achacó los problemas a la falta de descanso

Garbiñe Muguruza no está "depre", pero dice que no sabe descansar

La española trató de explicar los problemas que tuvo en su sorprendente derrota en segunda ronda contra la eslovaca Cepelova. No fue mental, dice, sino físico

Foto: Garbiñe sale eliminada de su partido (Reuters)
Garbiñe sale eliminada de su partido (Reuters)

Resopla Garbiñe Muguruza, incapaz de meter la bola entre las líneas. Wimbledon, el lugar en el que el año pasado consiguió sacar definitivamente la cabeza y convertirse en un referente en el tenis femenino, se convierte en un manojo de ansiedad. Su problema no es la hierba, ni siquiera una rival que la esté forzando. Es ella, incapaz de centrarse, de darle armonía al tenis que posee. La desesperación se acrecienta punto a punto. No es solo que pierda, es que la están sacando de la pista a garrotazos y sin plantear una oposición real. Cualquiera que mire a el partido y no sepa de qué va la historia creerá que la derrotada es una pobre jornalera del circuito, una tenista vulgar. Eso que nunca parecería Serena Williams pero que a Muguruza, de vez en cuando, le ocurre. 

Uno de los momentos difíciles de una derrota como la ocurrida en la pista 2 es intentar verbalizar lo que ha pasado. Explicar lo que todos han visto y nadie termina de entender. Muguruza encontró en el físico su argumento, quizá el más recurrente de todos los posibles. "Mi energía no estaba aquí, llega un momento en el que te vienes abajo y ya ayer me sentía un poco enferma, me he visto vacía, además a Cepelova le ha salido un poco todo, ha sido una combinación de circunstancias", contaba ante los medios un rato después de su partido. 

Es más sencillo asimilar un problema físico que uno de otro orden, psicológico por ejemplo. O de preparación. No parece que después de Roland Garros su vida haya sido la más ordenada posible, aunque es común en las estrellas que aparecen de sopetón. Aparecen actos, fotografías, mucho estrés... "Después de jugar en París, ir a Mallorca quizá fue un poco demasiado. Voy a aprender que tienes que concentrarte también en cómo recuperarse. Y no llegar a un momento en el que tu energía está baja. No puedes llegar a un Grand Slam sin estar bien", asumía Muguruza. 

La falta de descanso

El problema, explica, no está en la carga del trabajo sino en una cuestión tan importante como esa: el descanso: "Tengo que descansar un poco más y preocuparme más por los descansos. A veces es mejor descansar que practicar. Por jugar 10 horas más en un día no vas a ser mejor jugadora". La derrota, dice, no la deja "depre". "Perder es una decepción, y más en un grande, pero no me lo voy a tomar así, estaba agotada y nada más", contaba. 

Con Garbiñe siempre queda la duda de si lo que le falta es centrarse más, si en ocasiones no sabe gestionar las emociones en partidos que tendrían que ser sencillos. "No he sentido presión. Sabía que iba a ser un torneo duro después de haber ganado un Gran Slam. Es un día en el que no me ha salido nada", trataba de justificar la número 2 del mundo, que ha perdido más de mil puntos tras ser finalista el año pasado. Muguruza, por supuesto, no dudó en elogiar a su rival, Cepelova, la gran beneficiada del día tonto de la española. "Ella jugó mejor, sin miedo; intentó muchas cosas y a mí me no me funcionaba nada. Me sorprendió que jugara con tan poco miedo. Pero creo que la derrota fue una combinación de todo un poco", se justificaba la caraqueña. 

Gonzalo Cabeza
En esas cosas de la mente, la que tantos problemas han dado -alegrías también, ha demostrado ser muy fuerte en los días grandes- asegura que no ha habido, al menos no por su parte, exceso de confianza. "Vine a Wimbledon pensando que no iba a hacer final como el año pasado. Pero las cosas son así, perder es parte del juego; no pasa nada, no hay ningún drama", cuenta, un poco abrumada. 

En esas quedó Garbiñe, derrotada pero no desesperada, intentando explicar un partido en el que no compareció. Sea el físico, la presión, la falta de descanso, el no habrese podido centrar con tanta celebración... Lo que sea, en todo caso tiene 22 años y aún hay por delante cien caminos que tomar. 

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