exhibición de nueva zelanda

Los 300 segundos de excelencia de los All Blacks que tiñen de negro el Mundial

Los All Blacks arrancaron entrando en trance ante una poderosa Sudáfrica que se vio desarbolada por el éxtasis kiwi. Francia ganó a Argentina

Foto: Nueva Zelanda venció a Sudáfrica en su primer partido en el Mundial de Japón. (Reuters)
Nueva Zelanda venció a Sudáfrica en su primer partido en el Mundial de Japón. (Reuters)

Sin tregua. Aún olía a napalm después del partido entre franceses y argentinos que decidió una patada de Bofelli que no quiso colarse entre palos. Los Pumas habían tratado de compensar con su enorme corazón su también enorme falta de rugby. Se habían marchado al descanso 20-3 laminados por el flair de Toto Dupont y Ntamack hijo, los nuevos 'enfants terribles' del rugby galo.

Un pírrico 66% de acierto en el placaje dimensionaba la trágica actuación de los argentinos, que perseguían sombras mientras Fickou, Vakatawa, Penaud y compañía se ponían la botas. Miraba el partido, desde el palco de la presuntuosa Federación Francesa de Rugby, Fabien Galthie. El que será seleccionador de Francia después del Mundial y ahora es ayudante del hombre al que sucederá. Mucho gallo en el mismo corral. Y Galthie, medio melé de jerarquía en su selección en sus años de jugador, parece haber dotado de su impronta a esta Francia más lúdica y atrevida. Pero los arrestos de la delantera argentina, un equipo ultracompetitivo, hizo temblar los cimientos de la Bastilla. Al final la patada de Bofelli no pasó y Francia resopló aliviada.

Sin embargo, lo mejor estaba por llegar. Los All Blacks, frente a su rival más odiado, los ásperos Springboks. Los kiwis saltaban presionados por los titulares sensacionalistas de la prensa que advertía que son "un equipo batible". Escenificaron la haka y eligieron marcar terreno con la versión del 'Kapa O Pango', el más feroz de todos. Pero fue Sudáfrica la más fiera en los primeros 20 minutos.

Hasta que ocurrió... Fueron cinco minutos. Una enorme ola negra emergió sobre Sudáfrica y asoló a los de Rassie Erasmus en el plazo de 300 segundos. Todo comenzó con una estampida en el ala de Reece, que hizo saltar cuantas cortinas defensivas se encontró hasta conectar la jugada con Beauden Barret, con un puñado de defensores batidos. El genio kiwi se lanzó de cabeza al intervalo para ganar la ventaja y servir dócilmente al otro ala de los Crusaders, Bridge, quien apoyó el primer ensayo de los de negro.

Segundos después un desafortunado pase del bullicioso medio melé sudafricano Faf de Klerk, genio y figura, fue presionado de forma brutal por Mounga y Beauden, terminando la jugada con un golpe transformado (que merecía una amarilla por antijuego). Y sin mediar respiro, una nueva acometida de los kiwis abrió un baile de jugadores que danzaron eléctricamente pasándose la pelota de mano en mano ante unos defensores que perseguían fantasmas sin llegar a placar al rival que portaba la almendra. Un 'fijo y paso' que terminó con la estampida de Scott Barrett, un segunda línea de casi dos metros, que acudió al apoyo de su compañero como si se tratase de un tres cuartos.

Cinco minutos de exhibición del mejor equipo del planeta. Un ejercicio de excelencia que provocó una brecha en el marcador (17-3) y sobre todo destrozó a los bokkes que se marcharon al vestuario después de fallar ¡23 placajes! Los All Blacks solo habían perdido cuatro de los 49 tackles que habían intentado. Un puñetazo en la mesa que sembraba el pánico en la cara de sus rivales. Con el partido al galope tendido nadie tiene las manos de los All Blacks, la piernas de los All Blacks, pero sobre todo la cabeza de los All Blacks. Fundamento y talento.

Con el partido al galope tendido nadie tiene las manos de los All Blacks, la piernas de los All Blacks, pero sobre todo la cabeza de los All Blacks

Después del descanso, los kiwis bajaron las pulsaciones y Sudáfrica, con su juego rocoso y más sostenido, se fue acercando temerosa de sufrir otra descarga. El ensayo de Du Toit acercó a los bokkes a distancia de ensayo (17-10). El partido estaba abierto y la amenaza era latente. Un drop de Pollard generó más incertidumbre aún en el marcador (17-13) y metía a los sudafricanos en rango de victoria. Un ensayo les ponía por encima.

Pero Nueva Zelanda se puso en modo trabajador y comenzó a tensar los puntos de conquista, aceptó el reto físico de los sudafricanos y les sacó un par de golpes que permitió poner el (23-13) con Beauden ya reciclado a apertura y Ben Smith atrás. Los kiwis durmieron el partido, monopolizaron la posesión y llevaron al duelo donde quisieron para no sufrir.

El Mundial comienza con emociones fuertes. Australia sufrió durante más de una hora ante las salvajes percusiones de los fiyianos, que crearon el pánico entre los cuartos aussies y, especialmente, en el medio melé wallaby Nick White. Francia rentabilizó su buena primera parte, aunque a punto estuvo de hipotecar esa renta con su indolencia en la segunda. Y por encima de todo, Nueva Zelanda advirtió que si se pone en modo All Blacks no tiene rival hoy por hoy en el rugby mundial. Los cinco minutos en los que barrieron a los sudafricanos del campo no están a la altura de ninguno de sus rivales. Por eso son los favoritos, los vigentes bicampeones del mundo y, sin duda alguna, el mejor equipo del mundo. El único que alcanza la excelencia.

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