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Henry Pollock, la próxima estrella del rugby es el joven inglés que polariza a la afición por sus gestos
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PESE A LA DERROTA INGLESA

Henry Pollock, la próxima estrella del rugby es el joven inglés que polariza a la afición por sus gestos

El joven inglés enfrenta al rugby con celebraciones desafiantes en Burdeos, provoca abucheos y roces, pero también firma ensayos brillantes y confirma su impacto creciente

Foto: Henry Pollock es una estrella del rugby. (Reuters/Paul Childs)
Henry Pollock es una estrella del rugby. (Reuters/Paul Childs)
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En un deporte como el rugby, donde los jugadores presumen de llevar en su ADN la palabra respeto, parece que cualquier gesto que se salga de lo habitual rompe la mística de los valores intrínsecos a este deporte y puede ser interpretado como una provocación. Esa ambigüedad semántica es capaz de convertir una frivolidad en una declaración de guerra. Todo depende, y mucho, de quién la haga. No existe ninguna norma que impida a un delantero hacer la conversión de un golpe de castigo. Tampoco de tirarse un drop desde el centro del campo, sobre todo si se llama Zinzan Brooke o Sergio Parisse. Suele ser una tarea de gente que juega fuera de la melé. Si se improvisa —como hizo Adam Jones, el que fuera pilier de los Cardiff Blues—, se puede caer en el ridículo.

Esas mismas normas no escritas que apelan al respeto prevén una performance un tanto aburrida y alejada de momentos de efusividad cuando se logra un ensayo. Es como si todos los jugadores se tuvieran que convertir en estatuas de sal si otro logra posar el balón detrás de la línea de marca. Y si alguien se sale del guion… El rugby ha convertido en ídolos a jugadores como Jonah Lomu o Jonny Wilkinson y en villanos a tipos duros como Sébastien Chabal o Bakkies Botha. Todos son necesarios para el espectáculo. No cabe señalar a un jugador excéntrico que no se sale de las normas y que, después del partido, abandona su papel de Hyde para volver a ser el doctor Jekyll.

Foto: joel-merkler-rugby-toulouse-francia-espana-mundial

El pasado 11 enero, el Stade Chaban-Delmas de Burdeos estaba lleno a rebosar de un público entusiasta para presenciar el partido entre los locales y el equipo inglés del Northampton Saints. El encuentro tenía su morbo. Representaba la reedición de la última final de la Investec Champions Cup. A los nueve minutos, los franceses ya dominaban en el marcador (5-0). Parecía que todo iba a ser un coser y cantar para los galos. En ese preciso instante, sus rivales, todavía con muchas energías, ganaron un balón en un ruck que el medio melé, el internacional inglés Alex Mitchell, abrió a su apertura Anthony Belleau. El francés vio de palomero en el ala al rubio Henry Pollock y no dudó en enviarle el oval a sus manos de una certera patada. De repente, el delantero de Northampton Saints olió sangre pese a que le quedaban 40 metros para llegar hasta la línea de marca y de que tenía muy próximos a dos rivales que, con un simple empujón, le hubieran sacado fácilmente del campo.

Emergió entonces la figura de enfant terrible del rugby inglés para sacar de la chistera una certera patada que le llevó a recoger de nuevo el balón unos metros más adelante, justo al atravesar la línea de 22. Es de esas cosas que cuando eres juvenil, y lo haces durante un partido, el entrenador te lo hace pagar muy caro la semana siguiente en los entrenamientos. Pero es que Pollock está dotado de una magia especial, la misma que hace que el caprichoso bote del oval vaya siempre donde está él. No tenía nada fácil llegar a la línea de marca. Dos franceses de la tres cuartos, como el ala Damien Penaud (63 caps con Francia) y el segundo centro Nicolas Depoortère, le perseguían muy de cerca para tratar de frenarle. Ya en zona de marca, y bajo palos, se tiró de forma acrobática en plancha, adornándose en el aire todo lo que pudo para posar el balón en el suelo. Es su forma de festejar los ensayos y que no acaba de gustar a todo el mundo.

Una celebración poco ortodoxa

Su particular celebración no acabó ahí. A continuación, se puso dos dedos sobre la carótida como si se estuviera tomando el pulso, chutó el balón hacia la grada y mandó callar al público, otro gesto nada habitual en el mundo del rugby y más propio de otros deportes como el fútbol. Un roce sin importancia con el medio de melé rival Martín Page-Relo fue lo que acabó de prender la mecha. Aquel par de gestos provocadores se convirtieron en la excusa perfecta para que todo el estadio abucheara a un jugador que comenzó a colorearse el pelo de rubio a imagen y semejanza del futbolista hispano-argentino del Chelsea Alejandro Garnacho. Hay quien con muy mala uva hasta le encuentra parecido (en el pelo) con el exprimer ministro británico Boris Johnson.

El respeto en un campo de rugby no atañe solo a los jugadores. Se supone que los buenos hábitos son aplicables al espectador que paga por asistir a un partido. El público de Burdeos, que ya tenía en el radar a Pollock, aprovechó la primera oportunidad que tuvo para empezar a silbarle. A sus 20 años —cumplió 21 el pasado 14 de enero—, el inglés volvió a demostrar que es un tipo al que le va la marcha. Es de esos jugadores que se motivan cuando son el centro de las iras del respetable. Tampoco se achantó lo más mínimo cuando dos jugadores de Bordeaux-Bègles le arrebataron el balón de las manos y trataron de mofarse de él. Uno de ellos era Nicolas Depoortère, quien, acariciándole el pelo, se tomaba así cumplida revancha de su fallo en el primer ensayo. "Nos va a encantar odiar a Pollock durante los próximos diez años", dejó escrito un aficionado inglés en las redes sociales.

Una jugada perfecta

La cosa se acabó ahí. A falta de ocho minutos para finalizar el encuentro, el rubio delantero anotó su segundo posado tras la línea de marca rival. Fue menos espectacular que el primero, pero repleto de potencia. La guinda al pastel la puso cuando restaban solo seis minutos. Como si fuera un medio de melé, sacó rápido el balón tras un golpe de castigo a favor a unos 30 metros de la línea de ensayo y puso la sexta marcha, avasallando en su camino a un contrario que quedó tendido en el suelo. La jugada fue perfecta. El árbitro pitó otro golpe de castigo a favor de los ingleses porque el jugador galo no estaba a diez metros del lugar donde se había puesto en juego el balón y fue el origen del cuarto ensayo inglés. Al final, los ingleses perdieron de paliza (50-28).

Los focos siempre apuntan a Pollock y eclipsan otros detalles que los puristas también calificarían de irrespetuosos. Apenas se comentó la innecesaria celebración de Matthieu Jalibert al lograr el octavo y último ensayo de los franceses tras interceptar un balón y dejar el marcador 50-14 en el minuto 60. El medio de apertura lo festejó frotándose los brazos y el cuerpo, un gesto para simular que tenía frío, conocido como cold celebration (celebración fría), y que ha popularizado el futbolista del Chelsea Cole Palmer. Más de uno lo interpretó como una burla a Pollock, aunque la cosa no pasó a mayores.

Foto: murrayfield-ruby-escocia-copa-mundo

Ese resquemor de Bordeaux-Bègles hacia Pollock venía de lejos. En concreto, de la final de la Investec Champions Cup que el año pasado jugaron en Cardiff ambos equipos. Desde aquel 23 de mayo de 2025, los jugadores no se habían vuelto a ver las caras. Habían transcurrido 134 días y se tenían ganas. Había muchas cuentas pendientes. Tras la conclusión de aquella final, que se decantó a favor de los franceses por un 28-20, el delantero inglés y el pilier francés Jefferson Poirot tuvieron un altercado que se saldó con una suspensión de dos semanas sin jugar para el exinternacional francés. La verdad es que Pollock fue una víctima colateral de un enganchón anterior entre su capitán Fraser Dingwall y Matthieu Jalibert. Al final, Poirot tuvo suerte porque su inmaculado historial disciplinario y el reconocimiento de su culpabilidad le sirvieron para evitar una sanción más dura. El rubio inglés, sin embargo, quedó exonerado.

Pollock, a su bola

Las imágenes no dejan lugar a la duda. Poirot, de 33 años, clavó su mirada frente a la de un chaval con 20 años recién cumplidos y le agarró con fuerza del cuello. El inglés no se arrugó. No es de esos de tirar la piedra y esconder la mano. Al contrario, trató de separarse de su agresor con tanta fuerza que llegó a romperle la camiseta. Northampton Saints no dudó en salir en defensa de su jugador e incluso de acusar a sus rivales de practicar juego sucio para provocar a su joven estrella. El rubio delantero parece tener un imán para las escaramuzas. El pasado 23 de noviembre se vio involucrado de nuevo en una tangana tras un alterado intercambio de opiniones entre el seleccionador argentino Felipe Contepomi y su compañero en el XV de la Rosa, Tom Curry, quien minutos antes había sido el protagonista de una polémica jugada en la que provocó la ruptura de los ligamentos de la rodilla derecha de Juan Cruz Mallía, una de las estrellas del conjunto de Los Pumas.

El delantero inglés ya tuvo otro minuto de oro por motivos extradeportivos en el partido que disputó con su selección hace cuatro meses frente a los All Blacks. Ante la haka neozelandesa, el equipo del XV de la Rosa evocó en el campo la posición de la célebre " de victoria que ya adoptó en la semifinal de la Copa del Mundo celebrada en Japón en 2023, de muy gratos recuerdos. El seleccionador inglés Steve Borthwick explicó que la idea era colocar a los más veteranos en un lado de la formación y el resto en la otra. Y claro, luego estaba Pollock, que iba a su bola. Es más, a nadie le pasó desapercibida su mirada fija en el rival, relamiéndose sus labios con la lengua al más puro estilo asesino de Aníbal Lecter.

Foto: malcolm-marx-sudafrica-rugby-premio-1hms

El idilio de Pollock con el rugby comenzó a los 13 años, nada más ingresar en la academia de los Northampton Saints. Sin cumplir la mayoría de edad, ya se codeaba con la élite, lo que le sirvió en 2023 para firmar su primer contrato como profesional. Mientras, con los de su edad, parecía que abusaba. Hay datos que así lo atestiguan. En el M-20 celebrado hace dos años en Sudáfrica, ejerció de capitán y fue distinguido tres veces como mejor jugador del partido, lo que, a su vez, le llevó a ser nombrado mejor jugador del torneo tras la final en la que vencieron a Francia por 21 a 13.

Con la selección debutó hace un año, justo el día en el que cumplía 20 primaveras. Su meteórica y corta carrera está repleta de récords y premios. Por ejemplo, en marzo de 2025 anotó en el Principality Stadium dos ensayos en tan solo 31 minutos, saliendo desde el banquillo en la segunda parte para sustituir a Tommy Freeman en una victoria por 68-14 sobre Gales, convirtiéndose así en el anotador más temprano de Inglaterra en la historia del torneo. Además, el año pasado logró ser el jugador más joven seleccionado para una gira de los British & Irish Lions. Si alguien tan distinguido en el mundo del rugby como el irlandés Brian O'Driscoll afirma sin ambages que tipos como Pollock "son buenos para el juego", habrá que creerle.

En un deporte como el rugby, donde los jugadores presumen de llevar en su ADN la palabra respeto, parece que cualquier gesto que se salga de lo habitual rompe la mística de los valores intrínsecos a este deporte y puede ser interpretado como una provocación. Esa ambigüedad semántica es capaz de convertir una frivolidad en una declaración de guerra. Todo depende, y mucho, de quién la haga. No existe ninguna norma que impida a un delantero hacer la conversión de un golpe de castigo. Tampoco de tirarse un drop desde el centro del campo, sobre todo si se llama Zinzan Brooke o Sergio Parisse. Suele ser una tarea de gente que juega fuera de la melé. Si se improvisa —como hizo Adam Jones, el que fuera pilier de los Cardiff Blues—, se puede caer en el ridículo.

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