ESTE SÁBADO JUGARÁ LA FINAL DE WIMBLEDON

Garbiñe Muguruza es la elegida para superar a Conchita y Arantxa

Cuando la última española (Arantxa Sánchez Vicario) llegó a la final de Wimbledon, Garbiñe tenía 2 años. Ahora su nombre se compara al de la mejor tenista española o al de Conchita Martínez

Foto: Garbiñe Muguruza celebra su pase a la final de Wimbledon (Reuters).
Garbiñe Muguruza celebra su pase a la final de Wimbledon (Reuters).

No hagan planes para este sábado. Garbiñe Muguruza ha citado a toda España con la historia después de derrotar a Radwanska para llegar a la final de Wimbledon, allí se verá las caras con una vieja conocida: Serena Williams. Ya habrá tiempo de meterse en el terreno deportivo para analizarlo hasta la saciedad. De momento, la hispanovenezolana ha conseguido algo que el tenis femenino español no lograba desde 1996. Y es que hace 19 años que este país vio a una de de las suyas saltar a la pista uno del All England Club para disputar el partido con el que todos los tenistas sueñan. ¿Su nombre? Arantxa Sánchez Vicario. Por aquel entonces, Garbiñe tenía 2 años y ahora su nombre se compara al de la mejor tenista española o al de Conchita Martínez. Teniendo en cuenta su edad (cumplirá 22 años en octubre), el potencial que atesora y contando con el respeto de las lesiones, no lo duden: Muguruza tiene todo para superarlas y ser la mejor jugadora del tenis español.

Los especialistas en el mundo de la raqueta no han dudado desde que Garbiñe irrumpió en las pistas: su proyección no tiene límites. Una teoría que se ha visto refrendada por su vertiginosa progresión dentro del ranking WTA. Muguruza tiene todo lo necesario para ganar y España la ve como la gran esperanza del tenis femenino. Por ello, no sería un disparate señalarla como la digna sucesora de Arantxa Sánchez Vicario y Conchita Martínez. La hispanovenezolana es el gran relevo que el tenis femenino español estaba esperando y teniendo en cuenta los factores que atesora (edad, físico, juego, potencial…) va camino de convertirse en la mejor jugadora nacional de la historia. Criada sobre la tierra batida, su poderío le permite adaptarse a otras superficies como la pista rápida o la hierba. La presente edición de Wimbledon es el mejor ejemplo.

Sin olvidar a Lilí Álvarez que jugó tres finales seguidas (1926, 1927 y 1928) y no ganó ninguna, España necesitaba una tenista como Garbiñe que reviviera una época dorada en la que dos nombres destacaron por encima del resto: Arantxa y Conchita. Centrándonos, en primer lugar, en Wimbledon, Muguruza tiene ante sí la oportunidad de igualar y mejorar la actuación de ambas. Sánchez Vicario alcanzó la final en el All England Club dos veces (1995 y 1996), pero Steffi Graf le privó del placer de saborear la gloria. Algo que no ocurrió en el caso de Conchita Martínez: la aragonesa derrotó a Navratilova en 1994 convirtiéndose en la primera (y hasta ahora única) española que ha conquistado Londres. Garbiñe jugará su primera final de un Grand Slam con 21 años, una imagen que el mundo del tenis da por hecho que se repetirá. “Se la verá mucho más a menudo en las fases finales y luchando por títulos”, comentaba Radwanska tras ser derrotada por Muguruza.

Arantxa y Conchita escribieron, a golpe de raqueta, una época dorada para el tenis femenino español que, hasta ese momento, sólo había contado con la pionera Lilí Álvarez como referencia. La jugadora aragonesa debutó con 18 años (1988) cuando Garbiñe aún no había nacido, con 22 conquistó Wimbledon y con 23 se convirtió en la segunda mejor jugadora del mundo. Conchita permaneció dentro del Top 10 a lo largo de nueve temporadas en las que todos coincidieron en algo: su gran potencial, el mismo que contrastaba con la incapacidad de alcanzar las expectativas que había sobre su figura. Tanto su juego como el de Arantxa es completamente diferente al de Garbiñe, convertida en toda una atleta. El tenis ha cambiado, ha evolucionado y esto juega a favor de Muguruza para superar a sus dos grandes predecesoras. Las mismas a las que apenas vio sobre la pista.

 

 

Con los números sobre la mesa, Arantxa es la mejor tenista española de la historia. ¿Garbiñe puede superarla? Apuesten por ello. La catalana era conocida por su juego de garra, llegaba a todas las bolas, desquiciaba a sus rivales y pocos podían con su inquebrantable fortaleza mental. Éste es el talón de Aquiles de una Muguruza cuyo tenis se basa en su físico, su espectacular derecha y la capacidad para acortar puntos para evitar un excesivo desgaste. Las diferencias son evidentes, pero el cambio que el tenis ha sufrido desde la época de Arantxa al presente también lo es. A pesar de ello, en las carreras de ambas se observan similitudes: las dos empuñaron la raqueta a los tres años siguiendo a sus hermanos. A la hispanovenezolana le costó más convertirse en una jugadora profesional, pero cuando lo hizo escaló de la posición 64 a la 19 en un año. 

 

 

El primer Grand Slam de la catalana llegó con su mayoría de edad. En 1989, Arantxa Sánchez Vicario era la número 10 del mundo y se llevó por delante a la número uno: Steffi Graf. Lo hizo en la final de Roland Garros, el mismo torneo en el que Garbiñe Muguruza derrotó a la jugadora que lideraba el ranking WTA: Serena Williams. No lo hizo en la final, pero a sus 20 años y siendo la raqueta número 35 del mundo, puso en primera fila sus posibilidades en el mundo del tenis. Ahora, un año después puede conquistar su primer Grand Slam ante la misma rival. Supondría el punto de partida de un extenso viaje en el que si sigue la progresión actual, desbancaría a Arantxa Sánchez Vicario como la mejor tenista española de la historia.

No será una tarea fácil. La jugadora de Barcelona fue número uno del mundo con apenas 24 años (1995) y levantó cuatro títulos de Grand Slam individuales. Además, se llevó seis trofeos en dobles y cuatro en dobles mixtos sin olvidar las cuatro medallas olímpicas que colgó en su cuello. Además, con 20 años lideró (junto a Conchita) el equipo que ganó ante Estados Unidos la primera de las cinco Copas Federación que España tiene en su palmarés. Ahí, Garbiñe no tiene nada que envidiar pues a sus 21 años ya sabe qué es ser la primera raqueta del equipo nacional. Todavía tiene que trabajar para poder emular las once temporadas que Arantxa pasó entre las diez mejores o los ocho títulos que añadió a su palmarés con 23 años (1994), pero Wimbledon no es el techo de Muguruza. Se trata del asentamiento de los cimientos de una prometedora y exitosa carrera.

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