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La afición del tenis sigue siendo de Nadal
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machacó a zverev y ahora se enfrenta a raonic

La afición del tenis sigue siendo de Nadal

Poco importa que en los últimos meses su juego no haya sido excelente, cuando el español entra en una pista las gradas siempre se ponen a su favor. Brisbane, donde debuta, no es una excepción

Foto: Nadal, en Brisbane (EFE)
Nadal, en Brisbane (EFE)

Las voces de la grada no se acuerdan de Zverev, que tampoco es que sea nadie importante en el mundo del tenis. Cada golpe de Nadal, sin embargo, es recibido con carantoñas. "Te hemos echado de menos", reza una pancarta que sostienen cuatro australianas. "Vamos, Rafa, Vamos", se puede leer en otro lado del pabellón de Brisbane. Ha vuelto Nadal y, con él, una de las aficiones más numerosas del deporte.

Foto: Rafa Nadal, tras imponerse a Alexandr Dolgopolov. (EFE) Opinión

Rafa nunca tuvo problemas para encontrar partidarios. Tiene una manera de entender el tenis, un poco también la vida, que desata pasiones, porque es exactamente eso lo que supura por todos los poros de su cuerpo: pasión. Y eso engancha, es adrenalina para el aficionado que siempre pide un poco más de Nadal. Nunca tuvo la elegancia de Federer, que de algún modo apela a otro tipo de público. El público de Nadal es también un poco como él, fuerte, entregado, intenso... maneras diferentes de entender el mundo.

El propio Nadal, cuando deja el partido con Zverev aún perdido ante el huracán, se apresura en hacer carantoñas a sus partidarios. Dice que lleva muchos años en la pomada y que, cuando está ausente, lo que más echa de menos es el calor de la grada. El pabellón, lógicamente, se viene abajo, el ídolo está contando que les echa de menos, que son la gasolina que alimenta su juego. Y así, con este discurso, se traza una historia de amor pensada para perdurar.

Nada de esto hubiese existido, en todo caso, si hablásemos de un jugador vulgar. Solo los héroes mueven a las masas, abren las aguas a su paso. No hay deportista cuya idolatría no comience con un rendimiento alto. Superlativo, en este caso, pues se está hablando de uno de los mejores jugadores de la historia. La memoria puede ser traicionera, siempre queda más lo reciente que lo pasado, y eso puede desdibujar un poco al mIto, que en tiempos recientes no ha tenido el brillo de hace años.

La marca, en todo caso, perdura, cuando Nadal camina por la pista hay una admiración reverencial, la conciencia de que algo grande puede pasar. No sería la primera vez. Ahora mismo está en proceso, pues han sido meses en el dique seco. Ahora mismo la incertidumbre impera, y solo con el paso de los partidos se podrá saber con claridad cuál es la línea tomada por el español. Los primeros síntomas, en todo caso, son excelentes. Ganó la pachanga de Abu Dabi y en Brisbane, la primera vez que compite en este torneo, está desplegando un tenis vertiginoso.

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PE25 BRISBANE (AUSTRALIA) 05 01 2017.- El tenista español Rafael Nadal devuelve una bola al alemán Mischa Zverev durante el partido de segunda ronda del torneo de Brisbane que ambos disputaron en Brisbane, Australia, hoy, 5 de enero de 2017. EFE Dave Hunt PROHIBIDO SU USO EN AUSTRALIA Y NUEVA ZELANDA

El golpe

Hay un golpe en el cuarto juego del partido que ejerció como la magdalena de Proust. Zverev ha decidido atacar la bola y está en mitad de pista, Nadal algo más alejado de lo que sería recomendable. Poco importa, de su mano izquierda aparece como de la nada un golpe imponente. Lleva efecto y sobrepasa al alemán sin problemas. Es profundo, rápido y aparentemente sin esfuerzo. Un golpe muy de Nadal, que se hizo célebre por desesperar a todo jugador que le quisiese atacar en el pasado. Zverev mira cuando le pasa la bola, el golpe que acaba de sufrir solo puede salir de la raqueta de un privilegiado.

Si algún día tienen que definir el tenis de Nadal, que es solo una parte del jugador que es, no duden en buscar este vídeo. No es el balear un tenista agresivo, pero como los buenos contragolpeadores es especialmente capaz de devolver con más fuerza los ataques del rival. Con el mejor Nadal no hay alternativa, porque nadie va a defenderse mejor que él y atacarle es estéril, tan solo va a hacerte correr a más velocidad, con más intensidad.

Zverev decidió que la mejor forma para jugar a Nadal era irse a lo loco a la red. Una forma de suicidio como otra cualquiera. El balear, que había planteado el partido para ser más agresivo que el primer día, todo le salió de dulce. "Es complicado que pueda decir algo negativo. He hecho un partido muy bueno, no he cometido errores y he restado muy bien. Además, he hecho muchos golpes ganadores, una barbaridad. Cuando uno hace un partido así la única valoración que se puede hacer es positiva e intentar mantener la línea para el siguiente día", explicaba Nadal al terminar el encuentro.

Foto: Nadal responde un golpe de Zverev (ReuterS)

Cuestión distinta, al menos de partida, será lo que se encuentre en los cuartos de final. Allí espera Raonic, que ahora mismo se asienta con gusto en el número tres del mundo, solo un peldaño por debajo de Murray y Djokovic. Es el reto de altura que necesita Nadal para testar definitivamente su juego. Es cierto que la semana pasada ya se cruzaron, pero fue en Abu Dabi, en una pachanga a la que los tenistas solo acuden por el calor del dinero y que se suele considerar solo un aperitivo del tenis de verdad. Brisbane es otra cosa.

"Es uno de los oponentes más duros con los que puedo encontrarme sin duda. Es el número tres del mundo. Su servicio es enorme y ha mejorado mucho desde el fondo de la pista también", analiza Nadal, que siempre fue un gran estudioso de sus rivales. "Será un partido en el que no puedes cometer muchos errores si quieres tener opciones. Hay que estar muy concentrado con su saque y luego tratar de restar de forma agresiva. Eso es lo que voy a intentar sabiendo que va a ser muy difícil", abundó aún más, elocuente pero siempre guardándose algunas de las claves del partido, como buen jugador que es.

Hay, eso sí, una cosa con la que Nadal puede contar de antemano: la grada estará con él. Siempre es así, y poco importa que Raonic sea ahora mismo uno de los grandes del circuito. El carisma se trabaja y tarda años en salir.

Las voces de la grada no se acuerdan de Zverev, que tampoco es que sea nadie importante en el mundo del tenis. Cada golpe de Nadal, sin embargo, es recibido con carantoñas. "Te hemos echado de menos", reza una pancarta que sostienen cuatro australianas. "Vamos, Rafa, Vamos", se puede leer en otro lado del pabellón de Brisbane. Ha vuelto Nadal y, con él, una de las aficiones más numerosas del deporte.

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