por un claro 6-2, 6-2. La alemana está muy lejos de ser consistente: esta temporada lleva 19 victorias, 14 derrotas y cero títulos. Simona Halep, que ha sido la mejor en la primavera ganando Madrid y haciendo final en Roma, salió del Foro Itálico lesionada y no sabe si podrá jugar a tope.

O quizá Svitolina, número 6 del mundo y buena jugadora en tierra. Pero tampoco parece ser una apuesta segura. La mejor jugadora del año es Karolina Pliskova, una cañonera. Su problema está en saber navegar en la tierra, donde nunca ha pasado de cuartos de final en ningún torneo. Kuznetsova, Venus Williams o Stosur son veteranas bregadas en mil batallas, pero nunca favoritas. y Radwanska o Cibulkova han fallado tantas veces que ya casi es imposible confiar en ellas.

En esa ensalada de nombres queda también Garbiñe. A su favor está saberse el camino. En contra su mala temporada, su irregularidad. A favor está su pasión y su ansia por mejorar. En contra los fantasmas que siempre acuden con ella en la maleta. La campeona volverá a intentarlo, quizá en el año en el que más difícil es encontrar una favorita en el torneo. Todo lo contrario que en el lado masculino. Pero eso es otra historia.

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