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El rugby no se escapa del dopaje: ocupa el puesto vigésimoprimero en la lista de la AMA
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El rugby no se escapa del dopaje: ocupa el puesto vigésimoprimero en la lista de la AMA

Un repaso: casos célebres, controles menguantes en Sudáfrica, sanciones recientes y presión juvenil... frente a datos globales de la AMA y la limpieza declarada en el español

Foto: Un problema muy presente. (EFE/Richard Wainwright)
Un problema muy presente. (EFE/Richard Wainwright)
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Chiliboy Ralepelle es, tal vez, el jugador de rugby que más hecho por ensuciar la imagen de un deporte en el que Sudáfrica, su país natal, ha conquistado cuatro veces la Webb Ellis Cup. Se puede decir que el primer capitán negro en la historia de los Springboks fue un tipo insistente a la hora de dar mal ejemplo. Sus problemas empezaron en noviembre de 2010 tras la disputa de un partido con su selección frente a Irlanda. El control antidopaje al que fue sometido no dejaba lugar a dudas de que había hecho trampa.

Dio positivo por el consumo de metilhexanamina, un fármaco que sirve como estimulante o complemento dietético energizante, y fue enviado a casa de forma inmediata junto a su compañero Bjorn Basson. Ambos tuvieron suerte porque la investigación llevada a cabo por la Unión Sudafricana de Rugby les declaró inocentes. Hasta recibieron disculpas públicas. ¿Motivo? La ingesta de un suplemento dietético que en la versión inglesa sí contiene metilhexanamina, mientras que la sudafricana, no. La historia se repitió cuatro años después cuando militaba en el Stade Toulousain (esta vez por consumo de drastolona para mejorar su definición muscular) lo que le costó una sanción de dos años.

En 2019 volvió a las andadas al serle detectado en un control rutinario el consumo de la hormona de crecimiento Zeranol. El castigo le supuso estar ocho años alejado de los terrenos de juego, lo que, en la práctica, le obligó a abandonar el rugby de manera definitiva. El tema del doping en el rugby ha pasado siempre de puntillas. Nadie quiere tirar la primera piedra. Esta semana el rotativo inglés The Telegraph se hacía eco de que los controles antidopaje en el país africano realizados por el Instituto Sudafricano para el Deporte Libre de Dopaje (SAIDS) habían decaído de 785 en 2015 a solo 127 en 2024 sin una razón aparente, salvo la excusa barata de que el único laboratorio acreditado por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) había perdido su autorización y las muestras tenían que enviarse a otros puntos tan distantes como Bélgica o Qatar, lo que elevaba mucho los costes.

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Las fechas son sospechosas

Casualmente, ese periodo en el tiempo coincide con los dos últimos Campeonatos del Mundo conseguidos por los Springboks. Tampoco es baladí el hecho de que dos jugadores de esa selección campeona como S'busiso Nkosi y Elton Jantjies fueran sancionados con tres y cuatro años, respectivamente, por el consumo de sustancias prohibidas. Este descenso de muestras contrasta, tal y como refleja la investigación periodística, con el aumento de controles en el Reino Unido que se sitúa en torno a un 25%.

Este tipo de comportamientos obedecen muchas veces a un patrón ya establecido. La Craven Week es un evento anual que se celebra en Sudáfrica y al que acuden los escolares más prometedores que sueñan con vestir algún día la camiseta de los Springboks. Los partidos, patrocinados por una importante empresa de refrescos, se emiten por la mayor cadena de televisión del país. No falta en esos siete días la presencia de cazatalentos de otras potencias mundiales que echan sus redes a los jóvenes con ansias de ganar dinero con el rugby.

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Es el mejor escaparate que puedan tener. Algunos arriesgan más de la cuenta, así que todos los años se detectan cuatro o cinco casos de consumo de esteroides. Una encuesta realizada hace diez años entre 12.000 chavales de la provincia de KwaZulu-Natal revelaba que, al menos, uno de cada diez había probado esteroides. La presión es la respuesta a quien busque las razones que mueven a esos chicos a buscar la fama sin importarles las consecuencias. El problema, según los expertos, es que esa presión no es solo imputable a los chavales, sino también, y de manera muy significativa, a los entrenadores, e incluso a los padres.

El último informe de la Agencia Mundial Antidopaje, que engloba a la mayoría de los deportes, data de 2023. La razón de que no haya uno más reciente es que se publica con dos años de retraso para incluir investigaciones que se demoran en el tiempo. En general, los datos son esperanzadores ya que de las más de 272.000 muestras analizadas, solo 2.301 dieron positivo en sustancias prohibidas, esto es, la casuística se sitúa por debajo del 1%. La duda está en si los deportistas apuestan por seguir las normas o si, por el contrario, la medicina ha avanzado lo suficiente como para ir por delante de la fiabilidad de los controles antidopaje.

El caso del rugby español

Por países, India se sitúa a la cabeza en el ranking de positivos en un año (222), seguida de Rusia (209) e Italia (109). España ocupa la vigésimo primera plaza con 31 casos, la mayoría relacionadas con el ciclismo (diez). Por modalidades deportivas, a nivel mundial la palma se la lleva el atletismo (26 por ciento), seguida de la halterofilia. El rugby ocupa la vigésimo primera plaza (4'6%) justo por detrás del boxeo y un puesto por delante del baloncesto.

El rugby español, hasta la fecha, está limpio de polvo y paja. Fuentes de la Real Federación Española de Rugby (RFER) afirman que no se tiene constancia alguna de casos de positivo ni en chicos ni en chicas y, sobre todo, presumen de seguir "a rajatabla" todas las indicaciones de World Rugby. En teoría, el método para perseguir a los tramposos parece seguro. El control se realiza de una manera aleatoria sin avisar a los jugadores o a sus equipos de que se les va recoger una muestra de sangre u orina. La norma es tan estricta que hasta prevé que el control pueda hacerse "en cualquier momento" y en "cualquier lugar", lo que incluye el propio domicilio del interesado o el hotel donde esté alojado junto a sus compañeros.

placeholder Los españoles se enfrentan a Suiza durante un partido. (EFE/Xavi Ramos)
Los españoles se enfrentan a Suiza durante un partido. (EFE/Xavi Ramos)

El proceso comienza cuando un oficial de control de dopaje debidamente identificado notifica al jugador que ha sido seleccionado para recogerle muestras de sangre y/o orina. Al mismo tiempo, le informa de sus derechos y le pide que firme un Formulario de Control de Dopaje (FCD). En el caso de menores de edad siempre deberán estar acompañados de su representante legal. Si rechaza someterse al control el jugador podría ser sancionado con hasta cuatro años de sanción. A partir de ese instante, el oficial de control de dopaje se convierte en el acompañante de la persona a la que se le han requerido las muestras que siempre se mantendrá a una distancia "razonable" asegurándose de que no le pierde de vista en ningún momento.

Esto es relativamente importante si ambos se encuentran en una zona muy concurrida como puede ser un vestuario sin la posibilidad de ir solo a otra habitación. Una vez notificado, el jugador debe presentarse en el Puesto de Control de Dopaje (PCD) lo antes posible siempre junto a su acompañante, si bien se le puede permitir retrasar la toma de muestra por espacio de una hora si tiene que acudir a la ceremonia de entrega de medallas, a una rueda de prensa, o incluso para ser atendido por un médico y hasta para cambiarse de ropa.

Lo que no está permitido es que se puedan duchar o ingerir bebidas alcohólicas para celebrar una victoria importante antes de pasar por el PCD. Si el jugador necesita hidratarse se aconseja que no ingiera más de un litro de líquido porque aumentaría el riesgo de que la muestra se diluya demasiado y se tenga que repetir la prueba hasta alcanzar el nivel necesario. También aconsejan beber agua de botellas selladas y no aceptar otras ya abiertas o que se las entreguen terceras personas. Toda precaución es poca.

Métodos de engaño

A pesar de las advertencias hay jugadores que hacen oídos sordos a las indicaciones. Prefieren arriesgar y cruzar el semáforo en rojo para llegar a la élite que quedarse a mitad de camino y ser uno más. El caso más reciente ha sido el del internacional sudafricano Asenathi Ntlabakanye. El pilier de los Lions mide 183 centímetros y pesa más de 159 kilos está siendo investigado desde el pasado mes de agosto por el Instituto Sudafricano para el Deporte Libre de Drogas a raíz de un control aleatorio donde le informaron de que le habían salido unos resultados analíticos "adversos".

La cosa no debe estar del todo clara porque no ha sido apartado de su equipo y hasta la fecha ha jugado todos los partidos con los Lions. Él alega que todo obedece a una negligencia médica y no a un acto voluntario, un argumento bastante manido para este tipo de casos, así que hasta que dentro de unas semanas se celebre la vista su carrera deportiva estará limpia a la espera de una más que probable sanción.

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Parece que siempre son los jugadores de primera línea los que se ven envueltos en estas polémicas. En Georgia los rumores sobre dopaje hace años que traspasaron sus fronteras. Se trata de una selección que se encuentra a medio camino entre el grupo de los mejores (Tier-1) y el de la clase media donde se encuentra España (Tier-2). Ocurre que los atajos no siempre son el camino más corto. Su excapitán Merab Sharikadze (104 caps) se enfrenta a una sanción de seis años por proporcionar su orina para que otros jugadores la utilizaran en sus prueba antidopaje. Mientras él proclama su inocencia, toda la investigación alrededor del caso se parece mucho a un secreto de estado pendiente de desclasificar.

De ahí que se haya disparado la rumorología. Todas las alarmas saltaron cuando, de repente, se quedó fuera de todas las convocatorias de Los Lelos justo hace ahora dos años. El asunto podría afectar a otros jugadores que también parece que se los ha tragado la tierra que jugaban con la franquicia de los Black Lions donde la mayoría de sus integrantes han vestido la camiseta de Georgia. Capítulo aparte merece el consumo de cocaína que ha dado al traste con la carrera de más de un jugador. Hace dos años Francia vivió un shock al comprobar que Oscar Jegou, uno de los talentos con más proyección el rugby galo, podía ser inhabilitado durante cuatro años tras haber dado positivo en un control antidopaje.

Problemas con la cocaína

En su sangre se hallaron restos de benzoileegonina, un metabolito de la cocaína. El periódico L'Equipe ya advirtió hace tres años que el consumo de esta droga está más normalizado de lo que la gente se cree en el vestuario para celebrar alguna victoria o incluso antes de un partido "para darse un pequeño impulso y valor". Parece mentira que un jugador joven se arriesgue de esta forma. La razón puede estar en algunos estudios médicos que recogen que la presencia de cocaína puede desaparecer del organismo entre 36 y 48 horas. Tuvo suerte porque la Agencia Francesa Antidopaje (AFLD) le impuso una sanción muy laxa (tres meses) al considerar que el consumo se hizo en un entorno privado como era una fiesta particular, y luego se la redujo a uno tras acceder a realizar un programa de tratamiento y concienciación sobre el consumo de drogas. Es decir, su conducta resultó menos grave que una entrada a destiempo durante un partido.

placeholder Oscar Jegou se ha visto claramente salpicado. (Reuters/Russell Cheyne)
Oscar Jegou se ha visto claramente salpicado. (Reuters/Russell Cheyne)

Los hay incluso que llegan a confesar su adicción, esto es, consumen sustancias prohibidas por motivos ajenos a mejorar su rendimiento deportivo. Fue el caso del australiano Wendell Sailor, que lo justificó como algo habitual para celebrar una fiesta, o del inglés Matt Stevens, otro primera línea cazado in fraganti con cocaína en su organismo y sancionado con dos años. Lo curioso es que una posterior investigación en su equipo, el Bath, acarreó el abandono del club de otros tres compañeros Michael Lipman, Alex Crockett y Andrew Higgins tras rehusar a someterse a los controles antidopaje. Por suerte para él consiguió salir del pozo y, una vez pasados 24 meses, pudo retomar su carrera deportiva llegando de nuevo a vestir la camiseta de Inglaterra y de los British & Irish Lions.

La lista de rugbiers tramposos puede incluir más nombres de los que aparecen en la prensa. Lo que ocurre es que reina el secretismo para proteger a los jugadores indolentes enmascarando los posibles positivos con lesiones u otro tipo de circunstancias que puedan justificar su ausencia de los terrenos de juego. Resulta llamativo que cuerpos tan musculados se hayan forjado en gimnasios sin ayuda de sustancias prohibidas. El sudafricano Johan Ackerman, un enorme segunda línea de los Springboks, justificó en vano la presencia de nandrolona en su cuerpo para tratarse una lesión de tobillo.

Nadie le creyó, así que aprovechó los dos años de parón en su carrera deportiva para lucir el uniforme de policía. El caso tal vez más pintoresco fue el del medio de melé galés Rhys Webb. La AFLD le sancionó cuatro años tras dar positivo por hormona de crecimiento cuando militaba el conjunto vascofrancés del Biarritz Olympique. Lo curioso es que el exinternacional galés ya estaba de vuelta de todo. Había cumplido los 35 años y, por lo visto, quería seguir su carrera a cualquier precio.

Chiliboy Ralepelle es, tal vez, el jugador de rugby que más hecho por ensuciar la imagen de un deporte en el que Sudáfrica, su país natal, ha conquistado cuatro veces la Webb Ellis Cup. Se puede decir que el primer capitán negro en la historia de los Springboks fue un tipo insistente a la hora de dar mal ejemplo. Sus problemas empezaron en noviembre de 2010 tras la disputa de un partido con su selección frente a Irlanda. El control antidopaje al que fue sometido no dejaba lugar a dudas de que había hecho trampa.

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