CONTRA MURRAY, ENÉSIMO TRIUNFO AGÓNICO

Nadal confirma que ha encontrado la pasión para luchar en partidos complicados

Rafa Nadal aseguró haber encontrado la pasión para luchar en partidos difíciles y lo confirmó ante Murray (1-6, 6-3 y 7-5). Dimitrov, su rival en semis de Roma

Foto: Rafa Nadal celebra su pase a las semifinales del Masters de Roma (AP).
Rafa Nadal celebra su pase a las semifinales del Masters de Roma (AP).

Con la pista a reventar para ver a dos rivales de lujo y un ambiente más futbolero que tenístico. Así saltaron a la pista Rafa Nadal y Andy Murray para disputar el partido del último turno, ese del que tanto se queja el número uno de la ATP. Aunque parezca increíble, o imposible por el esfuerzo físico, el de Manacor repitió los mismos pasos dados en los partidos ante Simon y Youzhny. Nadal comenzó sin chispa, con las piernas pesadas y sin encontrar sensaciones positivas. Andy Murray le pasó por encima (1-6), pero poco pudo hacer cuando el ave fénix resurgió de sus cenizas. Rafa recuperó el aliento en el segundo set (6-3) y trabajó duro para llevarse el tercero (7-5) ya que tuvo que remontar para igualar la contienda y acabar cerrando el partido. A Nadal no le pudo la presión, a Murral sí. ¿El resultado? El número uno disputará este jueves las semifinales contra Dimitrov. Y es que ya avisaba el día anterior: estaba disfrutando en situaciones complicadas.

Como ha venido siendo habitual en la arcilla del Foro Itálico, en el primer juego Rafa Nadal no tenía chispa. Sus piernas notaban la carga de dos partidos eternos, como la misma Roma, en los que sufrió más de lo esperado para alzarse con la victoria. El número uno del mundo cometía fallos que no suelen ser habituales en él; incluso, se podrían calificar de infantiles. Agazapado, esperando demasiado y lejos de la línea, Rafa Nadal no encontraba sensaciones positivas y era incapaz de dirigir bien la bola. Tanto que en el marcador de la pista central romana lucía un 0-4 a favor de Andy Murray.

Al tenista escocés le salía todo a pedir de boca. Trabajaba cada punto con paciencia y contaba con una ventaja psicológica de peso: en frente no parecía estar el todopoderoso Rafa Nadal. Andy Murray conocía los puntos débiles de su rival y, por ejemplo, aprovechaba que el segundo saque de Nadal suele ser corto. Además, Rafa no aprovechaba las flaquezas del escocés y no buscaba que éste restase con su derecha. El de Manacor se empeñaba en abusar del revés, algo nada habitual en él, y en colocar la pelota en el centro intentando alargar cada juego, ganando tiempo para averiguar las intenciones de Andy Murray que se había embolsado cinco juegos (0-5).

El exceso de errores y la poca disciplina táctica provocaban una pregunta en el Foro Itálico: ¿a qué estaba jugando Rafa Nadal? Nadie era capaz de contestar. Ni siquiera cuando el número uno del mundo maquilló el resultado (1-5) con un intercambio de golpes duros en los que resurgió su derecha, pero fue un oasis en medio del desierto ya que Andy Murray lo tenía hecho y no tardó en rematar (1-6) a un Nadal tocado anímicamente por la tensión acumulada en los partidos anteriores. El resultado del primer set era justo: el escocés había hecho casi el doble de puntos que su rival (30 por los 16 del español) y había aprovechado sus dos opciones de break. A Rafa le pesaban las tres ocasiones perdidas con el 0-2 en el marcador.

Era el momento de hincar el diente a Nadal. Murray estaba dominando al número uno del mundo que, por alguna razón, no encontraba posiciones de ataque ni lograba que funcionase su primer saque. El panorama era desalentador, pero Rafa sólo podía mejorar y eso es lo que hizo, repitiendo el guion de los dos partidos anteriores. El número uno del mundo se convenció de que podía remontar y se puso manos a la obra. Por primera vez, subió a la red y fue resolutivo. Por primera vez, conectó varios golpes para ganar con buenas sensaciones. Por primera vez, estaba por delante en el marcador. Por primera vez, apareció Rafa Nadal. Descubierto el camino, había que recorrerlo.

Rafa cambió de táctica en un abrir y cerrar de ojos, con su facilidad habitual. Murray no perdía precisión y la pelota le corría bien, pero Nadal le estaba cansando para menguarle. La frescura parecía haber regresado a las piernas del número uno que había dado un salto al frente para intercambiar los papeles del primer set con su rival. Al mallorquín le salía todo: cerraba pista, encontraba vías para subir a la red, su derecha era demoledora, había aumentado su agresividad y no daba ni un respiro a un Murray que nada pudo hacer para frenar la resurrección del número uno en el segundo set (6-3).

La igualdad no sólo definía el marcador, también lo hacía con las fuerzas de los dos rivales que jugaban en la central de Roma. En el tercer set, Rafa Nadal rebajó la intensidad y empezó a perder profundidad en su revés dando muchas oportunidades a la derecha de Murray. Los regalos llegaban desde ambos lados de la pista y sirvieron para que el tenista escocés se metiera en el partido de nuevo. El partido ganó en equilibrio y en dureza, algo que supo gestionar mejor Andy para mandar en el marcador (4-2). Mientras Nadal buscaba la manera de salir del laberinto en el que se encontraba mejorando, por ejemplo, el segundo saque que tanto le penalizaba, la presión pudo con un Murray que no supo cerrar el partido cuando todo estaba a su favor. Demasiada cautela en los dos primeros puntos.

Un espectacular ‘contrabreak’ del número uno del mundo cambió el rumbo y provocó que Rafa Nadal igualara fuerzas (4-4) una vez más. Era evidente que el escocés pasaba por un mal momento, pero Andy se desenvuelve a las mil maravillas cuando va por detrás y así lo demostró rompiendo las tablas (5-4) ayudado por un mínimo despiste del tenista mallorquín. El espectáculo estaba servido. Rafa Nadal debía hacer frente a una situación complicada un escenario donde confesaba que estaba encontrando “otra vez la pasión, la motivación, la fuerza interior para luchar”. Y así fue. Ayudado por los errores de Murray, el español logró primero el equilibrio y para romperlo después: un revés largo, una derecha estrellada en la red y una doble falta del escocés hicieron casi todo el trabajo. Rafa servía para meterse en semifinales. Reinó la prudencia en Roma y Nadal no quiso devolver los regalos a su rival (7-5).

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