la nueva competición del rugby

Adiós al rugby tal y como lo conocemos: así es el (inevitable) cambio que viene

World Rugby ultima una ambiciosa competición empujada por las fuertes inversiones de Infront y CVC Capital Partners para 'parecerse' más a otros deportes más mediaticos como el fútbol

Foto: Las selecciones del Seis Naciones y el Rugby Championship se enfrentarán en la primera división del Nations Championship. (Reuters)
Las selecciones del Seis Naciones y el Rugby Championship se enfrentarán en la primera división del Nations Championship. (Reuters)

El rugby vive días trascendentales para su futuro. El deporte oval acomete la tercera decisión más importante de su historia. Veinticuatro años después de la profesionalización, y en puertas de la disputa de la novena edición del Mundial, que arrancó en 1987, ahora le toca implementar un proyecto histórico que cambiará el calendario y la dimensión mediática del rugby en el mundo.

World Rugby ha puesto sobre la mesa una ambiciosa competición anual que implicará a las 32 principales selecciones del planeta. El Campeonato de Naciones ('Nations Championship') consta de tres divisiones. Las dos primeras estarán compuestas por doce equipos agrupados en dos conferencias, una europea y otra del resto del mundo. La primera división tendrá una conferencia europea (el 6 Naciones, con Inglaterra, Escocia, Gales, Irlanda, Francia e Italia) y otra del resto del mundo (el Rugby Championship, con Nueva Zelanda, Sudáfrica, Australia y Argentina, más Fiyi y Japón). Cada país disputará al menos once partidos al año y los dos primeros clasificados de las conferencias de la primera división se clasificarán para jugar una 'final four' del que saldrá el campeón. La disputa de este torneo no pondría en peligro las competiciones históricas del calendario como el Seis Naciones, la gira de los British and Irish Lions o el Rugby Championship. De hecho, los resultados de esas competiciones serán valederos para este Nations Championship.

En la primera jugarán el 6 Naciones (Inglaterra, Escocia, Gales, Irlanda, Francia e Italia) y el Rugby Championship (Nueva Zelanda, Sudáfrica, Australia y Argentina) más Fiyi y Japón

Pero más allá de lo deportivo, el meollo de la cuestión radica en la inversión económica que se realizará en la competición para involucrar a los participantes. World Rugby ha cerrado un acuerdo con la empresa Infront por 5.000 millones de libras (5.800 millones de euros) durante un periodo de doce años. Infront Sports es la división de deportes del gigante multinacional chino Wanda Group y su CEO es Philipe Blatter, sobrino del que fuera presidente de la FIFA durante 17 años salpicados por la corrupción. Infront se encargará de gestionar la venta y distribución de los derechos de televisión y comercialización, patrocinio y eventos, pero no tendrá capacidad de decisión deportiva, de lo que se ocupará World Rugby.

En el rugby mundial hay dos facciones históricamente enfrentadas: la conservadora, que aboga por mantener el 'statu quo' y las posiciones de privilegio de las 'Home Unions' (las selecciones más grandes lideradas históricamente por los países británicos), y la corriente renovadora, que apuesta por incorporar a los países del segundo escalafón, el llamado Tier 2, a ese club exclusivo de los países grandes. Al mando de este segundo grupo aparece la figura del vicepresidente de World Rugby, el argentino Agustín Pichot.

Ascensos y descensos del 6 Naciones

La aprobación de esta competición incluiría un punto innegociable para justificar ante los países de segundo nivel su existencia: la existencia de un 'playoff' de ascensos y descensos en cada conferencia cada dos años. Pudiendo producirse, por ejemplo, un 'playoff' entre Italia, como peor del 6 Naciones (conferencia europea de la primera división) y Georgia, como mejor del 6 Naciones B (conferencia europea de la segunda división). En un primer momento se filtró la posibilidad de que los ascensos y descensos fueran directos, algo imposible por la negativa de los países del 6 Naciones. Jugar un 'playoff' les permite, por muy malo que sea el año, saltar con red y jugarse el descenso en un cara a cara con un país de menor nivel. Y a todo esto hay que recordar que el 6 Naciones es un torneo privado que no depende de World Rugby en el que participan países invitados por Six Nations Limited.

World Rugby ha cerrado un acuerdo con la empresa Infront por 5.000 millones de libras (5.800 millones de euros) durante un periodo de doce años. (Reuters)
World Rugby ha cerrado un acuerdo con la empresa Infront por 5.000 millones de libras (5.800 millones de euros) durante un periodo de doce años. (Reuters)

Escocia, Irlanda e Italia (que es la que más tiene que perder como farolillo rojo recurrente del 6 Naciones) habían mostrado sus reticencias a abrir el tradicional torneo europeo, pero se ha producido otro movimiento sorprendente en el mercado. En este caso lo ha realizado el fondo CVC Capital Partners, que ha puesto sobre la mesa 500 millones de libras (582 millones de euros) para adquirir el 30% del Seis Naciones. Una inyección económica que ayudaría a abrir el torneo para que conviva con naturalidad con el Nations Championship. El fondo de inversión formalizó la oferta días antes de que las federaciones se reuniesen con World Rugby para conocer el proyecto, algo que no parece casual. CVC Capital Partners, exdueño de la Fórmula 1, se hizo a finales de 2018 con el 27 % de la liga inglesa, la Premiership Rugby, por 200 millones de libras (233 millones de euros), aunque su primera intención fue adquirir el 51 % de las acciones, algo que los clubes rechazaron.

El presidente de World Rugby, Sir Bill Beaumont, leyenda del conservador rugby inglés, no ha escondido que el punto de fricción es el plan de ascensos y descensos: "Se trata de un proyecto ambicioso, complejo y de múltiples partes interesadas, en el que no todos están totalmente de acuerdo en el camino a seguir, incluido el tema de la promoción y el descenso".

En el inicio de los años 80 hubo varias propuestas para organizar un mundial de rugby, pero todas fueron rechazadas por la International Rugby Football Board. La primera tentativa fue de West Nally, empresa que pertenecía a los británicos Peter West y Patrick Nally. Luego se rechazó la iniciativa de la IMG estadounidense de Mark McCormack. En 1983 lo intentó Gideon Lloyd, de Lloyd International, y poco después se echó abajo una propuesta de un londinense relacionado con el mundo de la promoción y las relaciones públicas, Neil Durden-Smith. En el hemisferio sur, el presidente de la Australian Rugby Union, Bill McLaughlin, y el de la neozelandesa, Ces Blazey, también habían rechazado propuestas al respecto. Había miedo a que la llegada de patrocinadores y espónsores rompiese las barreras de un amateurismo que aguantaba a duras penas ante el empuje de la televisión y el poder financiero de las empresas que se interesaban por el rugby.

Las selecciones de la segunda y tercera división podrían ascender. (Foto: Walter Degirolmo/FER)
Las selecciones de la segunda y tercera división podrían ascender. (Foto: Walter Degirolmo/FER)

Sin embargo, el rugby es profesional desde 1995 y esta competición es un paso natural hacia la superprofesionalización de un deporte que no deja de crecer. La final del mundial se ha convertido en uno de los tres acontecimientos más vistos junto a la final del Mundial de fútbol y la Super Bowl. Y este Nations Championship se convertirá, presuntamente, en un Mundial anual que terminará de convertir al rugby en un deporte de masas allí donde no lo es. Fuera de las fronteras de los países de la Commonwealth. Asia, la Europa continental y Sudamérica, el mercado está por explotar. Nada puede frenar este crecimiento y el problema de los 'playoffs' de ascensos y descensos, que terminará siendo un detalle menor, solo es la coartada perfecta para que las 'Home Unions' miren con menos recelo el acuerdo y Pichot pueda sentarse en la mesa de los países emergentes para ofrecerles algo que llevarse a la boca.

Los puristas del rugby, quienes ya observaron con recelo la aparición del Mundial y la posterior profesionalización que subyugaba al deporte oval a la dictadura del dinero, ven la aparición del Nations Championship como otro síntoma de la futbolización de su deporte. De la gente del rugby depende que su espíritu y sus valores se mantengan ajenos a los intereses financieros de dirigentes y lejos de la megalomanía de las estrellas del fútbol. Pero no se pueden poner puertas al campo.

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