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¿Qué motivos hay para apoyar a Escocia si lleva 30 años sin ganar un Grand Slam de rugby?
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LA CONEXIÓN CON LA SCOTTISH RUGBY UNION

¿Qué motivos hay para apoyar a Escocia si lleva 30 años sin ganar un Grand Slam de rugby?

Escocia conquista a aficionados en España: de Murrayfield a Valladolid y Bilbao, ídolos, himnos y whiskies alimentan una devoción forjada por retransmisiones míticas

Foto: Murrayfield cuenta con un gran apoyo del público. (Reuters/Russell Cheyne)
Murrayfield cuenta con un gran apoyo del público. (Reuters/Russell Cheyne)
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No puede resultar a nadie extraño que un escocés como el actor Gerard Butler sea fiel seguidor de la selección del Cardo. Es un asiduo a Murrayfield, aunque este pasado sábado no pudo presenciar in situ la victoria de los suyos frente a Inglaterra que sirvió para reconquistar la Calcutta Cup. La gira promocional de su última película, Greenland: El último refugio le tiene muy atareado. Las cámaras de televisión no pudieron captar esta vez la presencia de su colega Sam Heughan, el protagonista de la serie Outlander y otro apasionado del rugby de su país, ni tampoco la de otra estrella del celuloide como Ewan McGregor. Más allá de cine, hay muchos más ejemplos de personajes famosos nacidos en aquellas tierras, incluidos políticos, que no se pierden un partido de los chicos de Gregor Townsend. Lo extraño es saber por qué en España cuenta con tantos fieles seguidores.

Tal vez uno de los culpables fuera Ramón Trecet, para muchos el periodista que acercó la NBA a los aficionados al baloncesto, y para un grupo más minoritario, el hombre que consiguió emocionar a los neófitos al rugby durante su retransmisión televisiva de un partido disputado el 17 de febrero de 1990 entre Escocia e Inglaterra en Edimburgo. La fecha ya es historia por muchos motivos. Primero, porque fue el estreno oficial de Flower of Scotland como himno en Murrayfield en recuerdo a la batalla en la que el rey de Escocia, Robert Bruce, consiguió derrotar en 1314 a las tropas del rey inglés Eduardo II con la ya famosa arenga a los suyos de William Wallace, encarnado en el cine por Mel Gibson. La otra, porque fue la última vez que Escocia logró el Grand Slam. Tan emotivos fueron los comentarios de Trecet mientras los aficionados escoceses invadían enloquecidos el campo para felicitar y abrazarse a sus héroes que, al devolver la conexión a Madrid, su compañera Olga Viza se vio obligada a reconocer que "si a alguno de ustedes, después de ver este partido sigue sin gustarle el rugby, es porque ya no le gustará jamás".

En Valladolid hay un equipo como el VRAC que, desde su nacimiento en la década de los 80, siempre ha tenido frente al espejo el modelo escocés como fuente de inspiración. Uno de sus jugadores históricos, Fernando de la Calle, 53 caps, recuerda que cuando entró con diez años en el club ya vestían con los colores azul y blanco a imagen y semejanza de la selección de Escocia. Por entonces luchaban por ascender a División de Honor "y dejar así de ser el hermano pobre de la ciudad". En sus comienzos, el equipo era "un tanto atípico", tal y como reconoce el extalonador internacional. "Éramos bastante pequeños comparados con nuestros rivales", añade. Esa falta de físico cuando se enfrentaban a conjuntos muy superiores "y lográbamos presentarles batalla", fue el nexo de unión definitivo con los del Cardo.

"Escocia se convirtió en nuestro referente, no porque fueran los mejores, sino por el espíritu de lucha y, si se quiere también, de rebeldía, que siempre han llevado consigo sus jugadores cuando se enfrentaban a las grandes potencias de aquellos momentos como eran Francia e Inglaterra", explica De la Calle. Ese ardor guerrero que reflejó Gibson en Braveheart llevó en muchas ocasiones a convertirse en una selección un tanto bipolar capaz de lo mejor y de lo peor, "algo parecido a lo que nos ocurrió durante muchos años, porque éramos capaces de perder contra un rival bastante inferior y de dar la sorpresa ganando al mejor equipo". Las similitudes llegan incluso al cántico del Flower of Scotland como himno extraoficial del club con un par de frases añadidas como "somos Quesos Entrepinares en bocadillo en tacos finos" que siempre finalizaban en un prolongado "la, la, la…". Los estrechos lazos entre VRAC y la Scottish Rugby Union son muy visibles. De hecho, todos los veranos acuden los equipos sub 18 y sub 19 a Valladolid para entrenar y disputar algún partido, y algunos técnicos llevan años viajando a la isla para asistir a cursos de formación.

En su carrera deportiva, De la Calle tuvo la oportunidad de enfrentarse a Escocia en cuatro ocasiones. La primera de ellas hace 30 años en Madrid. Enfrente estaban jugadores de la talla de Gavin Hastings (zaguero), Tony Stanger (ala), Craig Chalmers (apertura), Damian Cronin y Doddie Weir (segundas líneas) o el pilier Paul Burnell, que llegó a jugar con los British & Irish Lions. También fue uno de los privilegiados que pudo disputar en Murrayfield el partido contra los del Cardo durante la Copa del Mundo de 1999. "Fue realmente increíble", apostilla. Como equipo visitante, primero sonó el himno español, "pero es que luego te ponen tu segundo himno, que por decirlo de alguna manera era el del Quesos, y eso me emocionó muchísimo, más incluso que cuando disputábamos un partido importante en Valladolid". La emoción estaba justificada para el exjugador pucelano. "Es que jugar allí era cumplir uno de los sueños que tuve desde pequeño y encima frente a un equipo que siempre le he tenido como referencia".

Como espectador también ha rendido pleitesía a Murrayfield. Incluso ha tenido la oportunidad de charlar "jarra de cerveza en mano y con el poco inglés que sé" con jugadores míticos como los terceras líneas Finlay Calder y John Jeffrey. "Los escoceses son espectaculares en el trato con la gente", asevera. A nivel deportivo, De la Calle ve ahora "fuerte" a la selección del Cardo. "Llevan muchos años jugando bien pero les falta aguantar así todo el partido para gestionar mejor los minutos finales". Y es que Escocia es capaz de ser un tsunami de juego en la primera parte y de sestear en los 40 minutos finales creyendo que todo está hecho. "Tal vez les falta también un poco de amplitud de banquillo porque, así como Inglaterra o Francia no bajan su nivel de juego cuando introduce los cambios, a Escocia no le ocurre lo mismo y eso al final pasa factura en un torneo como el de las Seis Naciones".

Foto: gibraltar-rugby-europa-world-rugby-australia

Esa pasión por los colores azul y blanco la comparte Manu Iturregi, el propietario del Residence Café, situado en Bilbao, muy cerca del Guggenheim. Su afición por el rugby surgió a los pocos meses de abrir el negocio en 2003 a raíz de que un grupo de profesores nativos que daban clase de inglés en la Cámara de Comercio se acercaran al bar tras acabar su jornada laboral. "¿Y por qué no nos pones alguna vez rugby?", le preguntaron. Así que lleva ya más de 20 años dejando que sus clientes puedan ver por televisión el Seis Naciones o algún que otro encuentro interesante, "pero siempre ateniéndome a la legalidad, que luego te crujen". Lo de hacerse seguidor de Escocia llegó más tarde. En cierto modo, fue por casualidad. "Entre los clientes habituales había un inglés, un irlandés y un galés con quienes empecé a hacer una porra, y como siempre quedaba libre Escocia, me decidí a apostar por ellos para seguir con el asunto".

Lo primero que hizo Iturregi nada más acabar el partido entre Escocia e Inglaterra fue abrir su botella de Ardbeg, un whisky escocés con destilería desde 1798 en la isla de Islay, en el archipiélago de las Hébridas, "y que es de mis favoritos", para servirse una copa y brindar. Mientras, la mayoría de sus clientes se dedicaban a apoyar al equipo de sus amores "cada uno al suyo y siempre con muy buen rollete". Había de todo como en botica. Irlandeses, escoceses, galeses, franceses y hasta algún inglés "al que invitamos a más de una ronda cuando perdieron la Calcutta Cup". Para los seguidores del equipo vencedor no hubo un trato especial en forma de descuento. "Al contrario, hay una neutralidad absoluta. Ya sabes, el negocio es el negocio", dice. Sí se nota que sube el consumo de cerveza cuando los partidos están reñidos "porque todos beben más rápido". Y a la hora de quitar la sed, entre los aficionados al rugby "la que gana por goleada son las pintas de Guinness".

Ese fin de semana fue redondo para el bar. Primero ganó el Athletic en Oviedo y luego Escocia en Edimburgo, "aunque la mejor noticia me la dio ese día una amiga que me dijo que tenía entradas para estar en Murrayfield el 7 de marzo para ver a Francia". La próxima cita importante del balón ovalado en Bilbao será los próximos 22 y 23 de mayo con la celebración de las finales de la Champions y la Challenge Cup, una reedición de lo que ya aconteció en la capital vizcaína hace ocho años. "De momento, no tengo nada preparado", admite. La vez anterior, el Ayuntamiento le dejó acotar la plaza de aparcamiento que está delante de su local "para que la gente estuviese más cómoda". Ahora no sabe qué hará. Lo cierto es que ni siquiera se conocen los equipos que se clasificarán para las dos finales. Lo único seguro es que hará un buen acopio de barriles de cerveza. "Es que la otra vez vendimos en cinco días lo que solemos hacer en un mes", asegura.

Foto: pollock-rugby-burdeos-investec-champion-cup

A Loreto Ochando, una conocida periodista de tribunales, su relación con el rugby le aparece en el árbol genealógico familiar gracias a su abuelo, que jugó en la posguerra en la Unió Deportiva Favara de Benetússer, y a un primo carnal que estuvo muchos años en el CAU. "Pero es que, además, de pequeña no nos perdíamos en casa ni un solo partido del V Naciones", señala. Incluso cuando acude todos los años a veranear a la localidad de Bedous —en la Aquitania francesa—, no se pierde el partido de exhibición que se disputa durante las fiestas del pueblo. Ella, sin embargo, se decantó por el balonmano. Lo debía de hacer bastante bien porque llegó a militar en el Marítim de València de División de Honor "hasta que lo tuve que dejar cuando me ofrecieron una beca en La Razón, porque compatibilizar las dos cosas resultaba imposible por cuestión de horarios". Estas navidades se decidió por fin a montar un viaje con el objetivo de presenciar en directo un Escocia-Inglaterra. "Es una experiencia que hay que vivirla por lo menos una vez en la vida", espeta. Total, que le lió a su padre durante una comida y, como al final por razones de salud le dio un poco de pereza, se fue con su pareja Toni.

Una vez en Edimburgo un blog de Jordi Caixàs llamado "6 cervezas (o más antes de ir a Murrayfield)" les sirvió de brújula para deambular por las principales calles próximas al estadio. "Paramos en todos los sitios que decía". Su primer alto en el camino fue en la plaza Grassmarket donde tomaron una pinta en un pub "repleto de ingleses majísimos y donde también había un grupo de murcianos ataviados con el kit completo de Escocia". Su segunda parada fue en Haymarket Terrace "que estaba llena de gente y donde el ambiente era increíble con aficionados de los dos equipos mezclados y en gran armonía". Loreto confiesa que ahí se notó que no era británica. "Es que los españoles pedíamos una pinta para cada uno y ellos, como había mucha cola, se pedían dos por barba", protesta. Por lo menos no le llovió, "aunque hacía un frío del carajo".

Después de un breve receso, la periodista valenciana y su pareja enfilaron rumbo a la calle que les conducía al estadio. "Allí había gaiteros cada 30 metros con la gorrilla para ganar algo de dinero". Las inmediaciones a Murrayfield estaban valladas, creando una enorme superficie donde se podía comprar comida, bebida y hasta ver en una pantalla gigante el partido previo del Seis Naciones entre Irlanda e Italia. "Puedes meter hasta cuatro pintas por persona en una cajita dentro del estadio", indica. Una vez en el interior de las tripas de Murrayfield, se comparte espacio con aficionados al margen de sus preferencias rugbísticas. "No segregan nada", explica. "De repente —añade—, cuando suena la gaita, ves al gaitero subido en el techo del estadio, empieza a sonar el Flower of Scotland y oyes rugir a todo el estadio cantando como si les fuera la vida en ello, la verdad es que te llegas a emocionar muchísimo". Como el partido iba de cara para los locales, repitieron el himno "como siete u ocho veces más" y a los gritos de apoyo de "Scotland" le seguía la canción fetiche de los escoceses I'm gonna be (500 miles) de The Proclaimers. "Una vez en la vida, hay que hacerlo", concluye Loreto Ochando.

No puede resultar a nadie extraño que un escocés como el actor Gerard Butler sea fiel seguidor de la selección del Cardo. Es un asiduo a Murrayfield, aunque este pasado sábado no pudo presenciar in situ la victoria de los suyos frente a Inglaterra que sirvió para reconquistar la Calcutta Cup. La gira promocional de su última película, Greenland: El último refugio le tiene muy atareado. Las cámaras de televisión no pudieron captar esta vez la presencia de su colega Sam Heughan, el protagonista de la serie Outlander y otro apasionado del rugby de su país, ni tampoco la de otra estrella del celuloide como Ewan McGregor. Más allá de cine, hay muchos más ejemplos de personajes famosos nacidos en aquellas tierras, incluidos políticos, que no se pierden un partido de los chicos de Gregor Townsend. Lo extraño es saber por qué en España cuenta con tantos fieles seguidores.

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