'Malas Madres' o cómo 127 mujeres rompieron barreras mediante el rugby
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El deporte para romper barreras

'Malas Madres' o cómo 127 mujeres rompieron barreras mediante el rugby

La primera edición del Mater Series reunió a una legión de madres dispuestas a alzarse y enseñar a todos que "esas chaladas" pueden competir al máximo

Foto: Las jugadoras en acción.
Las jugadoras en acción.

El rugby puede ser también una herramienta útil para que una madre se sienta empoderada. Este fin de semana, la localidad sevillana de Mairena de Aljarafe, acogió la primera edición del Mater Series. A la cita acudieron 127 mujeres, todas ellas con edades comprendidas entre los 35 y los 57 años, para jugar a un deporte que la mayoría de ellas descubrió gracias a sus hijos de forma bastante casual y tardía. Lo de arbitrar se lo dejaron a dos varones. Las organizadoras fueron el equipo local: Malas Madres.

El nombre, según la teoría más extendida, obedece a que se sentían 'malas madres' por no entender nada del deporte que practicaban sus hijos. Su escudo, situado en la parte izquierda de camiseta, es toda una declaración de intenciones: una mano agarra con fuerza una zapatilla. Los más carrozas no solo asocian ese zapato de andar por casa con el apellido de Zipi y Zape, sino también con aquella arma de destrucción masiva de baja intensidad utilizada antaño por las madres o abuelas como elemento disuasorio o amenazante ante cualquier intento de rebelión por parte de la chiquillería. Que cumpla esos mismos objetivos en el terreno de juego con sus rivales ya es otra cosa.

placeholder Las jugadoras posan para celebrar el evento.
Las jugadoras posan para celebrar el evento.

Hasta Sevilla se desplazaron ocho equipos pese a que a última hora se cayeron las valencianas de Viva la Mamma. El País Vasco estuvo representado por Lamiak UBR y Kamalehoiak, Madrid por Khaleesis y Cataluña por Jóvenes Promesas. El resto fueron clubes andaluces como Lacartijas, Camaleonas, que contaba entre sus filas con la jugadora de más edad, las Black Cats y las anfitrionas Malas Madres. La organización dividió a las participantes en dos grupos en los que tenían que jugar todas contra todas en partidos de 20 minutos. En esta primera edición no se permitían los placajes, dado que muchas madres no habían jugado a rugby en su vida, y bastaba con abrazar a una jugadora sin tirarla al suelo durante tres segundos para que no se pudiera mover. La intención es que en las próximas ediciones a celebrar en Madrid y Vitoria las normas se asemejen a las del rugby oficial.

Una nutrida representación

Desde Bilbao, y rascándose ellas mismas sus bolsillos, viajaron hasta Sevilla 24 'amatxus' (madres) en avión con su capitana Inés Ibáñez a la cabeza, una profesora del centro de Formación Profesional de Peñascal que imparte clase en los talleres de soldadura. Fueron 'solas', tal como señala la capitana de Lamiak Universitario Bilbao Rugby. "A esto los hombres no vienen porque estamos hablando de una cosa de equipo que nada tiene que ver con la familia", añade en tono formal. Cumplían así un sueño que empezó a tomar cuerpo "después de la segunda cerveza" tras presenciar los partidos de la final de la Champion Cup de rugby celebrada en Bilbao en 2018. Admite incluso que, al día siguiente, "con la mente más despejada", la idea de formar un equipo de madres no decayó. "Pero es que, además, cuando se lo propusimos al club, nos dijo sí enseguida y ya no hubo marcha atrás", espeta.

Foto: Mikel, durante una prueba. (Cedida)

A partir de entonces el club les puso un entrenador y comenzaron a acudir una vez a la semana al polideportivo de El Fango para familiarizarse con el balón oval. "No teníamos ni idea de rugby y esa no era el único hándicap porque también hay que tener en cuenta que tenemos jugadoras con dos y tres hijos con las responsabilidades que eso conlleva", afirma. Sin ningún tipo de complejos, y con 47 años, hizo su bautismo de fuego a nivel competitivo. "Llevamos cuatro años entrenando y el sábado fue para todas nuestro primer partido". La única preocupación era que no hubiera lesiones como tirones musculares o contusiones. Objetivo casi cumplido, ya que de vuelta al avión una jugadora andaba ayudada por unas muletas por un "problemilla" en los ligamentos. Ningún otro incidente reseñable. El resto son solo buenos recuerdos para el grupo que disfrutó "de lo lindo" pese a de que fueron "muy nerviosas" al saber que tenían que enfrentarse a equipos más rodados.

El equipo Jóvenes Promesas de Sitges solo consiguió reunir a siete jugadoras para desplazarse a Sevilla, de las que únicamente cuatro tenían experiencia. "Eso no importó porque desde el principio la organización ya nos comentó que nos prestarían las jugadoras que nos faltaran hasta completar las diez necesarias para disputar un partido", se apresura a decir la capitana y delegada del Magda Gras. Sin embargo, mira hacia el futuro con optimismo. Hay que tener en cuenta que el equipo se creó hace tan solo seis meses "y que en estas fechas navideñas la gente tiene muchos compromisos".

La parte social, clave

Eso, y que en la vecina localidad de Vilanova acaban de montar otro equipo similar con el que esperan realizar a corto plazo entrenamientos "conjuntos". Así que la mentalidad con la que viajaron hasta la capital hispalense fue la de dar más protagonismo a la "parte social" del rugby que a la parte deportiva. "En nuestro caso fuimos por diversión y, de paso para desconectar, porque date cuenta de que la mayoría somos madres con trabajo y que te apetece hacer un paréntesis para disfrutar un fin de semana como si tuvieras veinte años menos", espeta.

Gras tiene dos hijos de 12 y 15 años que también son jugadores de rugby. Ninguno se sorprende para nada de la afición de su madre porque desde que cumplió la mayoría de edad lo practica en el equipo de su pueblo. "Están acostumbrados", puntualiza. Otra cosa son los hijos de las madres a las que la capitana de Jóvenes Promesas ha conseguido "arrastrar" hasta Sevilla y que "alucinan porque nunca se las llegaron a imaginar en el campo y con un balón en sus manos". A sus 43 años Magda Gras tiene muy claro que volverá a repetir la experiencia. "Muchas de nosotras, cuando nos retiramos, nos apetecía seguir en contacto con el deporte, y este tipo de torneos son ideales para poder reunirnos todas de vez en cuando y hacer lo que nos gusta". De hecho, está convencida que para el próximo torneo que se celebrará en Madrid la próxima primavera logrará reunir a más de diez jugadoras.

placeholder La Selección femenina de rugby española en acción. (EFE/Pepe Zamora)
La Selección femenina de rugby española en acción. (EFE/Pepe Zamora)

Las anfitrionas quedaron muy satisfechas porque, como señala su entrenadora y actual jugadora de Las Cocodrilas, Elena Vallejo, fue un día "histórico". No era fácil el reto de organizar el I Mater Series tanto por las fechas como por los temores a la pandemia, pero "todo salió muy bien". Las de Malas Madres, las auténticas 'alma mater' del evento, quedaron terceras en su grupo y se tuvieron que conformar con la quinta plaza. La final la disputaron las sevillanas de Lacartijas y las Black Cats. No hubo una ganadora. Después de siete partidos en un día, y de una prórroga, decidieron que lo mejor era repartirse los puntos que se sumarán a los que obtengan en los otros dos campeonatos de que se compone la serie.

A Elena Vallejo, de 38 años y madre de una niña, le resulta bastante sencillo explicar su afición por el rugby. Su padre fue fundador y jugador del equipo de Mairena de Aljarafe, sus hermanos también juegan y su madre es la médico que estuvo en el campo al pie del cañón ante cualquier contingencia, "así que no hay por dónde escapar". El parte de guerra de la histórica jornada de rugby es bastante escueto. "Un par de contusiones en una pierna y en un dedo", apunta. Eso sí, "los cuerpos están bastante doloridos porque como mínimo algunas jugaron cuatro partidos de 20 minutillos y como máximo siete, además de una prórroga". Nada de importancia que no ayude a curar un tercer tiempo "muy calmadito" puesto que a las ocho de la tarde "ya estábamos todas fuera". A esa calma seguro que ayudó también el hecho de que el campo de Cavaleri esté rodeado de vecinos "que a la mínima se quejan". Al final unos equipos se fueron, por un lado, y otros por otro para seguir un poco la fiesta "en las que todas nos portamos muy bien"

El deporte como vía de escape

La valoración que hace la capitana de las Khaleesi de Hortaleza, Sara Varela, sobre el fin de semana de rugby en Sevilla no puede ser más elocuente. "Estas cosas que te permiten irte un fin de semana, no tenerte que ocupar de cenas ni de hijos ni de nada, sino ser tú misma otra vez, la verdad es que son una pasada". Su discurso es bastante reivindicativo, sobre todo hacia esas mujeres de más de 35 de años, muchas de ellas madres, por el factor "sorpresa" que supone para un amplio sector de la sociedad que a su edad salgan al campo "a darlo todo" y que todavía alguien pregunte "de dónde han salido esas chaladas".

Por ello, Varela trata de que no se "encasille" a ese grupo y apuesta por "romper barreras". En otras palabras, espera que los amigos varones que vayan a verles al campo dejen de asombrarse porque son capaces de placar o de caer el suelo y luego seguir. "Pediría un mayor respeto a la mujer en sus posibilidades de avanzar y de demostrar su capacidad de llegar cada vez más lejos", sentencia. El rugby, como en la mayoría de los casos, llegó a su vida para quedarse gracias a sus dos hijos. A sus 47 años, aun tiene ganas y capacidad de aprender a jugar a un deporte que solo ha practicado durante los últimos cinco años.

placeholder La selección española femenina de rugby se proclamó campeona de Europa por octava vez en febrero de 2021. (EFE/Pepe Zamora)
La selección española femenina de rugby se proclamó campeona de Europa por octava vez en febrero de 2021. (EFE/Pepe Zamora)

Lo más parecido que hizo en su etapa escolar fue jugar a fútbol americano cuando estudió en Estados Unidos. Con su equipo de las Khaleesi, el nombre las madres de los dragones en la famosa serie de Juego de Tronos, quedaron en tercera posición en Sevilla. O en segunda, según se mire, porque hubo dos ganadoras. El partido más intenso fue contra las Black Cats, un grupo de jugadoras ya retiradas y con experiencia en División de Honor "que nos dieron por todos los lados, aunque marcamos un ensayo". La derrota se convirtió en una especie de "victoria conjunta" porque horas después a las veteranas les faltaban jugadoras para disputar la final y las Khaleesi les prestaron tres. "Esos son los valores que el rugby debe transmitir porque esto va de dar oportunidad y no de limitar sueños", subraya.

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