competirá en un torneo menor para ganar puntos

Muguruza ante la penúltima reválida para demostrar al mundo que es parte de la élite

No iba a estar en el torneo de Linz, pero se ha apuntado a última hora y con suerte por una retirada para apurar sus opciones de estar en el torneo de maestras que se disputa en Singapur

Foto: Garbiñe Muguruza, en un partido reciente (EFE)
Garbiñe Muguruza, en un partido reciente (EFE)

Linz es una coqueta localidad del norte de Austria donde la vida pasa lenta, sin sobresaltos. Cuando llega octubre se empeñan en hacer un torneo de tenis femenino de nivel, aunque por capacidad financiera no deja de ser un evento menor dentro de un circuito que mercadea con cientos de millones de euros. Es una cita de segunda, pero su situación en el calendario consigue que todos los años se pueda ver en sus pistas un nudo dramático, alguna tenista que se juega un buen fin de año. 

Esta temporada esa jugadora contra su destino es Garbiñe Muguruza. Quiere estar en Singapur y, para ello, necesita racanear los últimos puntos del calendario. La presión es fuerte, no aparecer por el Master final de temporada supondría un fracaso más dentro de una espiral de caídas impropias de una tenista de su nivel.

Es una anomalía que una jugadora que ha ganado Roland Garros este mismo año tenga que acudir a Linz con el agua al cuello. Lo normal es que, con un pico de forma tan alto, el resto de resultados de la temporada sean lo suficientemente buenos para clasificarse con holgura. En Garbiñe, ya se sabe, aquello no llegó. Desde que terminó su torneo mágico no levanta cabeza, va torneo a torneo perdiendo a las primeras de cambio contra jugadoras que no deberían ser de su nivel. 

Ha tenido suerte Garbiñe, porque en principio no podría haber estado en Austria, lo que hubiese minimizado aún más sus opciones para estar en Singapur. La norma dice que en un torneo de ese tamaño, reducido por dinero, solo puede haber una top-10, y la elegida para estar en esta edición era Karolina Pliskova, que se había apuntado con tiempo por si no llegaba a Singapur. Comoquiera que ella sí ha hecho los deberes, ha decidido que esta vez no hará el viaje, que pueda pasar de Linz sin ningún problema. 

Esa situación ha beneficiado a Garbiñe, que se ha apresurado a reclamar la plaza para ella. Magnífico para los organizadores, que tendrán en la española uno de los mayores reclamos que tiene el circuito y, además, la opción de verla jugar bajo presión. Aunque eso pueda significar un volantazo a primeras de cambio, a estas alturas pocos se sorprenderían si Muguruza no hace un buen papel, ni siquiera impacta ya que llegue una jornalera del tenis y termine mandando a la lona a la española, que era tercera del mundo pero se le ha ido acabando el crédito y después de tropezar dos veces -dos veces más- en China ha caído hasta la sexta posición de la lista mundial.

¿Qué piensa de todo esto Garbiñe? ¿Qué se le pasa por la cabeza cuando sabe que se juega una parte de la temporada por su dejadez de varios meses? "Estoy contenta, ha sido una buena temporada ganando un Grand Slam y no hay nada que pueda arruinarla", dijo después del torneo de Pekín. Hay una parte muy razonable en su frase, una de las pocas que ha dicho la recientemente esquiva Muguruza. Ganar un grande, ser campeona de Roland Garros, no solo justifica por sí mismo una temporada, sino que casi lo hace también con una carrera entera. Los niños tenistas sueñan con ganar una vez un torneo de esos, es el primero objetivo del deportista y, a decir verdad, escasean los que alguna vez en su vida logran tal distinción. 

Estar a la altura de su tenis

Asumido eso, a lo que se aferra la española, hay que levantar la mirada y buscar un poco más allá. Porque tan cierto es que un grande justifica una vida deportiva como que la carrera no termina cuando se consigue. Más aún cuando, recién cumplidos los 23 años, las expectativas son enormes. Y no lo son por casualidad o por capricho, sino porque se habla de una jugadora con los recursos más extensos de todo el circuito. Pocas, si es que hay alguna, juegan como ella a este deporte.

Eso supone un don, pero también es una responsabilidad. Estar en Linz significa una nueva oportunidad de redención, una manera de enderezar unos meses en los que su cabeza y su preparación no estuvieron a la altura de su tenis. Acudir a Singapur no puede ser obligado para ninguna tenista, al fin y al cabo son solo ocho las plazas que tiene el torneo, pero con  un mes como su mayo, y un juego como el suyo deberá estar decepcionada si no logra entrar en el último cuadro. Luego, es cierto, tendría que dar aún más para hacer un buen torneo en la ciudad-estado. A nadie se le escapa que con lo visto estos últimos meses sus opciones en el torneo final son escasas, es extraño que, de repente, se reconcilie con su talento y empiece a sacar el tenis que tiene de una semana para otra. Eso, si llega, será para 2017, un año en el que las mieles de París estarán resecas y necesitará reverdecerlas. 

Por eso también es importante Singapur. Lo primero que necesita Garbiñe Muguruza para volver a sentirse importante, invencible, como se vio en Roland Garros, es recuperar las sensaciones. Retomar la idea de que ella es parte de la élite y competir cara a cara con las mejores. Esto, que es difícil, también es lo que mejor se le da a una tenista que ha demostrado muchas veces que se viene arriba cuando el resultado del partido es, a priori, incierto. 

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