El milagro de Nadal: cuando la mente puede con los calambres, los mareos y las náuseas
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UNA DE LAS VICTORIAS DE MÁS VALOR PARA EL BALEAR

El milagro de Nadal: cuando la mente puede con los calambres, los mareos y las náuseas

Rafa Nadal ha vuelto a dar una lección en el Open de Australia y, esta vez, lo hizo sufriendo calambres, mareos y náuseas. Pese a ello, logró llevarse el partido

placeholder Foto: Rafa Nadal celebra sobre la pista su victoria sobre el norteamericano Tim Smyczek.
Rafa Nadal celebra sobre la pista su victoria sobre el norteamericano Tim Smyczek.

Rafa Nadal ha vuelto a dar una lección en el Open de Australia. El tenista español consiguió una importantísima victoria ante Tim Smyczek en la segunda ronda del torneo 'aussie', un partido que entrará en el selecto grupo de aquellos que el balear no olvidará en la vida. Y no sólo por conseguir una épica remontada cuando parecía que lo tenía todo perdido sino, sobre todo, por superar todas las adversidades que estuvieron muy cerca de tumbar a Nadal. De forma literal. Pero el español volvió a demostrar que es un deportista que está hecho de otra pasta y que la palabra 'rendición' no existe en su vocabulario.

¿Se imaginan que un jugador de fútbol sufriera una lesión en el minuto 20 de partido y no sólo aguantara los noventa minutos, sino que fuera el autor de dos goles para remontar y ganar el encuentro? Pues esto es, exactamente, lo que Nadal consiguió este miércoles, pero con la gran diferencia de que él no tenía compañeros que pudieran ayudarlo. De sobra es conocida la garra y el tesón que el español demuestra en cada partido, pero este miércoles demostró un carácter inquebrantable para superar todas las adversidades y lograr seguir con vida en Australia, donde este viernes se medirá al israelí Dudi Sela.

*Álbum: Vea las mejores imágenes del Nadal-Smyczek

Calambres, mareos, vértigos y naúseas fueron algunos de los síntomas que Nadal sintió en pista. Tan fuertes eran algunos de los problemas que sentía que incluso llegó a valorar la posibilidad de retirarse, al considerar que atravesaba una situación "crítica". Durante estos complicados momentos, Smyczek consiguió dar la vuelta al marcador para ponerse por delante, pero el español siguió luchando. Consciente de que el partido podía ser muy largo, esperó con paciencia su oportunidad y, cuando le llegó, no dudó en agarrarla con las dos manos para conseguir una épica victoria, celebrada de rodillas sobre la pista.

"Creo que he tenido un golpe de calor y algo que me ha pasado en el estómago y las dos cosas juntas han hecho que la situación sea crítica. El estado físico era malo y tenía miedo de desmayarme. Cuando uno está tan mal, es diferente a cuando te duele la rodilla o un pie, porque tienes miedo de cruzar la línea. Cuando me movía y hacía tres bolas, notaba que no podía más, pero aún así he encontrado la manera de relajarme y, dentro de mi estado crítico, encontrar la solución sabiendo que la única forma que tenía de ganar el partido era sin correr", aseguró Nadal. Es imposible explicar mejor lo sucedido.

Pese a no ser el Nadal brillante de otras ocasiones, el balear entendió cuál era la mejor manera de no salirse del partido. Ser agresivo, tratar de evitar los 'rallyes' y no perseguir bolas a las que no pudiera llegar: o, lo que es lo mismo, renunciar a parte de su estilo de juego con el objetivo de no gripar y esperar que su cuerpo respondiera. Sin embargo, su sufrimiento no se arregló con el paso de los minutos: "Cuando ya llevas hora y media, y no mejoras, entiendes que no lo vas a hacer y que el cuerpo no tiene recuperación. El mareo ha sido demasiado para mí", confesó. Pero decidió no tirar la toalla.

Ir por debajo en el marcador, no encontrar solución a sus problemas físicos y ser incapaz de utilizar sus mejores armas en pista no fueron suficiente para que el español decidiera dejar la victoria por imposible. Bola a bola, Nadal continúo luchando durante cuatro eternas horas para, por fin, extender los brazos al cielo y lograr la clasificación. Sin duda, la imagen de su victoria lo resume a la perfección: arrodillado en el suelo, extenuado y con las manos en su cara, parecía que acababa de ganar el torneo más que de clasificarse a tercera ronda. Esa instantánea confirma lo mucho que sufrió para lograr la victoria.

Después de un final de 2014 para el olvido, con diversas lesiones y problemas físicos -operación de apendicitis incluida-, el español comenzaba este curso con la tranquilidad de saber que debía mejorar su estado físico. Tanto tiempo sin jugar a buen nivel y los continuos parones provocaron que no tuviera ritmo de competición, una situación que debería ir mejorando con el paso de los partidos. Pero, a las primeras de cambio, se ha metido en la lucha por un Open de Australia en el que tratará de mejorar partido a partido, aunque ahora queda por ver cómo responde su cuerpo tras las cuatro horas ante Smyczek.

Tras la lección del pasado curso, en el que con una importante lesión de espalda continuó jugando la final e incluso llegó a robarle un set a Stan Wawrinka, la de este año ha sido mucho más valiosa. Por supuesto que las derrotas forman parte del deporte y que ningún jugador esta exento de sufrir un tropiezo. Pero Nadal ha confirmado una evidencia: nunca hay que dar un partido por perdido. En la pista, caerse está permitido, pero levantarse es obligatorio. Si alguien refleja la pelea en una cancha de tenis ese es el espñaol, sin duda, el mejor ejemplo de que pelear hasta el final muchas veces tiene recompensa.

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