roberto bautista dio el punto definitivo

España, del abismo en la Copa Davis a encontrar por fin brotes verdes

Han sido años en los que ha bajado el nivel del equipo masculino, por el ocaso de algunos tenistas y, también, por el caos federativo que no ha ayudado a que todos remaran en la misma onda

Foto: España celebra la victoria de Bautista (Reuters)
España celebra la victoria de Bautista (Reuters)

Había que rebuscar mucho en internet para saber quién era ese tal Florin Mergea. Sí, suena algo del circuito de dobles, esa competición paralela en la que algunos tenistas han encontrado una forma de ganarse la vida porque no tendrían ningún futuro en el los individuales. Y tampoco lo tendrían si los mejores tenistas compitiesen en dobles. Es algo parecido a un familia pequeña, una división menor del tenis que, a pesar de todo, arroja beneficios. Florin Mergea, que ni siquiera es de los mejores dentro de los no tan buenos, era quien tenía que enfrentarse a Roberto Bautista, el número 15 del mundo.

De ese choque, tan inusual, tan desigual, partía de nuevo la pregunta que lleva retumbando toda la semana en los aficionados al tenis ¿qué hace España aquí? Porque la tradición tenística de Rumanía no está mal de todo, pero no es comparable. Y ni que decir tiene que el presente tenístico de los rumanos -las rumanas sí que son muy competititvas- es asimilable a un páramo. En esas España decidió que esta temporada no podía hacer el ridículo de la anterior, cuando se dejó perder tras llevar la eliminatoria con un 2-0 arriba contra un equipo inferior como Rusia. Ganó, que era la cuestión.

Porque no, este duelo no era por la gloria sino por rescatarse después de una serie de inaceptables traspiés. Desde la final de 2012 contra la República Checa en Praga el tenis español ha seguido caminando, pero la selección española no tanto. Empezó a bajar y a bajar hasta que en abril de este año se encontró jugando contra Dinamarca en una eliminatoria que les podía empujar incluso hasta la tercera división mundial. El simple hecho de haber jugado eso era ya un desdoro para un país que está -o tendría que estar- en lo más granado de la élite mundial del tenis. 

Ahora se sabe que España jugará de nuevo en septiembre y que lo hará para subir al Grupo Mundial, la primera división del tenis y su lugar natural en el mundo. Aunque los tenistas de élite, y en eso están también los mejores españoles, cada vez tienen más recelos para competir en la Copa Davis. Eso hace que la competición pierda quilates y, también, que se iguale. Porque Rafa Nadal en forma no va a perder nunca, le pongas donde le pongas, con el segundo jugador de un país que a duras penas puede montar un equipo. Pero no todos son tan fiables como el español. Ni en los otros equipos tampoco. 

Especialmente difícil es convencer a los jugadores en un año olímpico. Porque el tenista tiende a pensar que sus compromisos con el país están limitados, y que ya lo representarán en los Juegos. Y eso hace que la Davis pierda aún más fuste. Este fin de semana, por ejemplo, compiten Reino Unido y Serbia, pero no han aparecido por allí ni Murray ni Djokovic. Eso ha hecho que una eliminatoria de cuartos de final, con una pinta inmejorable, haya quedado reducida a tenistas como Edmund o Lajovic. Gente que no suele aparecer en los sueños de los niños. 

Los momentos duros de España tienen que ver con una serie de factores importantes. Casi una tormenta perfecta que ha llevado a la referencia del tenis mundial -que lo es, o por lo menos lo fue- a vagar por las cloacas de la Copa Davis. Es difícil marcar una causa como preponderante, porque en realidad todas se solapan y se retroalimentan. La primera, en todo caso, debe ser hablar del nivel del tenis español. La calidad está ahí, y por sí mismo este factor no explica las derrotas, pues unas cuantas de ellas fueron inexplicable. Se sabe, de todos modos, que hace cinco años las opciones eran mejores. En aquel momento Nadal era inabordable, Ferrer un tenista de una seguridad brutal, más aún en Copa Davis, y había otras piezas muy lujosas que rondaban el top10 como los ahora desaparecidos Verdasco y Almagro. Se puede sumar a esta lista a Feliciano, que completaba convocatorias. Los dobles nunca fueron muy fuertes, pero con Marcel Granollers -mucho más que con Marc López, que nunca dejó de ser un jugador muy limitado- incluso ese punto tomó buen color durante un tiempo. 

Bajó el nivel de los jugadores

La imagen ahora es diferente. Nadal tiene lesiones y, cuando no están ahí, sí lo está el miedo a recaer. Él más que nadie tiene que vigilar su calendario, pues es evidente que hay un exceso de carga, y la decisión más fácil para todo tenista es descartar primero la Copa Davis, una competición que da poco dinero y, una vez ya ganada, tampoco suma mucho prestigio. Ni siquiera puntos para el ranking en esos niveles. Desde la final de 2011 en Sevilla, Nadal solo ha estado en una eliminatoria, en Madrid contra Ucrania. Algo que era más un entrenamiento contra un rival inofensivo que un test real. Como bajó el mallorquín también lo hizo el siempre comprometido Ferrer. Su frustración en Praga fue patente, él hizo dos puntos jugando un tenis imperial, dos de los mejores encuentros de su carrera. Y a pesar de todo no consiguió llevarse el título. Desde entonces no ha aparecido mucho, también por su edad y, en el último año, por su falta de tono tenístico. Está en la cuesta abajo de una carrera muy notable, un ciclo personal que merecería el mayor de los vítores, pues es también una historia de superación.

Almagro y Verdasco también desaparecieron del mapa. El problema, más que nada, es que ellos no han tenido reemplazo. Pablo Carreño era la esperanza entre los jóvenes, pero no ha terminado de cristalizar. La Armada Española, que aún tiene resultados, es un grupo de jugadores con más pasado que futuro. Tanto que tienen que salir jugadores buenos, pero quizá no tan buenos, como Roberto Bautista para mantener el nivel. 

No fue el único problema, ni mucho menos. La selección de Copa Davis está controlada desde la Real Federación Española de Tenis, que no ha tenido en estos tres últimos años más que problemas, sospechas y escándalos. La decisión del presidente anterior, José Luis Escañuela, de contratar como capitana a Gala León pasó pronto a uno de los mayores dislates del deporte. Primero porque León no era el perfil correcto, no tenía contacto alguno con los jugadores y había estado siempre muy lejos de la selección. Después porque se enrocaron con el nombre, lo impusieron y trataron de hacer pasar a una trabajadora de lujo -siempre lo es el capitán de la Davis- por un icono del feminismo. Hablaban, unos y otros, idiomas distintos, muy lejanos. Y así no hay entendimiento. Eso se solventó, al menos en parte, con la llegada de Conchita Martínez. Es una cuestión de pedagogía. Ella era una cuestión intermedia, no llegaba impuesta por los tenistas, pero tampoco provocaba rechazo. Es más, la aragones tenía un punto muy a su favor, que es el respeto de los jugadores. Siendo como es uno de los mejores conjuntos de la historia necesitaban alguien a quien no considerasen -aunque fuese injustamente- inferior. Conchita daba el perfil, estos jugadores crecieron viendo como era una de las mejores jugadoras del mundo. 

La lógica invita a pensar que las aguas volverán a su cauce. Las últimas elecciones de la federación no han sido un remanso de paz, pero también porque la propia institución es incapaz de hacer eso. Han sido meses de pasillos, reuniones, llamadas de teléfono y angustias varias, un sinfín de alianzas que se sellaban y se rompían con frecuencia hasta dantesca. El proceso es así, pero finalmente se ha llegado a un presidente, Miguel Díaz, que parece sólido y, en cualquier caso, tiene un folio en blanco para empezar a escribir su historia.

Esa fortaleza federativa puede reducir las malas caras y hacer que algunos de los que hoy no incluyen en sus planes la Davis se planteen hacerlo. Quedará por ver. España no suena hoy como hace cinco años, porque por el tenis español no está al mismo nivel que tuvo. Pero aún así sigue teniendo que estar en el Grupo Mundial. Y dentro de eso, como demostró Reino Unido el pasado año, todo es posible. Ahora solo queda saber el rival que, en septiembre, será el último obstáculo de España para volver. Si lleva a los mejores, la selección será favorita. 

Tenis

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios