La selección, afectada en algunas fechas

El colapso del rugby español: un calendario caótico y un nuevo invento que no convence

Este sábado nuestro rugby celebra una nueva asamblea anual donde se aprobará el calendario y una nueva competición que divide a los clubes. La tensión crece entre estos y la federación

Foto: El Santias Alcobenas y el Barcelona, durante la final de la Copa del Rey. (EFE)
El Santias Alcobenas y el Barcelona, durante la final de la Copa del Rey. (EFE)

El rugby español celebra este sábado su asamblea anual, en la que el punto más caliente es la aprobación del calendario y el de la disputa de una competición Sub-23 que no ha gustado a los clubes. Las diferencias entre la postura de la Federación y la de los clubes, al menos los de División de Honor, son manifiestas. Sin embargo, el peso de los votos en la asamblea depende de muchos más estamentos del rugby que habitualmente están en sintonía con la Federación.

Desde Valladolid se ha informado de la hipótesis de que el campeón de Liga, el VRAC Quesos Entrepinares, no podrá jugar en Europa pese a su predisposición a ello. Se informa que el club no ha recibido respuesta de la Federación, la cual le pedía varios requisitos, entre ellos tener en cuanta el calendario europeo para no hacerlo coincidir con el nacional. Y se llega a afirmar que el VRAC incluso estaba dispuesto a hacer un esfuerzo económico. Su presidente, José María Valentín-Gamazo, confirma la existencia del escrito enviado a la FER, pero advierte: "Tenemos ganas, pero hemos puesto unos requisitos lógicos que creemos que son buenos para el rugby nacional".

Hace años que los clubes españoles campeones de Liga, que en las últimas ocho temporadas han sido los dos clubes de Valladolid, no participan en Europa. La explicación parece lógica, la falta de una estructura económica y deportiva para afrontar ese desafío. Incluso cuando la final se disputó en San Mamés hace dos temporadas.

Final de la Liga Heineken entre el VRAC Quesos Entrepinares y El Silverstorm. (EFE)
Final de la Liga Heineken entre el VRAC Quesos Entrepinares y El Silverstorm. (EFE)

Georgia y Rumanía, ejemplos

Pero el problema del calendario español tiene más que ver con una acumulación de partidos y competiciones que acaban colapsando un calendario que cuenta con 38 fines de semana hábiles (incluidos Navidad y Semana Santa). En España se juegan cuatro competiciones: Supercopa, Copa Ibérica (ante el campeón portugués), Liga y Copa. La División de Honor española cuenta con 12 clubes y con un formato de liga regular que abarca 22 jornadas, para después disputar un playoff por el título con cuartos de final, semifinales y final.

En la Copa se disputan dos partidos de grupo, que son los mismos de la liga en la primera vuelta, para después jugar unas semifinales y una final. La Supercopa se juega a un partido y la Copa Ibérica también con una final. Por tanto son 25 de Liga, más dos de Copa, una de Supercopa y otra de la Ibérica. Es decir, 29. A eso hay que unir los compromisos de la Selección que pasan por los cinco partidos del Seis Naciones B, más los compromisos en las ventanas de noviembre y en junio. Esta pasada temporada los Leones jugaron dos partidos en otoño (Namibia y Samoa) y tres más en la gira por Sudamérica (Brasil, Chile y Uruguay). Por tanto, otras 10 fechas. Lo que acaba haciendo coincidir algún partido de la selección con los de clubes porque a eso hay que sumar el obligado descanso de los jugadores en verano.

En países de nuestro entorno deportivo como Georgia, la exigencia del calendario es mucho menor. Rumanía tiene una Liga con ocho equipos y su Copa del Rey la hacen coincidir con los partidos de la selección para darle oportunidades a los jugadores más jóvenes. Y en Georgia hay diez equipos en su División de Honor, lo que les ahorra cuatro jornadas con respecto a la española. A lo que se suma mucho más poder económico de los clubes, el apoyo de la Federación en algunas ocasiones o reglas como la que existe en Italia para que sus clubes compartan jugadores con las franquicias del Pro 14 cuando sus partidos coinciden con los de la selección.

Jugadores de la Selección española de Rugby se abrazan tras veces a Uruguay. (EFE)
Jugadores de la Selección española de Rugby se abrazan tras veces a Uruguay. (EFE)

Un sistema a doble vuelta

Y a todo eso hay que sumar otro punto de fricción, el nacimiento de una nueva competición Sub-23 que muchos clubes miran con recelo. Esta competición Sub-23, propuesta por los propios clubes, aunque las condiciones exigidas por las federación no convencen a algunos, cuenta con las siguientes características: participan todos los equipos de División de Honor, sistema de liga a doble vuelta, replican el calendario de División de Honor y juegan los partidos antes de que se disputen estos, los jugadores deben ser nacidos antes de 2001 y debe haber en el campo al menos 8 jugadores nacidos en 1997 o posteriormente. Y la exigencia que más rechazo ha generado, que los equipos B de los clubes de la Liga que estén en División de Honor B renuncien a participar en esta competición para centrarse en la nueva.

La iniciativa no ha logrado el consenso de los clubes, que ven muchas lagunas en esta propuesta, empezando por renunciar a su plaza de División de Honor B. No es fácil lograr una plaza en la División de plata y ningún club está dispuesto a hacer el esfuerzo de ceder esa plaza. Además los clubes no creen que esta competición Sub-23 genere el escenario que sirva para desarrollar a los jugadores jóvenes y que esto haría más daño a las canteras porque tendrían que acabar tirando de jugadores de otras categorías y en muchos casos frenaría el salto de algunos al primer equipo para poder cumplir los requisitos de esta competición.

El calendario, por tanto, vuelve a ser el caballo de batalla del rugby español. La excusa para seguir tensando la cuerda entre clubes y Federación, con las dos partes mirando por su lógico interés y recelando de las propuestas de sus interlocutores. Veremos si en esta ocasión se llega a algún acuerdo, aunque no parece que vaya a cambiar el signo de un debate que no termina de generar un consenso en el rugby español.

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