Venció murray por 7-5 y 6-4

Nadal se crispa en los momentos clave y falla en las semifinales de Madrid

Murray no jugó a su mejor nivel, pero el español fue incapaz de ver sus debilidades. El calor de la grada de la Caja Mágica no fue suficiente para calmar los evidentes nervios de Rafa

Se busca la chispa de Rafa Nadal, el punto de picardía que le llevó al número 1. Sigue siendo muy bueno, pero ha perdido el tono de excelencia. Contra Andy Murray hizo un buen partido, tuvo opciones de ganar ambos sets, pero terminó no respondiendo. Porque la ansiedad, que en sus entrevistas dice que se ha marchado ya, sigue siendo una nube negra encima de los puntos clave del encuentro. Y porque algunas de sus fortalezas han mutado a debilidades.

[Indignación con TVE por no emitir los últimos minutos del Nadal-Murray]

El público de Madrid, que no llenó la pista Manolo Santana del complejo de la Caja Mágica, sufrió en cada golpe con su ídolo. Los carteles del patrocinador principal estaban tirados por el suelo. “Muy de Rafa”. Y tanto. Justo antes de un punto importante se escucha en un fondo un grito desesperado. “Te quiero, Rafa”. Risas varias y una respuesta del otro lado. “Y yo también”. No es cariño, es devoción. El punto lo ganó Murray, ese jugador que juega muy bien, gana mucho, pero es pura escarcha sobre la pista. Transmite poco, pero es efectivo.

Nadal parece precipitado y falto de táctica, todo lo contrario de lo que un día fue. Se nota, especialmente, en las opciones de bolas de rotura que tiene a favor. No lo ve claro, falla golpes fáciles y se encuentra con errores que son impropios de alguien que cimentó su leyenda fallando muy poco. Sí, es cierto, Murray acertó casi siempre con su servicio en los momentos en los que estaba apurado, pero hubo peloteos que pudieron caer del lado del español y se fueron camino de Escocia. Nadal mezcla peor el juego, ya no encuentra bien los puntos débiles del rival, algo que antes era una de sus claves. Nadal ganaba porque entendía el juego. Hoy está ofuscado y no se encuentra. 

El español nunca fue un martillo, era más especialista en generar fallos del rival que en buscar líneas y golpes sin respuesta. Sorprende por lo tanto que ahora le tiemblen las piernas en los momentos clave. Esa era una de sus especialidades, encontrarse en la pista más cómodo que el rival y subir su nivel de juego cuando la presión aumentaba. En Madrid ese Nadal no se ha vistoni con Sousa ni con Murray.

Defectos tácticos

Aunque su tenis ha mejorado mucho con respecto a lo visto el año pasado, sigue teniendo cosas que antes funcionaban y ahora no tanto. Rafa está más perdido y no encuentra bien la táctica ganadora. Contra Murray se empeñó en utilizar unas dejadas que no le salieron en ningún caso. La mayor parte de las bolas en las que intentó forzar la carrera del número 2 del mundo se le quedaron cortas, presas de la red. Y el revés tampoco le entró. Sin ese golpe es difícil que domine los puntos, e ir a contracorriente es demasiado riesgo. 

Murray, que no es casualidad que sea el 2 del mundo, se benefició de la altura para sacar bien, aunque no hizo, ni mucho menos, un partido redondo. Falló muchas bolas sencillas y dio opciones, pero Nadal no las vio. Le respetaron más los nervios, porque sin estar brillante sí tuvo suficiente para dificultar el partido a Nadal. El escocés, con quien este año se ha estado entrenando en Palma, supo variar su juego y explotar las debilidades de Nadal. Por todo ello jugará la final de Madrid, donde ganó el pasado año

La estructura de los dos sets fue muy similar. Rafa fue a remolque después de que Murray le rompiese pronto, consiguió darle la vuelta con 5-3 tan solo para perderse de nuevo unos pocos juegos después. Y en ambos casos en el segundo break del escocés con más errores propios que aciertos ajenos.

Sí, se puede, sí, se puede”. La grada ruge con un grito podemita, un estilo muy poco tenístico. Aquí el silencio brilla por su ausencia. “Sí, se puede; sí, se puede”. Un espectador no lo ve: “Gritad algo más bonito”. Pero la grada ha decidido que el cántico tiene fuerza y vale también para un deporte algo envarado y de fama elitista.

“Vamos, Rafa”. La frase es una constante en su carrera y un lema para el público de Madrid, una parroquia de creyentes. Él siempre repite, año tras año, que es feliz viniendo a esta ciudad y que no hay lugar en el mundo que le empuje más, aunque haya circunstancias que no le sean tan propicias. Pero las gargantas de Madrid, que en otro tiempo le daban alas –legendaria final de 2005 contra Ljubicic– hoy no son suficientes para que organice su juego y se imponga a un rival de tronío como Murray. Nadal está en camino, pero no ha llegado aún. 

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