La decisión del árbitro, indiscutible

Mundial de rugby: una roja como una catedral y el adiós Puma ante Inglaterra

La Selección argentina se marcha para casa con muy malas sensaciones y envueltos en duras críticas. Una roja feísima marcó el partido ante el cuadro inglés, que deseaban echarles del torneo

Foto: La Selección argentina, desolada tras caer del Mundial apeada por Inglaterra. (Reuters)
La Selección argentina, desolada tras caer del Mundial apeada por Inglaterra. (Reuters)

Los Pumas se vuelven para casa. Se hablará mucho de la decisión de Nigel Owens, y de su TMO, de expulsar a Tomás Lavanini por un peligrosísimo placaje metiendo el hombro en el cuello del inglés Owen Farrell, quien sufrió un feo latigazo que puso en peligro la integridad del apertura inglés. Pero la realidad es que Argentina perdió el Mundial el sábado 21, el segundo día de torneo. En una derrota ante Francia en la que los sudamericanos dimitieron en la primera mitad.

Aquella derrota, en la que saltaron al campo con una desidia poco habitual en los argentinos, hizo que llegasen a este partido ante los ingleses sin margen de maniobra. Demasiado exigidos en lo deportivo y especialmente en lo emocional. Un aspecto que muchas veces juega en contra de estos Pumas intensos que piensan con el corazón cuando se colocan la albiceleste. Una vez más retumbó el último verso de su himno "o juremos con gloria morir". Pero las opciones de los argentinos ante la pragmática Inglaterra más que por el orgullo pasaba porque "sean eternos los laureles" tirando de su talento.

Enfrente, Inglaterra, una apisonadora programada para rentabilizar cada error rival. Un equipo que te vampiriza, te estudia, te escudriña y saca réditos de cada pequeña mala decisión, de cada imperfección. Un equipo, además, encantado de enterrar a los Pumas por su tradicional rivalidad que trasciende al césped. Inglaterra, paciente y con el colmillo afilado, esperaba su momento.

Un instante del encuentro disputado entre ambas selecciones en el Mundial de Japón. (Reuters)
Un instante del encuentro disputado entre ambas selecciones en el Mundial de Japón. (Reuters)

Y su momento llegó en el minuto 17. Una jugada no lejos del eje en el balcón de la 22 inglesa llegó a Farrell, quien cargó contra la línea de defensa argentina, donde se asomó con su habitual contundencia Tomás Lavanini. El segunda puma, con un historial de amonestaciones más que notable pero que en los últimos tiempos ha domado su agresividad, cargó muy arriba metiendo el hombro en el cuello de Farrell. El latigazo de la cabeza del 10 inglés no pasó inadvertido para el juez de vídeo, que llamó la atención del árbitro, Nigel Owens, quien atendió con obediencia la comunicación de su ayudante y mostró la tarjeta roja al argentino.

Un placaje durísimo

¿Cuestionable? En realidad muy poco cuestionable. El placaje fue durísimo, muy arriba y puso en peligro la integridad del rival. Que fuese Owen Farrell, que ante Estados Unidos ya fue objeto de otra carga salvaje, esta sin brazos, de un segunda yankee que le costó la roja, es casualidad. Farrell se comió el golpe y ni rechistó. Encaja bien. Pero Lavanini se marchó al banquillo y Argentina pagó caro el error de su jugador.

Inglaterra comenzó a desangrar a los sudamericanos. Sin prisa. Poniendo las ruedas en las melés al pack de los Pumas. Algo que duele ver sabiendo que fue una de las señas de identidad de los argentinos. Y más con Mario Ledesma como seleccionador en la banda. Aún estaban los Pumas en shock cuando una patada alta fue cazada por Boffelli en el aire, siendo cargado por Manu Tuilagi antes de tocar el suelo. Amarilla de manual que Owens dejó en golpe por entender que la carga no fue intencionada y era solo parte del movimiento natural de la jugada. Confunde el criterio arbitral en este Mundial, pero tiene poca justificación tanto esta decisión de Owens como lo que hizo Lavanini sabiendo que el foco está puesto en ese tipo de jugadas.

Los de la rosa fueron inclinando el campo hacia la 22 argentina. A los 26 minutos de partido ya dominaban la posesión (55% y 58% de territorialidad) además de ir cobrándose las indisciplinas, que sumaban 5 golpes por dos de los ingleses. Pero sorprendentemente, Owen Farrell completó su peor partido con la camiseta inglesa en el pateo. 0 de 4 en la primera mitad, con las tres conversiones de ensayo falladas, mantenían con vida a los Pumas

Manu Tuilagi (Inglaterra) y Jeronimo De La Fuente (Argentina) se enzarzan durante el partido. (EFE)
Manu Tuilagi (Inglaterra) y Jeronimo De La Fuente (Argentina) se enzarzan durante el partido. (EFE)

Argentina, saturada mentalmente

Los ensayos de May, Daly, Youngs, Ford y Nowell, ninguno de ellos delantero, dejaba clara la táctica de desgaste propuesta por Eddie Jones ante la superioridad inglesa. Argentina se desangró con orgullo, pero sin rugby. Estos Pumas no han ofrecido un rugby a la altura del Mundial. Se marchan sin demostrar a qué jugaban, si apostaban por la posesión para activar el dinamismo y el talento de sus tres cuartos, cambiaron de apertura en mitad del torneo, no encontraron un 9 con rango y delante perdieron las melés, el combate en los punto de encuentro y más line-outs de los debidos.

Da la sensación que el equipo, formado por el grueso de jugadores que ha acometido el Súper Rugby con los Jaguares y en el Championship con los Pumas, ha llegado saturado mentalmente. Han jugado sin chispa, planos, con más orgullo que electricidad. Ahora se abrirá el eterno debate que salpica al rugby argentino cuando las cosas no salen bien. Se cuestionará a Ledesma, como se hizo con Phelan o al final con Hourcade. Se hablará de jugadores que deben terminar su ciclo y se pondrá el foco en los que no fueron a Japón (Isa, Imhoff, Cordero...). Se buscarán culpables y se señalarán a unos y otros.

Sin embargo, los Pumas deberían ser constructivos, mirar adelante y seguir trabajando a medio y largo plazo. Han vuelto a tener mala suerte, cayendo en el grupo de la muerte. Pero más que eso, los Pumas se hicieron el harakiri ante Francia e Inglaterra, firme candidata a pelear el título a los All Blacks, se han limitado a certificar esa defunción rugbística de unos Pumas que en esta Copa del Mundo murieron con gloria. Pero sin talento.

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